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En Vox, también, cuecen habas

12 ene 2019 / 10:43 h - Actualizado: 12 ene 2019 / 10:45 h.
  • Santiago Abascal durante su intervención en un mítin. / EFE
    Santiago Abascal durante su intervención en un mítin. / EFE

Es necesario que las personas que tienen posibilidad de alzar la voz lo hagan para desmontar un discurso terrible que se está instalando en la política española y parece llegar para quedarse; un discurso lleno de falsedades que, repetidas una y mil veces, parecen convertirse en verdades absolutas, siendo, en realidad, un motón de mentiras que dejan en evidencia la falta de criterio que soporta la sociedad española. Los que quisieron que ese espíritu crítico quedase, propio de los estudiantes o de las personas que lo construían con los años, reducido a la nada, pueden celebrarlo. Lo han conseguido en buena medida. Somos, cada día que pasa, más incultos, más bobos, más manipulables, más borregos.

Para conseguir espacios políticos concretos se están destrozando ideas que costaron conseguir, a miles de personas, un inmenso esfuerzo; muchas de ellas murieron al pelear por la causa. Eso de luchar por las ideas, hoy, ya ni se entiende. Porque si alguien cree que pelea por algo detrás de la pantalla del ordenador, comentando en las redes sociales, leyendo panfletos o noticias sin contrastar y cosas parecidas, es que no se ha enterado de nada. Los revolucionarios 3.0 se dedican a contemplar una posible revolución, nunca a vivirla.

Y una de esas ideas es la del feminismo. El feminismo es igualdad entre hombres y mujeres, es algo que nadie debería discutir, es algo que debería resultar sagrado para todos. Sin embargo, buscando caladeros de votos, algunos políticos se escoran hacia el extremo para señalar al feminismo como algo malo en esencia, innecesario y como un arma arrojadiza que las mujeres utilizan en contra del hombre sin compasión alguna.

¿Algunas mujeres llevan al extremo su feminismo hasta que deja de serlo y se convierte en una postura radical que tampoco es buena? Pues claro que sí. En todos los sitios cuecen habas. Pero eso no hace que el feminismo sea algo distinto a lo que es: igualdad entre hombres y mujeres. Y eso no debería ser razón para repudiar algo que es bueno y necesario.

El señor Abascal, los Smith y compañía, están enviando mensajes bastante tóxicos a la sociedad. Pablo Casado se arrima a ese territorio (sumándose a esas ideas lamentables, rancias y lesivas) que comienza a ocupar Vox y se está equivocando al dejar el centro en manos de Ciudadanos. Y llegando a acuerdos entre los tres (aunque los señores de Ciudadanos lo nieguen el acuerdo es de tres) parece que esa criminalización de, por ejemplo, el feminismo, no es tan mala como algunos queremos pintarlo. Si lo firman todos, no será tan malo, piensan muchos. Es el problema de firmar documentos y aparecer en la televisión. Como se ha perdido el criterio, como las ideologías ya han perdido toda importancia, como somos unos incultos, interpretamos mal lo que vemos.

Tal vez ese acuerdo al que se ha llegado para que Juanma Moreno presida la Junta de Andalucía fuera necesario desde el principio. Tal vez. Pero hay líneas que no se pueden cruzar aunque el gallo joven intente imponer sus ideas. Un gallo joven que se descolgaba recientemente diciendo que como él ha estado ganando una pasta en una fundación (le puso allí Esperanza Aguirre) que no servía para nada, él conoce mejor que nadie lo que es un chiringuito y por eso quiere acabar con ello. Pues, oiga, devuelva usted la pasta que ganó tocándose las narices y así podremos comenzar a pensar que no es usted un espabilado como todos los demás. Y deje de meter las manitas en masas que son esenciales. Por cierto ¿usted, señor Abascal, no tiene madre, hermanas o hijas? ¿No quiere usted un futuro en igualdad con los hombres para ellas?


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