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Un exjefe de Parques y Jardines pide acabar con los "antojos" en materia de árboles

José Elías dice que las podas agresivas evidencian un fracaso en la elección de las especies.

el 06 sep 2014 / 12:00 h.

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Así se ven a veces los árboles de Sevilla tras el paso por ellos de la sierra de podar. / jardinesdelaoliva.wordpress.com Así se ven a veces los árboles de Sevilla tras el paso por ellos de la sierra de podar. / jardinesdelaoliva.wordpress.com «Las podas no son necesarias al arbolado cuando su fin es crear paisajes naturales, bosques, alamedas; ellos por sí solos desarrollan sus estructuras en los condicionantes climáticos donde se desarrollan». Lo dice José Elías, responsable que fue durante 49 años del servicio municipal de Parques y Jardines, quien ha querido dejar claro, mediante un escrito remitido a este periódico a consecuencia de la polvareda levantada con las talas de Almirante Lobo y las críticas a las intervenciones agresivas sobre el arbolado urbano, que las podas extremas evidencian un fracaso en la elección de la especie. «No más antojos ni más anarquía en el mantenimiento de las plantaciones urbanas», reclama el experto. «Ya va siendo hora de que las prácticas tradicionales sean contestadas con argumentos prácticos de arboricultura moderna», urge Elías; «no más mutilaciones de árboles, no más plantaciones inadecuadas, no más intentar obtener árboles pequeños de árboles de gran desarrollo; plantemos con espacios subterráneos y aéreos suficientes, con amplitud para el desarrollo final del árbol, utilizando la biodiversidad, defendamos el árbol dentro del mundo mineralizado que estamos construyendo, nuestras ciudades». El planteamiento del que parte el antiguo responsable de la jardinería municipal invita necesariamente a una reflexión no solo de las autoridades, sino también de los ciudadanos que luego les piden cuentas: no se pueden tratar los árboles de las ciudades como si fuesen del campo ni al revés. Podar se ha convertido en una costumbre, y todo el mundo ha visto los muñones de los plátanos de sombra de San Lorenzo elevarse al cielo tras el paso de las motosierras, pero, ¿es eso lo propio? Dice Elías: «Vemos cómo los arboles son podados en las plantaciones forestales con el fin de conseguir maderas aptas para su aprovechamiento. Igual sucede con los arboles frutales; anualmente son podados para conseguir mejores fructificaciones y un aprovechamiento comercial de sus frutos, pero este no es el caso de los arboles ornamentales, plantados en nuestros parques y jardines y en la calles y plazas de nuestra ciudad. Los efectos que pretendemos son distintos». Entre sus llamadas de atención, destaca la necesidad de no olvidar nunca que los árboles «prestan servicios infinitos», y que es precisamente este olvido lo que lleva a que, «en muchas ocasiones, los dañamos o sacrificamos innecesaria e inútilmente». Este miércoles, el delegado municipal de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, intervenía en la polémica del trato al arbolado de Sevilla comentando que ahora se están acometiendo en un solo mes más podas y actuaciones sobre el arbolado de las que hicieron el PSOE e IU en un año entero: 4.023 al mes frente a 6.237 de todo un año de la legislatura anterior. Esto se puede interpretar en clave de éxito –se está trabajando sobre los árboles y se reducen con ello los riesgos de todo tipo–, pero también, si fuese el caso, en esa clave de fracaso a la que aludía José Elías. «En la ciudad», escribe este, «las podas deben ser mínimas, de regulación y saneamiento de los árboles», y «deben eliminarse las podas drásticas» que se hacen para «dar vigor y una forma determinada, debilitando al vegetal, y haciéndolo más peligroso en caída de ramas y ataque de enfermedades». Además, «las situaciones que se dan a la hora de podar en la ciudad son complejas dado que hay que tener en cuenta el tráfico rodado, los aparcamientos, los peatones, servicios públicos, viviendas, etc. Siendo este el motivo por el que hay que extremar al máximo las precauciones a la hora de ejecutar los trabajos y adoptar medidas especiales para evitar molestias al ciudadano». Para esto hace falta regirse por dos normas: «Se podará el mínimo imprescindible, según la especie y las necesidades de cada situación», y «procurando no modificar el porte natural». Para la poda hay que tener en cuenta, dice, las posibilidades de desarrollo del árbol, la anchura y características de la calle, las luminarias, los semáforos, rótulos luminosos de comercios... «No más arboles mutilados, la ignorancia de su biología hace que veamos todavía arboles desmochados sin justificación alguna. Son seres vivos que en la ciudad nos aportan diariamente y silenciosamente toda clase de beneficios, sumideros de CO2, absorción de contaminantes, liberación de oxigeno y reducción de las altas temperaturas con su sombra».

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