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Cultura

Suave es la noche

La del pasado viernes no sólo fue una noche suave en un incomparable marco, sino que siguiendo los matices del original inglés tender fue amable, cariñosa y distendida

el 19 jul 2014 / 19:34 h.

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Juan José Roldán Mª ANTONIA RODRÍGUEZ Y DANIELA IOLKICHEVA **** XV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Mª Antonia Rodríguez, flauta. Daniela Iolkicheva, arpa. Programa: Del Barroco al Impresionismo (obras de Bach, Naderman, Tulou, Fauré, Debussy y Saint-Säens).  Viernes 18 de julio de 2014 Parafraseando a Scott Fitzgerald, la del pasado viernes no sólo fue una noche suave en un incomparable marco, sino que siguiendo los matices del original inglés tender fue amable, cariñosa y distendida, como muy bien manifestaron las dos artífices de un concierto exquisito e incomparable en el que la mecida de la frondosa vegetación por la fresca brisa nocturna logró mezclarse con el trabajo entregado y emotivo de estas estupendas intérpretes. Sinfónica de Sevilla y de RTVE unieron fuerzas a través de dos de sus dos representantes más insignes, la arpista Daniela Iolkicheva y la flautista Mª Antonia Rodríguez, amigas y colaboradoras desde hace ya un buen puñado de años. Salvo la Sonata en Do mayor BWV 1033 del barroco Bach, el resto del programa giró en torno a compositores franceses del clasicismo y fundamentalmente el impresionismo, sobre todo a través de transcripciones, dada la dificultad de encontrar repertorio centrado en la combinación flauta y arpa. Original para tal madera y clave, la sonata bachiana deambuló entre la gracilidad y el rigor que caracterizan la obra del compositor alemán, ofreciendo a Rodríguez todas las posibilidades de lucimiento, con un fraseo nítido y un convincente control del fiato, especialmente en el allegro y los minuetos. Puede que el Nocturno, Tyrolienne y Rondoletto del arpista François-Joseph Naderman y el flautista Jean-Louis Tulou, amigos y compañeros en el Conservatorio de París, resulte una pieza insustancial, pero no se le puede negar una estructura férrea y una gramática hábil sobre todo para exhibir agilidades, como así hicieron las invitadas. Ese mismo conservatorio aprovechó la Fantasía Op.79 que Fauré dedicó al flautista Paul Taffanel para ofrecerlo como obra de examen a finales del XIX. Sobre su dificultad hizo hincapié Rodríguez, para acto seguido ofrecer una versión lúcida y acrobática de la pieza, siempre con el refinado acompañamiento de Iolkicheva. De Debussy se escogió su popular Arabesco nº 1, que resiste estupendamente la transcripción del piano original a flauta, siendo ésta tan apropiada para sus sensuales y evocadoras florituras. Una impecable Fantasía para violín (otra transcripción) y arpa Op.124 de Saint-Saëns, de clara influencia debussysta, y el archiconocido Interludio de Carmen de Bizet completaron un concierto generoso en magia y seducción.

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