martes, 25 junio 2019
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Cuaresma a las puertas

21 feb 2019 / 13:28 h - Actualizado: 21 feb 2019 / 13:29 h.

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La Semana Santa se nutre de pequeños ritos y se espía, día a día, en esas señales cíclicas que nos devuelven –aunque sólo sea por un instante- al niño que un día fuimos. Estos días de sol y tardes tibias franquean de nuevo la puerta a aquel tiempo hermoso en el que soñábamos con la ciudad abierta y tomada por las cofradías. Pero la promesa de la fiesta también es una pasarela a la nostalgia de caras que ya no contemplamos; de casas que ya no existen; de manos que ya no sostienen otras manos... Ése es uno de los poderes de ese universo en el que gravitan las imágenes –con todo el significado que encierran- y los labios que un día les rezaron. Con la inminencia de la Cuaresma se redoblan las visitas a capillas y camarines buscando en el tacto del terciopelo y en el aroma amortiguado del incienso frío todo aquello que se quedó por el camino y se empeña en herir –ya lo dijo Montesinos- por el camino más corto.

Pronto comenzará esa dulce espera que el calendario lunar ha demorado a la vira de marzo. Será el arranque de ese viaje interior que tememos y esperamos por igual, abrazándonos a esa extraña melancolía -enhebrada en la rutina diaria- al tratar de encontrar un gozo que cada vez es más esquivo. Volvemos, una y otra vez, al mismo concepto. En ese regreso a la Edad de Oro, a una felicidad congelada que queremos sacar de los estantes de la memoria mientras luchamos por detener la espera para gozar con el camino que ahora se inicia. La ceniza nos recordará que todo empieza y todo termina. Está a punto de arrancar nuestra cuaresma...


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