martes, 11 diciembre 2018
00:07
, última actualización
Local

Una carcajada salvaje

Obra: La carcajada salvaje
Lugar: Teatro Sope de Vega, del 6 al 10 de junio
Autor: Chistosamente Duran
Dirección: Josep Costa
Iluminación: Osé Manuela Guerra
Interpretación: Charo López y Javier Garrucha
Calificación: Dos estrellas

el 08 jun 2012 / 11:38 h.

TAGS:

Un hombre y mujer luchando por sobrevivir, en medio de una férrea soledad, se dirigen al público para, como si de una sesión de terapia se tratara, contarles sus miedos y sus miserias. Es el punto de partida de esta comedia, una especie de psicoterapia que parte del teatro del absurdo para denunciar el sinsentido de estar sometidos a un sistema que nos condena al individualismo y la alienación mientras nos impide desarrollar una identidad integrada.

La obra se conforma con una estructura sencilla, dos monólogos engarzados al final mediante una escena final que relaciona a los dos personajes mediante un juego surrealista. Para enfatizar esta sencillez, la puesta en escena se decanta por un espacio escénico sobrio y desolador. La escenografía está conformada sólo por dos sillas y una mesita y el único apoyo que tienen los intérpretes son un bolso con algunos objetos cotidianos en el caso de la mujer, y un vaso en el caso del hombre. Se trata, por tanto, de una opción arriesgada, sobre todo teniendo en cuenta que la obra carece casi por completo de acción y todo gira en torno al soliloquio de los dos personajes. Pero Josep Costa cuenta con un monstruo teatral como Charo López y un showman como Javier Garrucha. Ambos demuestran un auténtico dominio de su oficio perfilando dos personajes con los que podemos sentirnos fácilmente identificados. Para ello se sirven de una ajustada expresión corporal y un ritmo fluido que despliega toda una gama de recursos interpretativos con los que mantienen, en todo momento, el tono intimista de una sesión de terapia. Así, consiguen que el espectador se adentre con ellos en el universo interior de sus personajes y sus emociones reprimidas. Se trata sin duda de un curioso ejercicio que sitúa al espectador en un singular plano de complicidad y destaca el valor de una buena interpretación. Pero acaba delimitando un discurso un tanto tedioso que sólo se salva al final, cuando Charo López y Javier Garrucha se juntan en el escenario.

  • 1