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El victimismo que manipula a los turistas asesinados

09 ago 2018 / 17:35 h - Actualizado: 09 ago 2018 / 17:37 h.

Decenas de miles de personas pasan parte de sus vacaciones en uno de los grandes cruceros que navega por el Mediterráneo occidental. Según cuáles sean las rutas ofertadas, incluyen una escala en ciudades españolas como Barcelona, Tarragona, Valencia, Palma de Mallorca o Málaga. En las hojas que la compañía de cruceros facilita por escrito en la víspera a los pasajeros sobre el destino en el que van a recalar, cuando toca arribar a Barcelona o Tarragona, les dicen esto: “Según informes de las autoridades de seguridad relevantes en todo el mundo, existe una amenaza latente de ataques terroristas en Barcelona o Tarragona. Como medida de precaución se recomienda evitar las estancias prolongadas en sitios muy concurridos y permanecer atentos a las instrucciones de seguridad. Manténgase alerta y procure estar al corriente de las recomendaciones locales de seguridad”.

Es el eco del impacto mundial causado hace un año por los atentados de inspiración yihadista en las Ramblas barcelonesas y en Cambrils, que acabaron con la vida de 16 personas e hirieron a 137. Casi todos turistas, de 34 nacionalidades distintas. También españoles. Más la muerte del cabecilla de la banda y siete de los jóvenes de origen marroquí fanatizados en Ripoll.

Cualquier crucerista que reciba esas advertencias, aunque es consciente de que en algunas grandes capitales no vuelven a acontecer semejantes atrocidades, las teme porque en Londres y París sí se han producido más de una vez. Se conectará a internet para ver noticias recientes sobre Barcelona, para saber cómo está la situación en la ciudad de Gaudí antes de llegar a puerto. Este es el panorama de principales novedades:

La divulgación de múltiples detalles de la instrucción judicial para saber qué hicieron durante los meses, semanas y días anteriores quienes vivían en Cataluña y optaron por ser terroristas, atestigua que se plantearon focalizar la masacre en la siempre abarrotada Sagrada Familia, o en el Camp Nou lleno durante un partido Barça-Betis. Dos enclaves que son famosos como símbolos mundiales, españoles y catalanes.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha sido reprobada por tercera vez en cuatro meses por una mayoría de votos de concejales de otros partidos. No ha interrumpido sus vacaciones ni para defenderse en ese debate en el Ayuntamiento, ni para tomar el mando ante los graves incidentes acaecidos durante los últimos días (bloqueo del tráfico por los taxistas, agresiones de manteros a turistas, reyertas del lumpen de los ‘narcopisos’ para tomar el control de calles céntricas, etc.).

Quim Torra, el presidente del Gobierno autonómico, la institución que tiene las mayores competencias en materia de seguridad, y que en Barcelona y su entorno dispone de 3.000 policías, alienta el boicot al Rey Felipe VI en los actos institucionales que tendrán lugar el próximo 17 de agosto como homenaje a las víctimas de dichos atentados terroristas.

Organizaciones independentistas como Omnium Cultural y Asamblea Nacional de Cataluña han optado por celebrar, para la víspera de dicho homenaje, actos de protesta contra el Rey y para exigir de nuevo que sean excarcelados sus líderes y los dirigentes políticos acusados de violentar el orden constitucional y la soberanía nacional.

El Parlamento británico, a través de su comisión de investigación sobre la injerencia de Rusia en varios países europeos, constituida a partir de los indicios sobre la manipulación en internet para que ganara el ‘brexit’ en el referéndum para la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, da por sentado que “durante la campaña del referéndum catalán, Rusia provocó un conflicto, a través de una mezcla de información engañosa y desinformación, entre personas dentro de España. Rusia tenía un interés especial en desacreditar el sistema democrático español, y para ello difundió información falsa presentada como hechos verídicos, como la alegación de que en Cataluña 900 personas habían resultado heridas, cosa que no aconteció”.

Ya son más de 4.000 las empresas que han trasladado su domicilio social fuera de Cataluña, a otras comunidades españolas, por miedo a quedarse fuera de la Unión Europea y del euro como moneda si el movimiento independentista insiste en forzar la secesión.

En la Universidad de Barcelona se ha impedido, por la acción intimidatoria de un grupo radical, la celebración de un acto sobre Miguel de Cervantes, autor de la novela más universal: ‘Don Quijote’. Una de las personas que de modo agresivo boicoteó dicho acto es Frederic Bentanachs, que fue uno de los fundadores de la organización terrorista Terra Lliure.

Al ver este panorama, muchos turistas se preguntarán, alarmados: ¿quién se dedica en Barcelona a mantener el orden, a cumplir la ley, a luchar contra el terrorismo y a prevenir el yihadismo? ¿A quién le importan las víctimas de los atentados, incluidas las catalanas, si el ‘enemigo a batir’ es el Rey? ¿Es seguro un territorio del que los empresarios deslocalizan sus sociedades? ¿Dónde está el Estado?


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