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Sucesos de la Madrugá 2017

Las cofradías se ven de pie

15 abr 2017 / 22:13 h - Actualizado: 16 abr 2017 / 00:06 h.
  • Varios nazarenos de la Esperanza de Triana, con la cofradía rota en la entrada de Reyes Católicos. / José Manuel Vidal (Efe)
    Varios nazarenos de la Esperanza de Triana, con la cofradía rota en la entrada de Reyes Católicos. / José Manuel Vidal (Efe)
  • Las cofradías se ven de pie

Yo creo que todo comenzó con las dichosas sillitas. No, no le echemos la culpa simplemente a eso, por supuesto. Estoy de acuerdo en que hay una profunda crisis de valores en la sociedad: se ha impuesto lo zafio sobre las buenas maneras, en todos los órdenes de la vida, y la Semana Santa en la Sevilla actual no es más que su reflejo. Pero el asunto de las sillitas es, al menos para mí, paradigmático.

Tengo 44 años. Cuando de niño salía con mi padre a ver cofradías, nadie, absolutamente nadie se sentaba a ver pasar una procesión, a no ser que estuviera en una silla de la carrera oficial, como es lógico (donde casi todos aún se levantan al menos cuando pasan los pasos). Sentarse en el suelo, por ejemplo, no sólo era una falta de respeto cuando pasaba un cortejo, sino que estaba mal visto. Era de guarros, digámoslo con la palabra exacta que se empleaba entonces.

Años después, cuando estaba en la Universidad, sentarse en el suelo estaba ya relacionado con la rebeldía de los jóvenes con determinado juicio crítico, tal vez más izquierdosos. Sin embargo, aun entonces, nadie, absolutamente nadie se veía sentado viendo cofradías.

Pero llegó la década de 2000 y con ella, casi de pronto, hordas de personas que de repente sufrían dolencias en las piernas y la espalda, lo que al parecer les impedía estar de pie esperando a que pasaran los cortejos. Se ha achacado al aumento del número de nazarenos las largas esperas para verlos pasar desde la cruz de guía hasta el palio. Miren, en los años 90, por ejemplo, había un buen número de cofradías que tardaban ya casi dos horas en pasar, y no se veía en la plaza del Duque un campamento de sillitas, como ahora, que cualquiera que llega se ve raro estando de pie.

Como a mí, seguro que a usted le gusta mirar fotografías antiguas de cofradías en la calle. Buscar los detalles. Busque, por ejemplo, a gente sentada. No, no la encontrará. Tampoco verá gente mal vestida, ni siquiera en los años del hambre, en los que muy pocos tenían ropa digna con la que vestirse. Lo mejor del triste armario de las casas de entonces se lo ponía uno esos días. Por respeto.

En esos años (décadas de los 20 a los 60) había poquísimos nazarenos en los cortejos. Sin embargo, las cofradías tardaban muchísimo en pasar. Los palios especialmente se recreaban en determinados puntos del recorrido, en unos años en los que había muy poco control en el palquillo de la Campana. Y sin embargo, es tan difícil ver a gente sentada en esas fotografías en sepia...

Recuerdo mi primera Madrugá acompañando a mi padre a ver las cofradías más grandes de Sevilla. Acabábamos de hacer nuestra estación de penitencia en las Cigarreras, así que imagínense qué cuerpo tendría ese niño de 11 años. Esperando a que el Silencio embocara la calle Placentines, me dio por sentarme en las gradas de la antigua mezquita. Todavía me duele la colleja que me dio mi padre. Fue la primera y la última vez que me senté viendo pasar una cofradía.

Ahora no se dan collejas. Por supuesto, es mejor hablar y explicar a los niños. Son otros tiempos. Pero algo debe de estar fallando en el proceso de ese mensaje, porque no sólo se ven niños de 11 años sentados por todas partes, sino que sus padres también lo están. Padres de mi edad, a los que probablemente también les enseñaron en los 80 y los 90 que sentarse viendo pasar nazarenos era una falta de respeto para quienes allí estaban haciendo estación de penitencia.

Este viernes entrevistaba a uno de los heridos en las avalanchas de la Madrugá. Me contaba que en la carrera por Reyes Católicos mucha gente cayó al suelo porque tropezaron... adivinen con qué. Si no se topaban con gente sentada, lo hacían con las sillas que habían dejado tiradas los sedentes que habían salido corriendo. Mire la magnífica fotografía de José Manuel Vidal hecha en esa misma zona, la que ilustra este artículo. ¿Ve lo que hay en el suelo? Mire la fotografía siguiente, la de los objetos requisados a los golfos que iniciaron las turmabultas. ¿Reconoce esas piezas?

Seguro que ha sido usted testigo de alguna discusión en la calle por no poder pasar por un lugar en el que hay gente sentada en esas adefésicas sillitas. Muchas veces se termina a las malas, es cada vez más fácil que la discusión se caldee, tanto por parte de quien está sentado, como por la de quien quiere pasar. No recuerdo esas discusiones en mi niñez y juventud.

Prohibir es algo políticamente muy incorrecto, pero a veces resulta efectivo. Yo lo pido a las autoridades desde esta humilde tribuna: prohíban esas dichosas sillitas. Prohíban sentarse en el suelo mientras pasa un cortejo. Es de muy mal gusto, ensucia la ropa (que debería ser la mejor que usted tiene en el armario, igual que hacían nuestros abuelos) y además puede ser peligroso.

Por supuesto, las causas de estos disturbios son mucho más complejas y difíciles de solucionar. Hay que reeducar a los padres de estos niños (niñatos son una minoría; la gran mayoría de jóvenes de nuestra ciudad son gente educada y amante de la Semana Santa). Hay que seguir confiando en las autoridades, que nos protegen mejor que nadie de posibles agresiones reales. Debemos mantener la calma y la compostura, igual que hacen la inmensa mayoría de nazarenos que se recomponen y continúan su estación tras haber pasado el enorme susto. Ni siquiera hace falta aplaudir, aunque está bien para quitarse el miedo.

Siga usted de pie, conserve su dignidad. Si le duelen las piernas, quédese en casa viendo nuestro maravilloso canal de televisión. Pero mire, en la calle, las cofradías se ven de pie.


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