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Zoido no es Superman

el 22 jun 2012 / 21:41 h.

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El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, prometió dedicar las 24 horas del día por y para Sevilla. Un argumento que incluso ayer, desde la bancada del PP, defendían, pero que se va diluyendo conforme le van cayendo más cargos a sus espaldas. Tal vez desde su propio partido se enrolan a la teoría casi siempre mordaz de Torrijos (IU), que señaló ayer que en el PP andaluz -donde Zoido se postula como presidente... y lo será el 15 de julio-, "se ha pasado del campeón (Arenas) al Supermán (Zoido)". Pero este alcalde, al que nadie cuestiona su capacidad de asumir retos difíciles, ni tiene capa ni un disfraz ni la velocidad del rayo para estar en dos sitios a la vez.

Por eso, cuando su mano derecha, Juan Bueno, lanzó ese guante a favor de su amigo de asiento, el sillón de Zoido se encontraba vacío. El dirigente popular estuvo desaparecido en combate durante prácticamente el segundo turno de intervenciones mientras que, a unos metros, en la calle San Fernando, se reunía la cúpula del PP andaluz para organizar el congreso que aupará al regidor a otro cargo. Uno más.

Zoido, que salvó ese juego a dos bandas causando cierto retraso en la comparecencia pública del PP y con un discurso medido y actualizado con los apuntes que le anotaron en un papelillo sus compañeros de bancada en la Casa Consistorial, tendrá que multiplicarse como nunca. Incluso más que cuando estaba en la oposición y, en plena Semana Santa, había hermanos mayores que perjuraban una y otra vez que debía tener un hermano gemelo para acudir a todos los templos. Pero ese clon se ha debido coger vacaciones en el peor momento. Zoido fue el lunes a París como alcalde para defender la Torre Pelli, el miércoles acudió a Madrid a dar una conferencia como presidente de la FEMP y hoy, como un sevillano más, se va a Matalascañas, pero no para darse un chapuzón en la playa, sino para clausurar la reunión de la Intermunicipal del PP de Huelva, como líder de los populares andaluces.

Con todo ese trajín, llegó el Debate del Estado de la Ciudad, una gran idea del PP pero con un formato encorsetado que elude el diálogo y prima que cada uno de los actores cuente su película y santas pascuas. De ese cometido, Zoido sólo apareció, al final, sin réplica que valiese y después de que los tres partidos (PP, PSOE e IU) se entretuvieran un buen rato descuartizándose en una guerra de herencias, reproches y críticas a la gestión, sea en el gobierno o en la oposición.

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