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Los medios y los días

¿La universidad agoniza?

11 ene 2019 / 08:25 h - Actualizado: 11 ene 2019 / 08:30 h.
  • ¿La universidad agoniza?

La Universidad está afrontando la salida en siete años (de 2016 a 2023) del 50 por ciento de sus catedráticos y del 20 por ciento de sus profesores titulares por jubilación. Este desafío, motivado por los recortes de los últimos años, supone la pérdida de 16.200 profesionales experimentados. La escasa reposición generó un tapón en los escalafones superiores y una precarización de los nuevos incorporados, los laborales. El gobierno pretende promover una sustitución escalonada para evitar otro acceso masivo como el que en los ochenta frenó a las siguientes generaciones. La edad media de los profesores de la Universidad pública es de 54 años.

El párrafo anterior es del diario El País y es una especie de tragedia por las graves repercusiones sociales que conlleva. La universidad pública –que a diferencia de en otros países en España es mucho mejor que la privada- va a perder calidad, la está perdiendo desde hace años, sus profesores se precarizan poco a poco y la libertad de cátedra va a sufrir un daño gravísimo. Para entendernos, hay dos cuerpos de profesores funcionarios sobre los que cae el mayor peso de la gestión, la docencia y la investigación: el cuerpo de profesores titulares y el cuerpo de profesores catedráticos. En ambos, como en todas las profesiones, hay malos, buenos y regulares académicos pero lo que es seguro es que en ellos se encuentran grandes talentos que han debido lograr un enorme curriculum a base de esfuerzo y tesón. Y estos talentos se van a jubilar o se han jubilado ya, lo cual significa que el mundo de la medicina y el del periodismo –por ejemplo- perderán a auténticos maestros en sus especialidades respectivas. O, mejor dicho, perderán, no, ya hace años que se están marchando talentos y aunque otros nuevos estén ahí no son suficientes en cantidad y además no pocos son demasiado jóvenes o están estancados laboralmente por falta de presupuesto mientras las clases siguen masificadas.

Se da la contradicción de que el estado promueve becas de captación de talentos españoles y extranjeros fuera de España cuando los tiene aquí y los deja marchar tras la finalización de sus becas de formación, yo mismo he formado talentos que cuando más hacían falta en la Universidad de Sevilla han debido irse por falta de dinero y previsión. Bien está traer talentos de fuera pero, ¿y la cantera propia?

Hace años que, en la carrera de ciencias de la comunicación, que es la que más conozco, si se jubila un catedrático o un titular, no sale una nueva plaza con esa misma categoría sino que se amortiza con dos o tres plazas de categoría inferior mientras que ha aparecido un nuevo cuerpo de profesores al que llamo profesores en el limbo porque se encuentran acreditados por el ministerio o la Junta para poder opositar y subir en su escalafón pero no salen plazas para que ello sea posible. Y eso que la Junta y la Universidad de Sevilla, comparadas con otras universidades españolas, están cumpliendo razonablemente bien para que este cuerpo de profesores vaya logrando estabilidad pero no poseen competencias para crear nuevas plazas de profesores funcionarios, sólo para el cuerpo de profesores laborales. ¿Qué hará el nuevo gobierno andaluz encabezado por el PP?

Sustituir a catedráticos y titulares por dos o tres puestos de trabajo precarios significa –pongamos por caso a los saberes en ciencias sociales y humanidades, sobre todo-, una caída de la calidad docente porque quien cobra menos y se ve más inestable laboralmente habla en clase con menor libertad como les sucede a millones de ciudadanos que laboran en el sector privado. La mayor libertad de expresión social se encuentra en la universidad pública, eso ha pasado desde siempre, incluso bajo el régimen franquista la universidad era una isla de libertad dentro de lo que es una dictadura. Ahora lo sigue siendo, cualquier profesor de periodismo posee más libertad en una de sus clases que en cualquier medio de comunicación del mundo. Pero debe estar bien consolidado en su puesto de trabajo para que eso no cambie. El vasallaje, el miedo y la docilidad de gran parte de la población se deben a que se siente insegura en su quehacer diario, por eso y por otros motivos no creo en esta democracia que permite votar pero no expresarse con libertad real y efectiva.

Junto con la inseguridad laboral, la principal consecuencia de lo que está ocurriendo en la universidad es la crisis de la libertad de cátedra y la juventud se encuentra tan dormida que ni siquiera sabe lo que están haciendo con ella y si lo sabe mira para otro lado y juega con su teléfono móvil mientras sus padres pagan sus estudios por mucha gratuidad populista que haya emprendido Susana Díaz en su agonía política.


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