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Cofradías

Tiempo de Cuaresma: la espera más dulce

Cada sevillano espera un instante, un momento, una jornada que resume su propio periodo cuaresmal.

el 02 mar 2015 / 14:56 h.

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Son muchos los sevillanos que aguardan con ilusión ver a la Virgen de la Amargura en su paso. / Antonio Acedo Son muchos los sevillanos que aguardan con ilusión ver a la Virgen de la Amargura en su paso. / Antonio Acedo Restan veintisiete días para que la salida del sol anuncie la llegada de un nuevo Domingo de Ramos. Faltan algo menos de tres decenas de amaneceres para que Sevilla amanezca vestida de estreno, dispuesta a recibir a esa semana señalada en rojo en los almanaques sevillanos. Sólo veintisiete días. Mientras tanto, la ciudad se envuelve en un ambiente de espera continua. Y es que, en la vieja Híspalis la Cuaresma se vive así, esperando. Cada cual lo hace a su manera. Unos la prefieren sentir pausadamente, a otros le gusta palpar la velocidad con la que las vísperas se perciben en las Iglesias y Capillas, en las casas de hermandad, en los barrios y en las calles. Si por algo se caracteriza la Cuaresma en esta ciudad es por sus rituales. Existen y se repiten año tras año, de forma cíclica, aunque nunca parecen ser iguales, «porque nunca lo vives del mismo modo que el año anterior». Son palabras de Noelia Fernández. Para ella, el día en el que su Virgen de la Amargura es subida a su paso es la jornada más esperada de este periodo cuaresmal. «Entonces es cuando siento que la cuenta ha llegado a su fin. Ella lo es todo y cuando preside San Juan de la Palma desde su palio... Eso es punto y aparte», confiesa. Es el anhelo de Noelia, pero Sevilla está llena de esos sentimientos con los que los cofrades esperan reencontrarse. Son momentos, jornadas, instantes que inspiran y se aguardan con la inquietud de saber que a partir de que sucedan, todo empezará a consumarse. «Hay que saber disfrutar de este tiempo. Después, todo pasa muy rápido», dice Gaspar García, para quien la Cuaresma se resume en una tarde, «la que voy hasta San Nicolás a recoger mi papeleta de sitio para salir con mi hermandad de La Candelaria. Entonces, la mente vuela hasta el infinito y me transporto a uno de los días más bonitos del año: el Martes Santo». A Gaspar también le ilusiona la venida del Domingo de Pasión, o el Domingo de Pregón, como lo prefiere llamar Inma Mulero. «Esa mañana se anuncia lo que nos queda por vivir. Cada uno lo hace a su manera, pero siempre está cargado de sentimiento». Es lo mismo que piensa Estefanía Coello. «Ese día lo engloba todo, alcanzas la gloria con los dedos al saber lo que acontecerá solo una semana después. Es el pregón, los besamanos, el ambiente que se respira en cada rincón de la ciudad... Es todo». «Durante esos días de Pasión ya empiezas a sentir el momento. Paseas por el centro de la ciudad y todo es diferente. La gente va y viene, sientes y saboreas ese previo que para mí es lo más emocionante», asegura Carlos Torres. Y es que, pese a que cada uno aguarda con ansias un momento particular, todos coinciden en que el Domingo de Pasión es, sin lugar a dudas, uno de los días más esperados de este tiempo de Cuaresma. El besapiés del Cristo de las Tres Caídas –en Triana–, para Javier Saavedra; la salida de los primeros ramitos de azahar para Carmen Perza; los nazarenos de las vísperas para Juan González y el día que se coloca la rampa del Salvador para Manuel Soriano, que dice que «eso es más que un símbolo». Todos sienten nervios y emoción que se palpa cuando pronuncian ese preciso instante que aguardan con ansias. Es la misma impaciencia que Beatriz Cáceres experimenta cuando piensa en el Viernes de Dolores porque «es el día más significativo de nuestra Cuaresma y la jornada durante la cual un barrio entero –Pino Montano– se vuelca con su hermandad. En nuestra ciudad no hay siete días de Semana Santa, hay más. Sevilla debería tener en cuenta un poco más a esas hermandades que no son menos que el resto», reivindica. Cuaresma. Una sola palabra que para los sevillanos cofrades implica todas esas sensaciones que acumula cualquier ser humano cuando quiere ver el tiempo pasar, aunque a la vez desea pararlo para observar su tránsito de forma pausada. Sevilla no se pone de acuerdo. Cada cual espera ansioso su momento particular, aunque todos coinciden en algo. La Cuaresma es la espera más dulce que Sevilla puede albergar. Y así es, cuarenta días de emociones, sabores, ensoñaciones e instantes que al cabo de un año se repetirán.

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