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Un simple pedazo de metal

Es un pequeño rectángulo metálico que atesoro desde hace más de veinte años. Por un lado el verde oliva domina su superficie. El reverso, en cambio, poseído por un color argentado. Un pedazo de metal que a simple vista no indica nada. Me lo dieron en Moscú...

el 16 sep 2009 / 01:06 h.

Es un pequeño rectángulo metálico que atesoro desde hace más de veinte años. Por un lado el verde oliva domina su superficie. El reverso, en cambio, poseído por un color argentado. Un pedazo de metal que a simple vista no indica nada. Me lo dieron en Moscú, en la Casa de los Sindicatos, en una estancia próxima a la famosa sala de las columnas donde se expuso el cadáver de Lenin en 1924. Un solemne pacifista ruso me lo entregó con cierta ceremonia. Una pieza cortada de uno de los misiles de cabeza nuclear, que se desmontaron gracias a los acuerdos internacionales de desarme.

Hacía tiempo que no lo recordaba. El domingo pasado por la mañana, viendo por televisión en directo el discurso de Obama en Praga, se despertaron en mi memoria mil recuerdos de los 80 y el movimiento contra las armas nucleares. Lo busqué, recorrí de nuevo su superficie con la yema del dedo, reconocí la limpieza de su geometría y recordé aquellos tiempos en los que millones de personas se movilizaron contra la amenaza de un mundo inseguro, armado hasta los dientes de cabezas nucleares. Una época en la que las personas creían en la importancia política de las actitudes individuales. Tenían fe en la capacidad del ser humano en variar su destino. Condenaban la resignación que acepta todos los males como inevitables. Aún se sentían ciudadanos.

Europa asiste impávida, desde hace tiempo, a una nueva carrera de rearme, de despliegue de armas nucleares, de escudos antimisiles, de enemistad y temor con los pueblos que rodean sus fronteras. Pese a esa negligencia colectiva, Obama, ante miles de personas emocionadas, recordó la posibilidad de un mundo libre de armas atómicas. Afirmó que el arsenal atómico es "la herencia más peligrosa de la Guerra Fría". Un peligroso legado para las nuevas generaciones, cuyo "mundo puede ser borrado en un simple destello de luz". Ese miedo que hace años dominaba las conversaciones en las tertulias, en las oficinas, en los hogares. Como todo el mundo sabía, a pesar de la opinión de sesudos expertos y estrategas, la seguridad no se consigue acumulando armas cada vez más sofisticadas y letales.

Obama dijo que el sueño de un mundo sin armas atómicas "no se cumplirá pronto, quizás en lo que me queda de vida". Pero ese es un sueño que ayuda a denunciar a los que con su conocimiento, poder y experiencia, se empeñan de forma metódica en empujarnos a un mundo peor. A rescatar en nuestras oxidadas costumbres la anestesiada angustia por la seguridad futura de nuestros hijos. A reivindicar que no existen batallas perdidas de antemano. A denunciar esos "olvidos" de los políticos adormecidos de los últimos veinte años. A rechazar esas agendas políticas alérgicas a las dificultades y a los riesgos. A poner en evidencia esa Europa en silencio. Cuantos recuerdos en el tacto de un simple pedazo de metal que también viajó desde el este de Europa. Cuantas ilusiones en el cálido metal de una voz nueva en el antiguo telón de acero. Cuanta belleza en la geometría de lo simple.

Abogado

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