domingo, 17 junio 2018
23:32
, última actualización

Países de mierda

12 ene 2018 / 21:31 h - Actualizado: 12 ene 2018 / 21:43 h.

La última gilipollez de Donald Trump, valga la redundancia, ha sido preguntar en su clásico tono de energúmeno –y no precisamente en la barra de un bar de Tennessee con sus amiguetes de la escopeta en la ranchera, sino delante de unos cuantos diputados en el Despacho Oval– cómo es posible que sigan entrando en Estados Unidos «todas esas personas de países de mierda» –Haití, El Salvador, estados africanos...–, en vez de los noruegos, por ejemplo, tan guapos, rubios, altos y felices. La ONU ha saltado escandalizada, claro. Trump sabe mucho de países, tanto de mierda como de no mierda. Su padre era alemán y su madre era escocesa. Nació en un sitio llamado Jamaica, pero no el país –seguramente, desde su perspectiva, un país de mierda, de esos que flotan en el sumidero caribeño, junto a Cuba, la República Dominicana, Haití y otros cuantos– sino el barrio neoyorquino del mismo nombre, todo él lleno de casitas tudor, familias rubitas, pasteles de arándanos y cochazos en el garaje. Pero podría ser un ignorante en la materia y no importar lo más mínimo. Porque para eso está ahí la mismísima ONU –sí, esa, la que ha salido tirándose de los pelos y haciéndose la indignada con el eructo intelectual del homínido del pelo naranja–. La ONU elaboró el año pasado un ranking dentro de su cacareado Informe Mundial de la Felicidad encabezado por... efectivamente: Noruega. No sé qué entienden algunos por felicidad. Riqueza, prosperidad, piel blanquita, tener ingentes cantidades de petróleo en el Mar del Norte que permiten a la gente bien rascarse el ombligo y filosofar en los cafés. Pero sí sé lo que entiendo yo por mierda. Y con eso me conformo.

La última gilipollez de Donald Trump, valga la redundancia, ha sido preguntar en su clásico tono de energúmeno –y no precisamente en la barra de un bar de Tennessee con sus amiguetes de la escopeta en la ranchera, sino delante de unos cuantos diputados en el Despacho Oval– cómo es posible que sigan entrando en Estados Unidos «todas esas personas de países de mierda» –Haití, El Salvador, estados africanos...–, en vez de los noruegos, por ejemplo, tan guapos, rubios, altos y felices. La ONU ha saltado escandalizada, claro. Trump sabe mucho de países, tanto de mierda como de no mierda. Su padre era alemán y su madre era escocesa. Nació en un sitio llamado Jamaica, pero no el país –seguramente, desde su perspectiva, un país de mierda, de esos que flotan en el sumidero caribeño, junto a Cuba, la República Dominicana, Haití y otros cuantos– sino el barrio neoyorquino del mismo nombre, todo él lleno de casitas tudor, familias rubitas, pasteles de arándanos y cochazos en el garaje. Pero podría ser un ignorante en la materia y no importar lo más mínimo. Porque para eso está ahí la mismísima ONU –sí, esa, la que ha salido tirándose de los pelos y haciéndose la indignada con el eructo intelectual del homínido del pelo naranja–. La ONU elaboró el año pasado un ranking dentro de su cacareado Informe Mundial de la Felicidad encabezado por... efectivamente: Noruega. No sé qué entienden algunos por felicidad. Riqueza, prosperidad, piel blanquita, tener ingentes cantidades de petróleo en el Mar del Norte que permiten a la gente bien rascarse el ombligo y filosofar en los cafés. Pero sí sé lo que entiendo yo por mierda. Y con eso me conformo. ~


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