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Un acusado reconoce que mató a un amigo a martillazos en Palomares tras consumir drogas y alcohol

el 21 may 2012 / 17:22 h.

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Juan L.G., el hombre acusado de matar a martillazos a un amigo el día 26 de junio de 2010 en una casa en ruinas situada en Palomares del Río (Sevilla), ha reconocido en el juicio que cometió el crimen, a pesar de que en la fase de instrucción defendió en todo momento su inocencia, después de consumir drogas y alcohol "durante tres o cuatro días" junto a la víctima y una prostituta amiga de ambos.


La Audiencia Provincial ha acogido este lunes la primera jornada del juicio con jurado contra el acusado, para quien la Fiscalía, en un escrito de acusación consultado por Europa Press, pide 17 años de cárcel por el delito de asesinato y tres años y medio por las amenazas, así como el pago de una indemnización de 100.000 euros a favor de la madre de la víctima, mientras que la acusación particular pide la misma pena por el delito de amenazas y 20 años por el asesinato, así como 200.000 euros de indemnización para la madre y la hija menor del fallecido.

De su lado, el abogado del imputado ha pedido su absolución y ha solicitado que se aplique la eximente completa ya que su cliente sufre una adicción severa con consumo excesivo de drogas desde la adolescencia, lo cual "limita su capacidad de entender y de querer", añadiendo que los días previos estuvo consumiendo sustancias estupefacientes, lo que provocó que el día de los hechos estuviera sumido "en un estado de psicosis y locura, alterado, muy nervioso, agresivo e inquieto". Además, el día de la detención se le tuvo que administrar metadona, ha dicho.

Durante su declaración, el acusado se ha declarado culpable del asesinato aunque no de las amenazas contra Francisca M., la prostituta que acompañaba a ambos en el momento del crimen, y ha relatado que, con anterioridad al día de los hechos, estuvo consumiendo "durante tres o cuatro días" heroína, cocaína, alcohol y pastillas, mientras que a la casa en ruinas donde se produjo el crimen se llevaron entre 20 y 30 paquetes de droga.

En este punto, ha reconocido que, en un momento dado, cogió un martillo para hacerse un 'chozo' donde poder seguir consumiendo debido a la corriente que hacía en la casa, y "cuando me di cuenta, la víctima estaba ya en el suelo" tras golpearle con el martillo mientras el fallecido se encontraba "un poco" agachado "y sin posibilidad de defenderse.

NIEGA LAS AMENAZAS

El imputado, que ha indicado que lleva 25 años consumiendo drogas, ha negado, tal y como defiende la Fiscalía, que asesinara al fallecido porque sospechara que estaba manteniendo relaciones sexuales con la mujer que los acompañaba, ya que él sabía que ella "es prostituta", y ha negado que la amenazara con el martillo diciéndole "acuérdate que te puede pasar lo mismo a ti" ni que la golpeara, ya que las lesiones que presentaba "se las hizo antes, cuando se cayó de una bicicleta".

"Ella vio lo que ocurrió y se quedó allí, no trató de irse y no me reprochó nada", ha puesto de manifiesto el acusado, que ha señalado que, tras cometer el crimen, se deshizo del martillo tirándolo al río Guadalquivir, aunque ha acusado a la mujer de quitarle a la víctima los zapatos, la cartera y la droga que le quedaba, así como de ayudarle a llevar el cuerpo a otra dependencia de la casa.

Esta mujer, que es la única testigo directo de los hechos, no ha sido localizada y por ello no ha podido comparecer en el juicio, aunque el secretario ha dado lectura de su declaración en fase de instrucción, en la que dijo que el imputado "la amenazó de muerte para que no lo contara" y "le pegó dos o tres puñetazos".

TESTIGO "FUNDAMENTAL"

La fiscal ha destacado que se trata de un testigo "fundamental", aunque ha reconocido que no es el testigo "idílico" ya que vive en la calle y también es consumidora de drogas, por lo que incluso su declaración fue grabada en vídeo ante la previsión de que pudiera morir antes del juicio. En la jornada de este lunes han declarado también el joven que halló el cadáver y el agente de la Guardia Civil que dirigió la investigación.

Según relata el Ministerio Público en su escrito de acusación, los hechos tuvieron lugar sobre las 9,30 horas del 26 de junio de 2010, cuando el acusado, acompañado de ambos, se dirigió a una casa en ruinas conocida como 'Casa de la loca' ubicada en un camino rural de Palomares "con la intención de consumir droga".

Tras varias horas en aquel lugar, las víctimas decidieron ir solos al coches del procesado, que permanecía aparcado en la puerta de la casa, "lo que hizo creer a éste que entre ellos existía una relación sexual", por lo que, "molesto" por esta circunstancia, se hizo con un martillo que guardaba en el maletero y esperó dentro de la caseta a que regresaran sus acompañantes.

LOS HECHOS

Cuando éstos volvieron, "y aprovechando un momento" en que el fallecido se agachó para abrocharse los zapatos, el imputado, "que se encontraba a su espalda", sacó "de manera sorpresiva y súbita" el martillo que escondía detrás de su cuerpo y "con el ánimo de acabar con su vida" le propinó al fallecido, "incapaz de defenderse", múltiples golpes en la cabeza que le hicieron caer al suelo.

Una vez en el suelo, el procesado siguió golpeándole con el martillo, todo ello hasta que, en un momento dado "y con la intención de asegurar la consecución de su objetivo", le propinó un fuerte golpe en la cabeza con una piedra, a consecuencia de lo cual la víctima sufrió lesiones que le provocaron el fallecimiento "por lesión irreversible de centros nerviosos vitales".

Tras ello, según prosigue el fiscal, el acusado arrastró el cadáver a otra estancia de la casa, se dirigió a la mujer, que había salido corriendo de la caseta al observar lo que ocurría, "y con ánimo de amedrentarla y evitar que desvelase lo que acababa de presenciar", le propinó un puñetazo en la cara y se aproximó a ella elevando el martillo sobre su cabeza y diciéndole "ven, ven".

Antes de abandonar el lugar, el imputado se dirigió a ella diciéndole "acuérdate que te puede pasar lo mismo a ti", hechos que "causaron una gran desazón y temor" en la mujer, "que le impidieron actuar en modo alguno".

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