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Un libro-catálogo acerca la obra de Martínez Montañés

A golpe de gubia conquistó la Sevilla del siglo XVII. El padre del Señor de Pasión, de la Cieguecita de la Catedral o del retablo de San Isidoro del Campo, entre otras obras, cuenta con una nueva publicación, Juan Martínez Montañés (Ediciones Tartessos).

el 15 sep 2009 / 20:58 h.

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A golpe de gubia conquistó la Sevilla del siglo XVII. El padre del Señor de Pasión, de la Cieguecita de la Catedral o del retablo de San Isidoro del Campo, entre otras obras, cuenta con una nueva publicación, Juan Martínez Montañés (Ediciones Tartessos), que incluye un catálogo de todas las imágenes, hasta las menos conocidas.

Si entra en cualquier abadía o templo de la ciudad, seguro que hay alguna imagen o relieve de sello montañesino. Ya sea documentada o simplemente atribuida, el legado del llamado Dios de la madera es extenso. Tanto que hasta hizo las Américas, atracando allende el Atlántico en Lima. Hasta tierras peruanas llegaron dos de sus crucificados (el del Auxilio y San Juan Bautista), ambos comparten trazos artísticos con los de la Clemencia de la Catedral y el de los Desamparo del Santo Ángel de Sevilla, este último restaurado por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH).

La historia de estas obras religiosas y otras, las menos, de corte civil, inspiran las páginas de los dos volúmenes de la publicación que rubrican Enrique Pareja, secretario general de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla; Jerónimo Passola Jaúregui, y Carlos María López Fe y Figueroa. La obra se enmarca dentro de la colección Grandes maestros andaluces, en la que ya se han editado dos volúmenes monotemáticos dedicados a Juan de Mesa y Pedro Roldán, respectivamente.

En el primer tomo de Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, 1568-Sevilla, 1649) se realiza un exhaustivo estudio a la vida del escultor de Alcalá la Real. "Es una biografía muy detallada que desgrana su perfil psicológico", explica Pareja, quien esboza que Montañés fue "un hombre de su tiempo, resultado de la época que le tocó vivir". Su vida "con cierto tinte azaroso" le llevó a trabajar para mucha gente, "principalmente para iglesias y conventos". Así, de corte civil sólo se conoce el busto que hizo para la cabeza de la escultura ecuestre de Felipe IV que hoy preside la plaza Oriente de Madrid.

El segundo tomo se reseva al catálogo de obras. Allí se puede conocer desde el retablo de San Isidoro del Campo, en Santiponce, hasta otras tallas menos estudiadas. Es el caso del retablo de San Juan Evangelista del convento de San Leandro, el altar mayor de Santa Clara -incluida la imaginería- el de San Juan de la Anunciación, el de San Lorenzo o el de la capilla de San Onofre. Tampoco faltan otras como el recién documentado San Cristóbal del Salvador, el crucificado de los Desamparados del Santo Ángel o el Santo Domingo penitente del desaparecido retablo de Portaceli.

Más allá de responder a los encargos de la Iglesia del siglo XVII, Martínez Montañés, que fue maestro de Juan de Mesa, innovó en la iconografía religiosa. Pareja subraya su novedoso modelo de Niño Jesús, cuyo máximo exponente es el de la Sacramental del Sagrario que procesiona en el Corpus: "Pelo rizado, mechón y cuerpo perfectamente moldeado. Así es el Niño montañesino del que aún hoy en día se siguen haciendo copias", sentencia Pareja.

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