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Los niños de La Salle

12 may 2018 / 19:16 h - Actualizado: 12 may 2018 / 21:51 h.

Los años de la infancia son los más felices en la vida de cualquier persona. Es esa época en la que uno empieza a vivir, en la que no existen mayores preocupaciones que el disfrutar de cada día y en la que nacen esas primeras amistades que ya serán para toda la vida. Esos primeros recuerdos me llevan al patio del colegio en el que me crié. Cuatro naranjos, una gran familia, mil historias y una enseñanza bajo el carisma de los Hermanos de La Salle de la que hoy sigo presumiendo. No hay día que no me acuerde de aquella época. Fui feliz en mi escuela de la calle San Luis. Aquel rinconcito lasaliano en el que me enseñaron contenidos y valores, a ser persona, y que me regaló un grupo de amigos que ahora conservo como un tesoro.

Mayo siempre me lleva a recordarlo todo, a volver la vista atrás. Fue en este mes, en el año 1999, cuando este grupo de jóvenes inconscientes e ilusionados decidimos poner en marcha un sueño cofrade de cruz de mayo. Salió, con mucho esfuerzo, pero se consiguió. Éramos niños, con apenas 13 o 14 años, pero les puedo asegurar que las ganas superaban cualquier obstáculo de inmadurez. Y la unión, la amistad, era el pegamento necesario para unirlo todo. De aquello han pasado ya 19 años. Y aquí seguimos. En el mismo lugar, como el primer día. Amigos y compañeros. Unidos y sacando adelante un proyecto que pasó de ser una cruz de mayo para convertirse en la procesión del patrón, de la imagen de San Juan Bautista de la Salle. Y no hay mes de mayo que no nos acordemos de lo vivido, ni mes de mayo que no acudamos a la llamada de la amistad y de la memoria para regresar al hogar que nos hizo personas. No importa el tiempo, ni las ocupaciones, ni la edad. Allá donde La Salle nos llama, allá que seguiremos acudiendo.

Este viernes volvió a salir la procesión. La ilusión de hace casi dos décadas es la misma que ahora brilla en los ojos de los niños del colegio que salen con su cirio junto al paso. Ellos son el futuro. La cantera de un sueño que, como toda obra de Dios, sigue perviviendo en el tiempo. Nosotros pasaremos, como todo pasa en la vida, pero habrá cosas que nunca llegarán a desaparecer. Porque la afición, el amor a las cofradías, tiene muchas bondades. Entre ellas, unir a un grupo de personas que gracias al amor a un colegio y al gusanillo cofrade de sus entrañas,formaron un grupo de amigos que todavía resiste, que no se derrumba, sostenido sobre los cimientos de un carisma que pone a Dios y a los niños por encima de todo y que grita sin complejos aquello de ¡Viva Jesús en nuestros corazones!

Yo fui un niño de La Salle y ahora que llega mayo vuelvo a sentirme uno de ellos. Como mis amigos, mis hermanos. Los que cada año vuelvan a su colegio para revivir un sueño que sigue vivo en su amistad.


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