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Toros

Tres formas de inspiración

Manzanares ganó a los puntos y recuperó confianza interior con un excepcional y bravo sobrero. Morante cerró con éxito su semana de los prodigios con un toro blando y noble y hasta Padilla logró sacar alma de artista toreando por naturales.

el 24 ago 2014 / 23:00 h.

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toros-sanlucarPlaza de Sanlúcar de Barrameda Ganado: Se lidiaron toros de Zalduendo, de justa presentación. Se defendió el primero. Resultó inválido el segundo. El tercero fue un sobrero bravo y codicioso que mereció la vuelta al ruedo póstuma. El cuarto tuvo clase y calidad en la muleta. El quinto fue tan blando como noble y el sexto sirvió en la muleta. Matadores: Juan José Padilla, de fucsia y azabache, oreja y dos orejas. Morante de la Puebla, de estaño y cordoncillo blanco, silencio y dos orejas. José María Manzanares, de plomo y oro, dos orejas y dos orejas. Incidencias: La plaza casi se llenó en tarde de mucho calor. Los tres matadores salieron a hombros por la puerta grande. padilla-sanlucarLa corrida comenzó con cierto retraso. El llenazo, más o menos inesperado, confirmó que hay ganas de ver toros y, sobre todo, a algunos toreros. Acomodado por fin el personal en sus asientos después del minutito de gloria del jinete que pidió las llaves se dio suelta al primer zalduendo para que Padilla lo parase con voluntad antes de emplearse sucesivamente en un jaleado quite por chicuelinas y un trepidante segundo tercio en el que el toro apretó fuerte. El animal no mantuvo el mismo brío y tomó la muleta protestando hasta pararse por completo, frustrando los esfuerzos de su matador, al que no le faltaron las ganas de agradar que le sirvieron para cortar una oreja intrascendente que paseó envuelto en una estrafalaria bandera pirata. Recibió al cuarto con una larga en el tercio y lo banderilleo con dificultades antes de templarse en una faena animosa y bien trazada que llegó a revelar registros de artista en una sentida y cadenciosa serie al natural. Tampoco faltaron los efectos especiales y un fandango espontáneo al que siguió, sin solución de continuidad, un fulminante espadazo que puso en sus manos el doble trofeo que paseó con sus niños. Poca, muy poca fuerza tuvo el segundo. Morante le había dibujado una verónica de trazo escultórico pero no hubo mucho más. La lidia se resolvió con rapidez antes de que el diestro cigarrero tomará los trastos para construir una labor intermitente en la que tuvo que sortear demasiados frenazos del animal. Con ese panorama hizo bien en marcharse a por la espada aunque no faltaron los disconformes. Le quedaba el quinto, un toro blandito de todo al que toreo con mimo y guante de seda mientras la banda envolvía su labor con ese poema musical que se llama la Concha Flamenca. Morante midió perfectamente las fuerzas del astado, sembrando y pintando muletazos de belleza inimitable y natural mientras el crepúsculo entornaba las luces. La espada entró al segundo viaje cerrando una semana de toros que para Morante ha sido prodigiosa. El tercero resucitó los fantasmas del mano a mano del Puerto. Aquel día fueron tres los toros que se partieron un pitón a las primeras de cambio. Ayer fue el cuarto en quince días. El asunto ya no puede ser tomado como una casualidad. Pero el sustituto fue un ejemplar del mismo hierro que humilló en la brega con codicia hasta poner en apuros a Curro Javier, que lo bordó en su segundo par. La faena de Manzanares rompió a lo grande en dos excelsas series diestras. Era su mejor versión, la del toreo sinfónico y el empaque imperial que le sirvió para cuajar de cabo a rabo este bravo ejemplar que también se entregó a tope a la obra del alicantino. El torero cosió las series con larguísimos pases de pecho mientras crecía y crecía en una espiral que se enroscaba a la bravura de un animal que estaba destinado a devolver confianzas perdidas. La gente pedía el indulto y la faena entró en una segunda fase para intentar ablandar al presidente, que se mantuvo en sus trece. Bravo como un tejón, el astado vendió cara su muerte después de que Manzanares dejará un espadazo trasero en la suerte de recibir. Las dos orejas fueron para el alicantino. La vuelta al ruedo, para el toro. Tendría otra bola en el bombo para redondear la tarde, un sexto que se movió mucho y bien en banderillas al que pasó en una faena de viaje cambiado que brilló más y mejor en el terreno de cercanías y en el toreo circular. El Manzana estuvo agusto y aunque el acero no entró a la primera se llevó otras dos orejas.  

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