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Ana Barriga en Birimbao y homenaje a Cornell en Felix Gómez

30 oct 2018 / 08:45 h - Actualizado: 30 oct 2018 / 09:00 h.
  • Ana Barriga en Birimbao y homenaje a Cornell en Felix Gómez

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Comenzamos la temporada galerística desde este espacio digital, con sendas exposiciones: la de Ana Barriga en Birimbao y la colectiva que homenajea a Joseph Cornell, en Félix Gómez.

Recorriendo los lienzos que presenta ahora Ana Barriga (Jerez de la F. 1987), comprobamos cómo vuelve a las indagaciones desde sus inicios, siendo esta una vuelta de tuerca más: afianzada, segura de sí misma, de la sugestión que deparan sus potentes (en su código diría “potentorras”) imágenes, que “pretenden” desbordar los límites del cuadro desde dentro hacia afuera -también lateralmente- semejando ser tridimensionales, porque en mi opinión -y maestros “hailos” que opinarían otras cosas- lo que prevalece es el volumen, la rotundidad, el “machaque” que supone insistir una y otra vez en el mismo fragmento hasta alcanzar la sensación de relieve -volumetría o planimetría según se mire- hasta llegar a donde ella quiere y para la cual debe establecer diferentes planos de intensidad por una parte matérica y por supuesto disponerlas en unas graduaciones de sucesivas capas de color, líneas aplicadas en todas las direcciones del espacio (verticales, horizontales, curvas, contracurvas, o lo que es lo mismo el pincel desde arriba o desde abajo, etc.), y una serie de tratamientos que se basan en la adición, sustracción, raspaduras, superposiciones de materiales o pigmentos, restregamientos con más o menos pasta -diluida o no- y sobre todo en la mezcla de todo: de técnicas, materiales, colores, formas,... en la que cabe todo desde el óleo al spray sin que por ello caiga en el caos, sino en una figuración que ha sabido interpretar los códigos de occidente y de oriente devenidos de la cultura del pop, de los mangas, animes, ilustración generacional que ella reinterpreta y amplía hasta llegar a los grandes formatos.

Su pintura atrae por el efectismo y la complejidad, por ese cruce entre los lenguajes que extrae de estilos del pasado occidental como el barroco -sus obras lo son y cómo-, por el detallismo amplificado de elementos, por las tendencias decimonónicas que han tenido en cuenta el post y el impresionismo, el puntillismo, fauvismo, determinadas sugerencias surrealistas, ...y ¿por qué no? también devenidas de lo kischt.

Pintura culta y gamberra a la vez empezando por el título de la muestra: “Charleston, lambada y perreo” y siguiendo por los títulos de las obras, que establecen una especie de código que nos permite sospechar por donde va, al tiempo que pueden ser dicotomías entre la imagen y ese significado que habrá alguien que quiera conocerlo y que personalmente, prefiero dejar sin descubrir. Las visitas comentadas a cargo de la también pintora y profesora de la Facultad de Bellas Artes Mar García Ranedo, de alumnos/-as y de la misma autora, la dejamos en el enigma para que quien los vea, los interprete a su modo.

Buda, la V. de Fátima, el gato de la suerte, el bodegonismo “hortera” pintado exprofeso, el graffitismo, la pintura urbana, forman parte de esos aparentes juegos burlescos y satíricos que parten de un mundo donde nos orientalizamos al tiempo que los asiáticos, se occidentalizan. Simbiosis de muchas cosas pues, en esa mezcla de todo, que funciona tanto en los grandes como en sus pequeños formatos.

HOMENAJE A FOSEPH CORNELL

“Comisariada” por el polifacético autor y diseñador Fernando Baños, la muestra de reúne a quince autores, entre ellos él mismo, que rinden culto a uno de los más interesantes creadores del S.XX, sobre todo por su aportación a las Vanguardias, al arte conceptual, a los ensamblages y al surrealismo entendido mejor que como “objet trouvé”, como objeto buscado para transmitir su discurso, la gran representación escenográfica que se despliega en cada una de las cajas, pues así, vistas de cerca, asemejan embocaduras de teatro donde figuras planas, en tres dimensiones, con más o menos perspectiva y profundidad, con más o menos elementos incorporados, personajes y los elementos dispares, parecen esperar la orden del director que las haga mover, relacionarse, comunicar oralmente lo que la vista y el tacto nos depara.

Decir CORNELL es acudir a un mundo donde la magia, los sueños, los recuerdos, el subconsciente, la poesía y filosofía visual, la vida de las cosas y del autor mismo, confluyen en lo que es y no es fantasía, porque en el fondo la propia realidad no es sino otro invento de la misma.

Lo saben bien los que han tenido la suerte de ser elegidos para esta ocasión: Juan F. Lacomba, Rocío Arregui, Paco Lara, Pablo Sycet, Ana Jonsson, Pedro Castrortega, Francisco Rovira, Sonsoles Brilhantes, Yolanda Relinque, Pedro Osakar, Asunción Lozano, Pablo F. Puyol, Pedro Osakar y Belén Mazuecos y también Fernando Baños que los ha invitado a esta fiesta para los sentidos y la imaginación, que en el fondo es lo que significa esta exposición tan variopinta y a la vez tan acorde en sus propuestas.

Cada una de las cajas no es sólo o en sí misma una naturaleza muerta, sino un “tableaux vivants” que por un momento se ha congelado ante nosotros. Un ámbito fetichista y privado que se comparte como si nos metiéramos en la intimidad/personalidad de cada uno, de cada propuesta. Pero las cajas ¡ay!, también son una especie de sarcófagos, de algo que ya pasó y que también congela el tiempo, lo que no existe ya y por eso mismo queremos retenerlo para siempre. Cada caja es un mundo, como cada persona lo es, y aquí puede entrar de todo: plumas, encajes, plantillas de curvas, cabezas de muñecos, estuches de lápices, restos de festines o naufragios.

Cada caja por último supone algo de esa mentalidad ecologista, de reciclaje, de darle la vuela a los usos habituales, de transformismo reconvertido en arte, Un arte que se nutre de otras artes y que recurre a enseres vividos de alguna manera por los artistas, pequeños bibelots heredados de sus antepasados o adquiridos por ellos mismos, sacados de anticuarios, mercadillos, trasteros, del lujo avaricioso de los materiales o incluso de las cubas de basura. Todo vale en el lenguaje de las cajas, siempre y cuando se muestre sinceridad en ellas porque esta es la medida de su estética, y bueno, para quien esto firma, ejercen una fascinación casi hipnótica como una película que durara horas y horas y cuyo final no existe porque en ellas confluyen las vidas de los artistas, la de las cosas y las nuestras, con nuestros también recuerdos personales.


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