lunes, 20 agosto 2018
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¡Buenos días!

13 jun 2018 / 19:54 h - Actualizado: 13 jun 2018 / 22:47 h.
  • ¡Buenos días!

El mundo del tatuaje nos parece algo tan moderno que, posiblemente, no nos hayamos percatado del hecho de que este arte es realmente milenario y, quizás, uno de los primeros en conocerse en la Tierra. El origen no se sabe con exactitud, se apunta a los hombres euroasiáticos del periodo Neolítico como los primeros tatuadores, hace más de 5 mil años, a juzgar por los restos encontrados a finales del siglo XX, en Siberia y el delta del Danubio. La ley del Antiguo Testamento (Levítico 19:28) ordenaba a los israelitas: «No se hagan heridas en el cuerpo por causa de los muertos, ni tatuajes en la piel. Yo soy el Señor». Las marcas o señales hechas en el cuerpo mencionadas en este versículo tienen que ver con el ritual pagano de dolerse, flagelarse o lamentarse, guardar luto en definitiva. La Biblia no da órdenes contra los tatuajes o las perforaciones del cuerpo como los conocemos hoy en día. Uno de los iconos de belleza la emperatriz austriaca Isabel, esposa de Francisco José I, llamada Sissí, usaba tatuajes alusivos a su alto rango; también el príncipe heredero de la corona austrohúngara, el archiduque Fernando asesinado en Sarajevo en 1914 portaba una serpiente tatuada. Vivimos en el siglo XXI y aun hay quien se escandaliza por este ancestral arte sobre el cuerpo. Partidarios o no, algo respetable, no se deberían tener prejuicios ante quien los lleve por que cada vez es algo mas extendido entre todos los ciudadanos y no siempre es por decorar, detrás puede haber algo más allá que una moda. Hazme un favor, sé feliz.


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