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Una norma con pedigrí

Muchas universidades de prestigio permiten terminar el examen en caso de fraude

el 30 ene 2010 / 19:06 h.

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Los exámenes han traído a la Hispalense por la calle de la amargura.

La Universidad de Sevilla se enfrentó la semana pasada a una "mala interpretación" de su normativa, después de que se le acusase de permitir a sus alumnos terminar el examen si eran sorprendidos copiando. El rector de la Hispalense, Joaquín Luque, defendió a la institución diciendo que el artículo que desató la polémica, el número 20 de la normativa universitaria, pretendía establecer las pautas a seguir en estos casos y garantizar así un código de actuación que evite el libre albedrío del profesorado y asegure que el alumno no es víctima de equivocaciones. A la espera de una redacción más convincente, el artículo de la discordia se ha anulado.


Las normas deberían establecer con toda claridad qué pasos se deben seguir en caso de cometerse fraude. En esta ocasión se buscaba garantizar un proceso transparente. Ni el alumno aprobaría en caso de demostrarse que había hecho trampas ni el profesor perdería su autoridad. Este mismo reglamento existe en muchas de las universidades más prestigiosas del mundo, desde La Sorbona (en Francia) a la elitista Yale (en Estados Unidos). En ambos centros una comisión decide el castigo una vez escuchadas las dos partes involucradas.


La Universidad Monash de Victoria (Australia) cuenta con un manual dedicado exclusivamente a definir qué es eso de hacer trampas: "Significa tratar de conseguir una ventaja injusta en un examen". Las penas varían, ya que la falta puede castigarse con una mera carta de advertencia -que quedará archivada en el expediente académico-, una multa o, en los casos más graves, hasta con la expulsión de la Universidad.


Quien copia, lo paga. Precisamente por eso, las universidades establecen claramente el procedimiento a seguir y se dispone un comité disciplinario que evalúe cada incidencia. Monash, además, advierte a sus alumnos del derecho que les asiste, ya que antes de que el interrogatorio comience debe estar presente un representante de los alumnos que vele por sus derechos. El manual recuerda que el alumno tiene derecho a terminar el examen tras ser acusado de copiar, no hacer ningún comentario sobre su conducta antes de enfrentarse al comité, negarse a ser registrado o, incluso, a procurarse un abogado particular.No es broma. En ciertas universidades se toman muy en serio el fraude y evitan mediante un proceso transparente los errores o falsas acusaciones. Probablemente, el carácter tiene mucho que ver. En España no está tan mal visto utilizar chuletas o copiar en los exámenes. "¡Quién no lo ha hecho alguna vez!", exclaman los estudiantes consultados. Sin embargo, los códigos de honor imperan en otras partes del mundo.Si un alumno copia en Estados Unidos lo normal es que sus propios compañeros lo miren con malos ojos. Es la cultura de ganar y la competitividad impera. Además, "influye la ética protestante del trabajo, mientras que en España siempre ha primado más la picaresca", matiza Ana Martín, quien estuvo con una beca de lectorado en Occidental College (California). En Reino Unido "no hay opción a copiar si no quieres que te expulsen", explica Simon Underhill. Él estudió en la Universidad de Cardiff y ahora trabaja como profesor de inglés en Sevilla. "Aquí no puedes quitar la vista de los alumnos porque copian a la menor oportunidad; cuanto más, mejor", lamenta. La solución pasa por normas rígidas y estrictas que dejen claro que el fraude académico, ya sea copiar en los exámenes o el plagio, no será consentido. En este sentido, en la Guía del profesor de la californiana Universidad de Berkeley lo tienen claro: "Lo más importante para prevenir el fraude es explicar las consecuencias y ayudar a los estudiantes a prepararse bien la asignatura".

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