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Una imagen del interior

La hermandad de la Veracruz presentó este fin de semana el cartel anunciador de la Semana Santa de Castilblanco de los Arroyos, obra del artista Miguel Ángel González.

el 16 mar 2014 / 23:00 h.

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El artista Miguel Ángel González posa en su estudio ante la pintura que anuncia la Semana Santa de Castilblanco de los Arroyos. / J.C.R. El artista Miguel Ángel González posa en su estudio ante la pintura que anuncia la Semana Santa de Castilblanco de los Arroyos. / J.C.R. Era una ilusión, y con ilusión esperaba su momento. Año a año, Miguel Ángel González (Sevilla, 1978), había soñado la invitación a expresar como mejor sabe hacerlo, con sus pinceles, la Semana Santa de su pueblo, la suya. «No te voy a mentir: lo pensaba cada año. Decía, yo quiero que me den la oportunidad; hacer un cartel y darle la importancia que tiene», confiesa el artista ante una obra que en 2014 anuncia y exalta la Semana Santa de Castilblanco de los Arroyos. De grandes dimensiones y lleno de matices, el cartel ha sido concebido para plantear un diálogo con quienes lo observan. El lienzo de Miguel Ángel recrea una estampa que no existe y, precisamente porque no existe, acude el pintor a crearla. Toma instantes del fervor popular. Busca los pellizcos en el corazón de las personas. Traduce unos sentimientos, y los mezcla en su tabla de pinturas para esbozar sobre una gran tela blanca la estampa de su interior: inédita, subjetiva. Expresa finalmente un instante, congelado y paradójicamente vivo, del Jueves Santo en este pueblo de la Sierra Norte sevillana. Para idearlo, el artista piensa en la Semana Santa como la siente. «Es un mar de sentimientos: es bulla, es fervor, es alegría, es lágrima, es nervio… y es pueblo». A través de la sinceridad, a través de la palabra escrita, de la palabra hablada, de los pinceles, en estos días de Cuaresma, la Iglesia se manifiesta en nuestras calles al compás de las tradiciones populares, y avanza con cada detalle la cercanía de la Semana de Pasión. La obra se localiza en la Avenida Antonio Machado, para los vecinos, la carretera, como «emblema» del Jueves Santo de Castilblanco, teñida del verde de la Hermandad de la Vera Cruz. Es una noche clara, como se desprende del juego de luces y de sombras. En primer término, de entre el gentío, el humo de las velas y del incienso, y como en volandas, se hace presente la sobriedad del Cristo. Las ramas del árbol tras el Crucificado, a la altura de La Venta, a escasos pasos de la Plaza Amarilla, configuran un particular Gólgota. Delante, los nazarenos guían el paso de la comitiva en su Estación de Penitencia, con la textura aterciopelada de su indumentaria. Uno de ellos, vuelve su mirada atrás: busca ese musitar que se adivina del tintineo de las bambalinas del paso de palio de la Virgen de la Paz, en segundo término en el lienzo. Las distancias se achican entre los titulares. La candelería ilumina en ese fondo recreado el fervor de un pueblo y la gracia, la alegría del palio y de su Virgen, para coronar un mensaje, el de la Semana Santa, que es de esperanza. El autor del cartel propone que redescubran la obra. «Las cosas que nos llegan ahora son muy explosivas, y a veces por lo inmediato se está perdiendo el fondo: el espacio para la reflexión». Como ocurre cuando se escucha una canción o cuando se vuelve a leer un libro, González invita a detenerse en los detalles del cartel «para observar por ejemplo el terciopelo de la túnica del nazareno, los detalles del paso del Cristo, el banderín de la hermandad, o la sombra que se proyecta sobre las casas». «La cartelería ha caído en un bache en el que ya no se le da la importancia que tiene. Es como la prensa, que debía ser ese grito del pueblo», explica, para reivindicar el arte como medio de comunicación, y la necesidad de conectar con la gente, en una relación a su juicio desdibujada entre el artista y el pueblo. «Cuando vamos a escuchar el pregón pensamos en lo que va a decirnos esa persona y queremos que nos ponga los bellos de punta, que nos emocione o incluso enfadarnos, pero esperamos que nos diga algo» confiesa este pintor, que agradece a la Hermandad de la Vera Cruz de Castilblanco la oportunidad que ha puesto en sus manos de apostar por un cartel diferente, que sirva para interpelar y para contar tanto como cuenta un pregón o una saeta, símbolos de arraigo, propios de una identidad colectiva.

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