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Una carrera de medalla

El Ministerio de Justicia concedió la Medalla de Plata del Mérito a la Justicia de la Orden de San Raimundo de Peñafort a Manuel Gutiérrez Barragán, un funcionario del cuerpo de Tramitación procesal encargado de la difícil tarea del control de las ejecutorias en el Juzgado de Instrucción número 19 de Sevilla.

el 15 sep 2009 / 21:17 h.

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Es la excepción que confirma la regla, un respiro digno de admiración en medio de una Justicia criticada y mermada por los últimos acontecimientos tras el caso Mari Luz. El Ministerio de Justicia concedió la Medalla de Plata del Mérito a la Justicia de la Orden de San Raimundo de Peñafort a Manuel Gutiérrez Barragán, un funcionario del cuerpo de Tramitación procesal encargado de la difícil tarea del control de las ejecutorias en el Juzgado de Instrucción número 19 de Sevilla.

Allí ha desarrollado los últimos once años de los 38 que lleva trabajando en la administración de Justicia y que le han valido un reconocimiento que pocas veces ha recaído en un funcionario y, menos aún, a propuesta del Servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Y es que Manuel es "un ejemplo -aunque a él no le gusta que lo digan- de cómo controlar una ejecutoria", afirmaba ayer la juez de Instrucción número 19, Ana Cristina Escribano. En la mente de todos los asistentes estaba, sin lugar a dudas, el retraso en la ejecución de la sentencia de Santiago del Valle, el presunto asesino de Mari Luz, que le ha costado una sanción al juez Rafael Tirado y a la secretaria de Penal 1, Juana Gálvez. De hecho, todos los discursos estuvieron llenos de referencias implícitas, ya que, precisamente, este funcionario condecorado se encarga de las ejecutorias. "Acontecimientos recientes", dijo la juez, "demuestran que si no se ejecuta lo sentenciado, la administración de Justicia se hace ilusoria", recordando que "en más de ocho años jamás le he tenido que decir cómo proceder y he aprendido de él cómo desarrollar una ejecutoria".

El control de todas las ejecuciones de las sentencias es lo que llevó a la secretaria de la inspección del CGPJ a proponer a Manuel para la medalla, que supone para él el colofón a su carrera profesional, ya que en breve se jubila, pese a que tiene 60 años, pues prefiere dedicarse a su familia y a disfrutar de sus nietas. "Nunca se le pasó una prescripción y para un juez es sencillamente imposible el control a diario de los cientos de asuntos", señaló la magistrada echándole un capote a su compañero Rafael Tirado. La magistrada agradeció al funcionario su trabajo, lo que le ha permitido confiar en él, "algo fundamental para un juez para poder evitar casos con consecuencias desastrosas" y afirmó que en su juzgado le echarán de menos porque "reemplazarlo es sencillamente imposible". En su breve, pero emocionado discurso, Manuel dio las gracias a sus compañeros, a la magistrada y, muy en especial, a su familia y amigos, que no quisieron perderse el acto.

El funcionario, que dijo "estar orgulloso" de la condecoración", también hizo alusión "a los tiempos difíciles que vivimos en esta casa", en la que dijo que cada uno "es un peldaño de la escalera de la administración de la Justicia". Manuel, casi sin poder hablar por la emoción, hizo "extensiva" la medalla a todos sus compañeros, a sus padres y a su "maestro" Francisco Trujillo, del que dice haber aprendido "todo".

El acto terminó con la intervención de representante del Poder Judicial en Andalucía, Antonio Reinoso, quien alabó la dedicación de Manuel y destacó que "no es habitual que un funcionario reciba la medalla", de la que, afirmó, "debe sentirse orgulloso porque ha conseguido abrazar a la Justicia".

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