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Jóvenes al día

Sobrevolar el Estrecho en busca del calor africano

El Estrecho de Gibraltar, un enclave estratégico en muchos sentidos, es el lugar perfecto para observar a las aves y para llegar a comprender sus comportamientos migratorios.

el 30 may 2014 / 12:30 h.

Haz un pequeño esfuerzo mental durante algunos segundos. Imagina un lugar en el que confluyan las aguas del Mar Mediterráneo y las del Océano Atlántico, un espacio en que Europa y África casi de den la mano pero en el que no lleguen a tocarse, un enclave cuyo cielo se llene cada día de miles de aves que vuelan en busca de la zona que mejor les venga para pasar las distintas épocas del año. Aunque parezca mentira, ese lugar existe. Se trata del Estrecho de Gibraltar, uno de los sitios con una concentración de aves migratorias más importantes del mundo. Y es precisamente su ubicación lo que lo convierte en una zona estratégica para el estudio de las aves y de sus tendencias migratorias, cambiantes a lo largo de estos últimos años. Su singularidad geográfica reside en que, al confluir en un mismo punto dos mares y dos continentes, se forma un cuello de botella natural, tanto marítimo como terrestre. En la imagen superior se muestra a un buitre leonado en pleno vuelo. En la imagen superior se muestra a un buitre leonado en pleno vuelo. A todo ello se suma que son sólo 14 kilómetros los que separan a la costa marroquí de la española. Es la menor distancia que existe entre la Europa continental y África y millones de aves aprovechan esta situación cada año para afrontar su complicada travesía migratoria y sobrevolar el mar. En total, son casi medio millón de aves planeadoras (cigüeñas, águilas, halcones...) y de 30 a 50 millones de pequeñas aves las que cruzan el Estrecho durante el periodo estival y el otoño, iniciando así una ruta con destino a África. No es de extrañar que una zona tan estratégica sea la elegida para ubicar observatorios y realizar todo tipo de estudios relacionados con las aves. Es el caso de la Fundación Migres que cuenta con algunos de sus principales observatorios en esta zona. Hay dos desde los que se consigue controlar tanto el lado oriental como el occidental del Estrecho (uno en Cazalla de la Sierra, Sevilla, y otro en Algarrobo, a cuatro kilómetros de Algeciras) y otros dos en Tarifa: el de Facinas, desde el que se realiza el conteo de las cigüeñas, y el de la Isla de las Palomas, en el que se estudia el comportamiento de las aves marinas. El Programa Migres, dedicado al seguimiento de las migraciones de las aves, lleva desarrollándose desde 1997. Aunque la que inició el proyecto fue la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), a partir de 2003 la Fundación Migres es la que se encarga de su coordinación y la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía, de su financiación. Entre los proyectos que Migres lleva a cabo, figura uno dedicado a la formación que consiste en cursos de 15 días impartidos, entre los meses de julio y noviembre, en las inmediaciones del Estrecho, un lugar que ya de por sí cuenta con una larga tradición ornitológica. En este tipo de cursos, en los que el objetivo es ampliar el conocimiento acerca de las aves y de su entorno y en que la participación es un aspecto primordial, los jóvenes también tienen cabida y gozan de un protagonismo notable. Según afirma Alejandro Onrubia, coordinador del Programa Migres, «hay muchos jóvenes entre quienes acuden a nuestros cursillos del Programa de Formación. Asisten numerosos estudiantes de biología, de veterinaria, de ingeniería, de ciencias medioambientales... siempre gente vinculada a este tipo de disciplinas, que son las que más tienen que ver con lo que hacemos aquí. Aunque eso no quita para que también vengan personas a las que simplemente les gusta la naturaleza y profesionales de todo tipo». De este modo, el programa admite todo tipo de perfiles, incluso el de personas procedentes de otros países e interesadas en el mundo de la ornitología: «Ahora las solicitudes son aún más abiertas, ya que nos llega la de gente que viene de otros países como Reino Unido, Malta, Francia...», dice Onrubia. Durante los 15 días que dura el curso, los asistentes siguen un cuadrante que sirve para poner en orden sus actividades, entre las que figuran, además de charlas y conferencias sobre las aves y las corrientes migratorias que protagonizan, aprender a identificar aves; jornadas de anillamieto y marcaje de aves que consisten en colocarle al animal una anilla u otro instrumento identificativo para facilitar así su seguimiento y conocer datos como su biografía, su dinámica poblacional o su tendencia migratoria; censos para calcular la abundancia de aves que existe en los diferentes hábitats; análisis, con la ayuda de programas informáticos especializados, de los datos obtenidos a lo largo de la jornada de observación... Aunque la actividad protagonista, la que más tiempo ocupa, es el conteo de aves, a veces desde la tierra, otras, desde un observatorio costero. El conteo se realiza normalmente desde las 9 horas hasta las 18 horas, aunque el periodo de más expectación y también de más trabajo llega a las 12 del mediodía y acaba a las 15 horas, unas horas del día en las que se han llegado a alcanzar récords de 20.000 y 30.000 aves avistadas. «Es un auténtico espectáculo», afirma el coordinador del Programa Migres, quien también asegura que este verano, a partir de agosto, se pondrá en marcha un programa de voluntariado que pretende recuperar las actividades voluntaias que se hacían cada verano hasta 2012 y en el que los asistentes tendrían garantizado el alojamiento y las actividades pero deberían encargarse de su manutención. Programas y proyectos como estos son ahora más necesarios que nunca para analizar la relación entre las actuales tendencias migratorias de las aves y los cambios ambientales que se están experimentando y para inculcar en la ciudadanía la idea por el respeto a los animales, a la naturaleza, en definitiva, al medio ambiente.

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