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Economía

"Toca vigilar la calidad del aire de los edificios inteligentes"

Manuel Sánchez Vizcaíno, socio fundador de Lanutec, supo resistir el cierre de importantes clientes y una guerra de precios. Tras ampliar plantilla, este año abrirá delegaciones y duplicará su sede en Sevilla. Afirma que con la crisis la calidad se arrinconó, pero ahora vuelve a tener su sitio.

el 08 feb 2015 / 13:00 h.

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Manuel Sánchez Vizcaíno y Consuelo Azcárate, socios fundadores. / José Luis Montero Manuel Sánchez Vizcaíno y Consuelo Azcárate, socios fundadores. / José Luis Montero —Lanutec nació en 1992, ¿por qué razón? —La idea surgió porque el control de calidad en alimentación, agua y medio ambiente era mínimo y empezaba a surgir normativa. Había un vacío muy grande en el sector privado. —¿Cuántos trabajadores y sedes tienen? —Actualmente, diez trabajadores y esta sede de Sevilla y otra en Málaga. —¿Tienen plan de expansión a la vista? —Sí, el pasado año lo cerramos contratando a personal de laboratorio, titulados superiores, y para 2015 tenemos pensado abrir delegación en Granada y Jaén. —Entonces, ¿están notando ya la recuperación? —El negocio va bien tras pasar unos años complicados porque cuando hay una crisis la calidad es una de las cosas que primero se rebaja. Fueron años duros en los que grandes clientes, industrias como Panrico o Cargill, cerraron. Y hubo mucha guerra de precios por culpa de laboratorios que vinieron de fuera de Andalucía, pero hemos aguantado y desde el verano de 2014 se ha notado que muchas empresas han empezado a hacer inversiones. Además, muchos de esos laboratorios que llegaron de fuera de la región al final han terminado cerrando aquí. Y hubo un punto de inflexión importante: la Administración, que había dejado manga ancha, desde agosto se puso las pilas para empezar a exigir controles. —¿Cuánto bajó la facturación durante la crisis? —Entre un 50 y 60 por ciento. —¿Cómo superaron este gran bache? —Se recortaron gastos, se potenció la vertiente comercial y se apostó por personal muy cualificado para dar una respuesta rápida a las analíticas. —¿Cómo ve 2015? —Ampliamos la plantilla al final de 2014 y esperamos una recuperación importante en 2015. Estamos pendientes de varios proyectos, como los de minería en Huelva y Sevilla. Intentaremos trabajar en ese campo y tenemos un estudio para duplicar las instalaciones en Sevilla y para la compra de tecnología, que para nosotros es fundamental, por eso lo hacemos constantemente. Con recuperar ese 50 o 60 por ciento perdido en los últimos años y estabilizarnos, nos conformamos. Creemos que 2015 será el año de nuestra recuperación. —¿Cuántos controles pueden hacer en un año? —En 2014 tuvimos unas 3.500 entradas y en cada una puede haber hasta 30 muestras. —¿Qué es lo más raro que ha analizado? —Raro, no, pero a veces vienen con un producto de la competencia porque quieren saber su composición, algo que es imposible. A veces también nos traen productos en los que se han encontrado restos de plásticos, por ejemplo, bollería o pizza. —¿En qué campos trabajan? —En tres áreas: agua, medio ambiente y agroalimentario. Dentro de ellos hacemos análisis físico-químicos y microbiológicos, que es nuestra especialidad. Tenemos implantada la norma ISO 9000 y la 17025 que es la norma de los laboratorios de ensayo. —¿Cuál es el sector que le proporciona más trabajo? —El tema del agua por la legionela, sobre todo, y también los alimentos. En el agua hay una legislación más clara y los análisis se requieren más. Un 50 por ciento de nuestro trabajo se centra en el agua. Ahora bien, está entrando mucho trabajo sobre alimento por la nueva reglamentación del etiquetado, por los alérgenos y valores nutricionales. —¿Qué queda por regular? —Hay un campo fundamental que se está esperando desde principios del pasado año y que no surgió aún: la exigencia de ensayos para la legionela bajo la norma 17025. Un ensayo acreditado por el riesgo potencial que tiene la presencia de la legionela en el agua. No está regulado. En alimentación, en 2005 se derogaron la mayoría de las normas microbiológicas de alimentos adaptándose a normas europeas, se quedaron los alimentos con un control básico nada más y se regularon las carnes, pero las comidas preparadas, por ejemplo, se quedaron sin regulación microbiológica. Y ahora se está empezando a hacer control ambiental en centros de trabajo. Hay muchos edificios inteligentes en los que se tiene que controlar la calidad del aire. Ya hay normativa europea que exige controles en guarderías o colegios. —¿Está controlado y analizado todo lo que se come? —El nivel de control de calidad lo pone la empresa. Las grandes lo tienen muy asumido y superan los topes marcados por la ley. En compañías más pequeñas se ve cómo en algunos casos se cubre sólo el expediente o incluso ni eso. La legislación no es lo suficientemente clara y exigente. —¿Cuáles son sus principales clientes? —Es muy diverso. Trabajamos con fábricas de multinacionales importantes, con plantas depuradoras y con mucha industria de alimentación. Somos un laboratorio independiente, por eso trabajamos mucho con las empresas que hacen el mantenimiento de aguas sanitarias y torres de compañías grandes como El Corte Inglés, Carrefour, Mercadona y hoteles. Perfil. Espíritu emprendedor y vocación comercial Manuel Sánchez Vizcaíno (Sevilla, 1963) ha dedicado gran parte de su vida al mundo de los laboratorios. Supo ver un nicho de negocio y, junto con Consuelo Azcárate, lo aprovechó. Asegura que cuando fundaron Lanutec se encontraban «barbaridades en contaminación» porque la calidad se relacionaba «con lo artesano». Incluso dice tener estudios estadísticos de varias empresas –clientes de toda la vida– cuyos datos indican que desde 1992 han mejorado «muchísimo la calidad». Según este hombre con vocación comercial y muy emprendedor, hay ya más conciencia general y conocimiento de ese control integral que se pide a las firmas desde que entra la materia prima hasta que sale el producto elaborado.

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