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Cultura

Suena la trompeta verde

El Corral de Artesanos acoge una variopinta asociación cultural pletórica de actividades.

el 13 ago 2014 / 11:30 h.

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José Moreno y Leo García posan con un espontáneo invitado en la instantánea en La trompeta verde. / José Luis Montero José Moreno y Leo García posan con un espontáneo invitado en la instantánea en La trompeta verde. / José Luis Montero Es fácil pasar por alto el número 48 de la calle Castellar; también lo es no reparar en el pequeño azulejo que anuncia La trompeta verde. El edificio tiene sabor; el de unas paredes encaladas hace mucho tiempo y unos contadores de luz con perfiles prehistóricos. Una generosa escalinata pondrá al curioso ante la mismísima Trompeta verde. ¿De qué va esto? «Va de la aventura de abrir a Sevilla un espacio cultural en el que realizar muchas cosas y en el que todo aquel que quiera puede venir a proponer su propia hazaña», dirá Leo García, uno de los dos garantes de este espacio cultural;el otro, José Moreno, se ocupa en ese justo momento de acariciar al gato trompetero que pone el punto hogareño a este recinto inédito. En el futuro lejano nadie podrá aspirar a escribir una historia cultural de Sevilla sin peripecias como la de La trompeta verde, por modestas que estas puedan resultar:«Empezamos en 2011 buscando montar un estudio de música;y acabamos organizando actividades, comunicando espacios, llenando todo esto de vida, sumando, en definitiva», apostillan a la limón. Una acogedora cantina –en la que se realizan mini-conciertos y se puede leer todo lo leíble– sirve de recepción para un club en el que sus socios abonan 12 euros al año. «Es algo testimonial, pero vamos tirando, y a partir de ahí se puede proponer lo que gusten», dirá José Moreno. Por eso en este espacio, vecino de los populares corralones de artesanos de Castellar, hay quien da clases de yoga, están los que optan por montar cineforums, quienes prefieren sumergir a los profanos en la jardinería vertical o los que orquestan un taller de haikus. «Muchas de las actividades son gratuitas, a otras les ponemos un pequeño precio para que podamos ir gestionándonos», explican. Poco a poco, La trompeta verde ha ido extendiendo sus tentáculos y así es como también han aterrizado en los talleres de la Plaza del Pelícano. Allí mantienen varias salas de ensayos donde se cuece la flor y nata del nuevo pop-rock hispalense. Grupos como Fiebre, The Picoletones o S Curro canturrean por allá. También lo hacen Jam Brothers, donde Leo y Jose, trompeteros de pro, cultivan algo parecido al rock psicodélico pero que «se adapta a lo que le guste al público que nos escucha». Ese y no otro es el mayor tino de un lugar como este, el «amoldarse». «Un lugar como el nuestro en Barcelona es hasta común, aquí no es tan fácil, en Sevilla asustan un poquito las cosas diferentes», aseguran convencidos de que su retoño es inclasificable un rato largo. Ni teatro, ni sala de conciertos ni academia. Otra cosa. «Esto es una inversión constante, lo comido por lo servido, pero vamos moviendo las fichas y sacamos el cuello del agua; aspiramos a que la Trompeta crezca, a arremolinar por acá muchos talentos, a mucha buena gente con ganas de hacer cosas y compartirlas», dicen casi como un mantra.Cuanto más lo repitan más calará. Para levantar aún más la cabeza han puesto en marcha una radio en internet, su última criatura, una emisora comunitaria homónima que suena non stop. Con la autogestión por obligada bandera, aquí no gusta la palabra underground. Con un gesto amable también rechazan la etiqueta de hippies. «No queremos que se nos vea como un grupito de gente que hace cositas para otro grupito de gente, queremos aportar algo a Sevilla y servir a su gente», concluyen. Mano abierta por igual para los que, estando de paso, hacen ‘toc toc’: «Tenemos una artista francesa en residencia, llamó a la puerta, no tenía dinero, y le hemos dejado que ensaye gratis; ya cobrará un par de euritos cuando dé su espectáculo y así todos ganamos, ¿no?»

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