domingo, 17 diciembre 2017
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Portugal está por ver

12 ago 2017 / 21:17 h - Actualizado: 12 ago 2017 / 21:19 h.

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Los caserones de la Rúa Augusta, que llevaban décadas consumiéndose en el abandono y la decadencia, lucen espectaculares rehabilitados por entidades financieras o de servicios. A lo largo de la calle atestada de turistas, la fachada que no está flamante es porque se encuentra cubierta con los grandes toldos decorados que ocultan los trabajos de restauración. Desde la plaza de Rossio, Lisboa ofrece una de las vistas más hermosas de Europa cuando la mirada recorre esta avenida y, allá al fondo, a través del Arco del Triunfo, el Mar de la Paja brilla impresionante como una prolongación de la plaza del Comercio. El vecino Portugal exhibe destellos de gloria con una humildad reservada en exclusiva a la grandeza.

Es la consigna del momento: Portugal está de moda. Ganaron la Eurocopa, la Eurovisión y están ganando la eurorrecuperación. Después de hundirse prácticamente en la bancarrota, el país está creciendo casi un tres por ciento, el paro se recorta a la mitad y los salarios suben tímidamente. Continúa siendo una economía modesta pero el auge del turismo, que crece hasta un 30 por ciento en algunos destinos, le brinda una oportunidad de ir ganando solvencia año tras año. Porque el turismo ha puesto sus ojos en Portugal. El año pasado, tres de cada cuatro viviendas vendidas en Lisboa fueron compradas por extranjeros. Los precios de los pisos, dicen los portugueses, son precios para extranjeros. Fue en Portugal, en Oporto y Lisboa, donde por primera vez vi pintadas contra los turistas: tourist go home. Una contradicción en un país donde todo te invita a quedarte, a volver.

La razón es inconcreta. Será el rico patrimonio monumental, será la gastronomía, serán las playas, será el alma portuguesa, será Pessoa. La presencia del poeta nacional (con permiso de Luis de Camões), es una constante en la marca Portugal, y las citas de Pessoa (que sólo en Portugal podría llamarse Persona un escritor de estas características) constituyen eslóganes turísticos de lujo para mostrar al visitante la riqueza de este país. Porque Pessoa no era una sola persona. La invención de sus heterónimos (Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis...) es el paradigma de la honda, compleja, contradictoria y diversa nación portuguesa, e ilustra a la perfección el poder de atracción que ejerce entre quienes se interesan por conocerla.

Dicen algunos españoles que en Portugal están como en casa, pero con otro idioma. Es una manera sencilla de explicar lo cómodos que nos encontramos allá, porque realmente, según se mire... el país vecino, como cualquier hermano, más bien es otro mundo con un idioma parecido.

De cualquier forma, a Portugal siempre le deseamos lo mejor, los mayores éxitos, un creciente progreso económico y bienestar para su gente, y que sigan prosperando con ese profundo respeto por el pasado y amor por lo antiguo que exhiben en todo lo que hacen. Tal como está la cosa con los turistas, no sé si hago bien expresando mi admiración por este país, no es cuestión de contribuir más a la masificación (aunque, a decir verdad, Portugal tiene aún muchos lugares por descubrir). De todos modos, que cada cual haga su lectura. Así como escribió Pessoa:

‘Dicen que finjo o miento

todo lo que escribo. No.

Yo simplemente siento

con la imaginación.

No uso el corazón.

Por eso escribo en medio

de lo que no está al pie,

libre de mi titubeo.

Serio de lo que no es.

¿Sentir? ¡Que sienta quien lee!’.


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