miércoles, 24 abril 2019
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Prohibir «Caperucita Roja»

14 abr 2019 / 09:30 h - Actualizado: 14 abr 2019 / 09:49 h.
  • Amanda Seyfried como ‘Caperucita Roja’ en la película dirigida por Catherine Hardwicke. / El Correo
    Amanda Seyfried como ‘Caperucita Roja’ en la película dirigida por Catherine Hardwicke. / El Correo

Un buen libro lo es porque, entre otras cosas, es transgresor, porque forma parte de un universo literario que es una de las herramientas más contundentes contra el pensamiento único. Y un libro es transgresor porque obliga a mirar la realidad desde un punto de vista radicalmente distinto a lo que va imponiendo la sociedad.

Eliminar libros de las bibliotecas por ser considerados sexistas es una torpeza. Los cuentos clásicos que se han retirado en la escuela Tàber de Barcelona (200, nada más y nada menos) se denominan clásicos (algunos de ellos), no solo porque se escribieron hace muchos años y han resistido todo tipo de adversidades; no, se llaman clásicos porque han resistido todo tipo de lecturas, todo tipo de interpretaciones. Los padres y madres de esa escuela pública, la dirección y el claustro, seguramente, han tenido la mejor de las intenciones al prohibir esos libros, pero deben saber que eso quiebra algo fundamental para la inteligencia del ser humano (incluidos sus hijos): no existe mejor explicación de la realidad que la que llega desde la ficción. El relato es lo que nos ha permitido encontrar el camino que nos puede llevar a conocer el sentido de la vida.

Si el feminismo que muchos deseamos que se imponga se va a convertir en una especie de pensamiento único, en una especie de guerra contra lo que fue el mundo (¡si no conocemos lo que hemos sido estamos apañados!), en una prohibición estúpida tras otra, muchos seremos los que nos bajemos de ese tren.

Si queremos prohibir novelas, poemarios y ensayos, por sexistas, nos podemos poner las botas. Yo creo que del 90 por ciento no baja el porcentaje de novelas sexistas.

Por cierto, ¿esos padres leyeron, siendo niños, esos cuentos? Supongo que sí. Y, ahora, son capaces de tener un criterio claro y rotundo sobre lo que es el sexismo y sus consecuencias. La pregunta obligada es ¿por qué, muchas veces, pensamos injustamente que nuestros hijos van a ser incapaces de hacer lo que hicimos nosotros?

Todo esto me hace recordar algo que me pasó hace algún tiempo. Dije que a mí ‘me ponía la estética de la violencia’ y alguien se echó las manos a la cabeza, dijo que eso era hacer apología de la violencia y que alguien como yo no debería poder abrir la boca porque sus hijos podían escucharme. Una vez que acabó la protesta, pregunté a ese sujeto si había pensado en el número de obras maestras de cualquiera de las artes que tenían que ver con guerras, batallas, peleas familiares, mitos brutales o sangrientos y cosas parecidas. Y le pedí que pensara en sus obras favoritas por si alguna de ellas narraba episodios violentos. Se acabó la polémica en ese mismo momento.


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