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Un barrio que busca despertar y recuperar su identidad

Los vecinos reivindican actuaciones en las calles, el mercado y el nuevo parque.

el 23 feb 2015 / 12:00 h.

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BARRIO DE SAN JERONIMOEl callejero de San Jerónimo está marcado por las conquistas vecinales. Muchos rincones del barrio han sido testigos de multitudinarias manifestaciones en las que los vecinos han gritado por un ambulatorio, un colegio o un transporte público de calidad. «Cuando en el año 1962 se hicieron las 1.640 viviendas del Patronato de Casas Baratas, pasamos a casi 6.000 habitantes. No había calles, ni acerado, ni alumbrado... solo pisos de 44 metros cuadrados de hormigón del bueno», recuerda Juan José Conde, memoria viva del barrio y actual presidente de la asociación vecinal Todos Somos Iguales. Junto a José David, Juan José pasea por la calle Mejillón, donde se concentra la mayor parte de actividad comercial. Es mediodía y el trasiego de bolsas es lo habitual. «También los tropiezos», insisten al señalar los desperfectos en el acerado y la necesidad de una actuación: «Las raíces de los árboles han levantado el entorno de los alcorques y en algunas calles, como Corvina, urge cambiar el firme». Rafael Lara viene de buscarse la vida:«Llevo desde la ocho de la mañana echando currículos y nada. A veces pienso que en la cárcel al menos te dan de comer», se lamenta mientras añade que suele acostarse «sin cenar». Es el drama diario de una crisis que ha cambiado el carácter de San Jerónimo:«No hay esa convivencia como antes. Está todo el mundo encerrado en su casa, con sus problemas». También la plaza de abastos tiene los suyos. Son de mantenimiento del edificio. La lluvia se cuela por su techumbre y los malos olores de la zona acotada y tapiada desde hace 15 años hacen más difícil el día a día de los pocos puestos que resisten: «Esto necesita un arreglo y nosotros solos no podemos», dice su responsable, Francisco José Mena. Al salir de allí, un grupo de niños alborota la tranquilidad de las primeras horas de la tarde. Son chavales entre 6 y 18 años que van a las instalaciones deportivas de San Jerónimo, en la carretera de La Rinconada. Manuel, del club de rugby, describe su camino: «Tenemos que cruzar un puente sin iluminación y acerado. Es un peligro». Para peligro, dicen, el barranco de 15 metros sin baranda que hay en el parque y da al río:«A un niño se le va la pelota...».

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