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Un curriculum a 40 metros de altura

Manuel Mendoza, el parado que se encaramó a lo alto de la Barqueta, se queja: "Ni así he conseguido un trabajo"

el 16 jun 2010 / 18:33 h.

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Manuel Mendoza, en su casa de Coria, acompañado por su mascota.

"¿No dicen que en este país para conseguir trabajo hay que hacer el pino? Pues yo me he subido a un puente y ni aún así lo he conseguido", explica Manuel Mendoza, el parado que el martes se encaramó al puente de la Barqueta pertrechado con una tienda de campaña, dos paquetes de galletas y una botella de agua, con idea de quedarse una semana. Tenía dos objetivos: denunciar que la crisis económica no sólo ha propiciado unas terribles cifras de paro sino también que "los que tienen trabajo están explotados", y de paso, buscar un empleo.

Después de haber sido militar de los cuerpos especiales tres años, y haber trabajado de camarero, montador de estructuras metálicas, en una fábrica de aluminio, en trabajo verticales y otras disciplinas igual de dispares, Manuel perdió su último empleo hace dos años y vive de la ayuda social de 426 euros del Gobierno. "Una limosna", se queja, porque lo que quiere es trabajar. Pero como mandar "muchísimos currículos" no le ha servido de nada, pensó que quizá, si saliera por la tele, algún empresario valoraría su pericia.

A las dos de la madrugada se encaramó al puente y trepó, asegurándose con un arnés por motivos de seguridad, por el arco de la Barqueta. Una vez arriba montó la tienda de campaña y aguardó seis horas, hasta las 7.30, para llamar a la comisaría de la Alameda. "El policía que habló conmigo no me dijo que me bajara, sólo me dijo que iba a enviar un patrullero", explicaba ayer, al confirmar que el juzgado no le imputó ningún cargo al dejarlo libre y archivar el caso, aunque la Policía lo había detenido y le había atribuido un delito de desobediencia grave a la autoridad. Eso sí, la jueza le hizo "prometer que no lo iba a repetir nunca más", dice Manuel.

El hombre asegura que llevaba un tiempo pensando en "hacer algo" llamativo para denunciar la situación. Quería decir públicamente que en este país hay "un grave problema de enchufismo que ha llenado las administraciones públicas de gente cercana a los cargos políticos, desviando el dinero público hacia lo privado"; quería que quedara claro que los trabajadores no están de acuerdo con la situación económica, aunque no se rechiste. Quería dejar claro que "en seis meses no van a empezar a caer del cielo los brotes verdes de Zapatero" y que por más que él lo ha intentado, nadie le ofrece un trabajo en condiciones dignas. Y decidió subirse a la Barqueta. Ni siquiera había avisado a su familia. Sólo llamó a su hermana cuando ya estaba sobre el puente, para que no se asustara al verlo en los medios de comunicación. Ella le dijo que estaba "como una cabra". Al final, dos psicólogos del cuerpo de Bomberos, subidos en una escala, charlaron con él durante dos horas hasta que accedió a bajar.

Ahora cuenta, resignado, que tampoco lo ha llamado nadie para ofrecerle empleo. "Y si no tengo trabajo, tendré que hacerlo otra vez", advierte. Aunque se lo haya prometido hasta a la mismísima jueza.

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