lunes, 24 septiembre 2018
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Obligados a entendernos

08 sep 2018 / 07:30 h - Actualizado: 07 sep 2018 / 22:30 h.

España seguirá dividida en dos mientras las posturas más radicales no se arrimen a posiciones más moderadas. Por una parte, unos defienden un olvido absoluto. Aquí no ha pasado nada de nada. Y si pasó fue porque no hubo otro remedio. Además, Franco no fue un dictador asesino ni nada que se le parezca. Franco fue el salvador de una España ultrajada, protector de una Iglesia santa e inocente; fue el hombre que condujo a los españoles hasta la modernidad.

Por otro lado están los que quieren recuperar los cadáveres de sus seres queridos (fusilados injustamente, casi seguro), los que quieren que se sepa algo parecido a la verdad. Una recuperación de restos que se ha convertido en una forma de reivindicar el reconocimiento y la justicia, en una forma de llegar cerca de la verdad. Recuperando los cuerpos perdidos por las cunetas se libraría esa última batalla contra el franquismo que no se produjo jamás. Estos defienden que las cunetas no pueden estar llenas de fosas comunes porque en ellas están enterradas miles de personas y la libertad de todo un pueblo. Y a todo esto se apunta el que escribe. Pero algunos, de paso, quieren que se condene todo lo que ocurrió durante la dictadura y a todos. Es decir, quieren que toda la derecha española, por ejemplo, sea tachada de fascista, anti demócrata y lesiva para los españoles; de ser heredera del franquismo más radical y peligroso. Seguramente hubo familias que robaron a manos llenas durante esa época, seguramente hubo empresarios que hicieron dinero abusando de los que perdieron la guerra, seguramente quedan franquistas aquí y allí; pero es muy injusto señalar como asesinos, golpistas o fascistas a millones de personas. Eso es perder el sentido de la realidad. No se puede plantear una revancha estúpida, no se puede querer que se baile sobre las tumbas. Eso sería retroceder en el tiempo y contradecir la idea principal de todos los que quieren cerrar de una vez por todas un tiempo infame.

Existen varios problemas que alguien debería afrontar con calma y seriedad. La Ley de Memoria Histórica debe aplicarse en todos los casos. Eso es algo evidente. De igual forma y sin excepciones. Esta no es una ley que pueda ser utilizada para recuperar unos cuerpos y otros no, no puede cerrar unas heridas y dejar abiertas otras. Sería un desastre monumental que así fuera. Si alguien cree que este problema solo afecta a una parte está cometiendo un enorme error. Otra cosa bien distinta es que una de las partes afectadas es mucho más numerosa que la otra y ha sido silenciada durante décadas. Pero, en esencia, la ley debe aplicarse de forma similar en todos los casos. El problema es que algo evidente y de lógica aplastante defendido por un periodista enloquecido en un plató de televisión se convierte en una bomba de relojería. El problema es que aparezca en pantalla, como si fuera una gran estrella, la mujer que se conoce como la mujer más franquista de España. Los debates televisivos se han convertido en un número circense que no merecen los españoles. Pero lo que se dice en esos programas va calando entre la ciudadanía. Es una pena, pero el criterio de miles de personas depende de lo que se dice en programas de tres al cuarto. Resulta vergonzoso escuchar tanta idiotez entre gritos, entre posturas ventajistas y lamentables. Las cadenas deberían plantearse cuidar las formas y los fondos, deberían invitar a los que saben de cada tema aunque no den espectáculo. Y el Gobierno está obligado a informar con detalle para que las cosas queden claras del todo. Tantas veces como sea necesario, sin discursos partidistas.

Otro problema es que una ley, como es la de Memoria Histórica, sin una partida presupuestaria que la acompañe, es papel mojado. ¿Cómo es posible que esta ley no tenga un reflejo en los Presupuestos Generales del Estado para que pueda aplicarse? En los tiempos que corren, la falta de presupuesto es una condena a desaparecer sin dejar rastro. En definitiva, hace falta dinero. Es así de simple.

Por otra parte, sería conveniente fijar plazos. Un país no se puede permitir el lujo de tener en vigor una ley de estas características por los siglos de los siglos. Sería un sinsentido. Que se hagan las cosas que haya que hacer y que se acabe este maldito problema. Para siempre. Si en cinco años no ha hecho usted lo necesario para aplicar la ley... ha perdido su oportunidad. Acabar con este asunto es importante. Si los españoles van a tener que estar lanzándose los trastos a la cabeza por siempre jamás ¡apaga y vámonos¡

Vivimos en una democracia y estamos obligados a dialogar, a asumir lo que dice la ley, a convivir con diferentes ideologías. No se pueden perseguir ideas. Ni siquiera las independentistas o las franquistas. No gustan, pero son una opción como otra cualquiera mientras no se traspasen los límites que marca la ley. Además, debemos acostumbrarnos a no convertir cualquier cosa en el problema del siglo y aprovechar, sea lo que sea, para sacar los trapos sucios de cualquier otra cosa que está sin resolver. Otra de las cosas que parecen sencillas y no somos capaces de conseguir. Lamento decir que más veces de lo deseado son los políticos los culpables de ello. Muchos de ellos no han trabajado jamás en empresas públicas o privadas, ni en las administraciones. Y si pierden su sitio en el partido en el que militan no tienen nada porque no saben hacer otra cosa. Por eso se alimentan conflictos que hacen creer a los ciudadanos que ellos son muy importantes y que sin su ayuda no habría forma de prosperar. No es bueno estar en manos de malos políticos y en España, por desgracia, abundan. A un lado y a otro.


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