lunes, 24 julio 2017
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, última actualización

Concepción de vida

18 jun 2017 / 21:18 h - Actualizado: 18 jun 2017 / 21:18 h.

Aquella tarde se levantó un asistente encolerizado, con los ojos desencajados, y agitando el dedo índice hacia la mesa desde la que defendía el derecho al aborto me gritaba una y otra vez, «usted es un asesino». Estábamos en el seminario de Málaga hablando sobre bioética en unas jornadas de católicos a las que me invitaron y sólo defendía lo que decía la ley. Tengo que reconocer que lo que más me llamó la atención es que no comprendiera la diferente concepción de la vida y la muerte que teníamos.

El sábado mató un toro a un torero y vuelvo a ver los ojos encolerizados del integrismo ideológico gritando asesino a quien nunca tuvo esa concepción de sí mismo. Fandiño, como se llamaba el pobre hombre, siempre tuvo la concepción de que se estaba jugando la vida en un espectáculo cultural muy ibérico enfrentándose a un toro. Él nunca tuvo la sensación de ser asesino como le acusan en multitud de redes sociales. Quizás hasta ahí debiera llegar la diferencia de concepciones en torno al mundo taurino, pero no, va mucho más allá.

Leo con estupor, mucho estupor, cómo no sólo se le desea la muerte por ser torero, sino que incluso algunos entienden esa muerte como un ejercicio justo hacia «el asesino». Miedo me da que algún día cale en la sociedad la «muerte justa hacia los asesinos» porque ese día habremos abierto la puerta a la pena de muerte, ese día justificaremos la muerte como remedio social. Sin duda la defensa del derecho de los animales –algo hasta hace poco discutible- no puede cegar hasta el punto de que se pongan en cuestión derechos humanos fundamentales.


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