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La mentira del ADN y sus secuaces

10 may 2017 / 17:56 h - Actualizado: 10 may 2017 / 18:03 h.

El fútbol es un negocio. El Betis, Real y Balompié por obra y gracia de su convulsa historia, una compañía financiera. Una sociedad anónima deportiva desde 1992, el año de la Expo, la modernización de Sevilla y la estrategia de Lopera. Ángel Haro, el presidente de la empresa, atacó a sus empleados, el entrenador, el director deportivo y los peloteros, los únicos que conceden valor patrimonial a la marca. Un tipo en la historia, el Cardenal Richelieu, de firmes convicciones católicas, se alió con los protestantes para proteger a la corona de Francia, la casa a la que servía, con el fin de apagar el poder de la dinastía de los Habsburgo.

Ángel Haro confundió a los enemigos de la sociedad, a la que debe multiplicar su valor, con un discurso más propio de un escenario belicista. Asignó porcentajes de responsabilidad, admitió su relativa cuota de error, anunció una nueva lucha bajo su paraguas y calificó de tribus a los sectores críticos de una afición respetable y cansada de la mediocridad y los discursos de mentira. De la palabrería barata del sentimiento y el beticismo inyectado en el ADN para evadir la realidad de un proyecto sin contenido ni continente. Sin futuro ni presente. El Betis, Real y Balompié por obra y gracia de quienes escribieron su historia con letras de oro, necesita una catarsis y una liberación ejemplar. Una revolución y una depuración de responsabilidades para inaugurar el reseteo.

Un reseteo que ejerza de imán para los profesionales de un sector, el fútbol, que combina los elementos complejos y enriquecedores del dinero y la pasión. El Betis, Real y Balompié por obra y gracia de quienes ahorran durante un año para renovar su carnet, necesita profesionales con mayúsculas. Del Cádiz, el Mirandés, el Mollerusa, el Numancia o el Calatayud. El amor a un escudo no es directamente proporcional a la diligencia y efectividad profesional. El Betis necesita talento en los despachos. Y talante. Talento y talante. Y no Betis en vena.


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