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Propuestas para la Noche 2017, a 25 años de la Expo’92

El vigésimo quinto aniversario de la Expo’92 debería servir para replantear el erróneo modelo de recuperación para fines culturales de espacios que solo son pensados como contenedores de exhibición o sedes administrativas

08 oct 2016 / 00:20 h - Actualizado: 08 oct 2016 / 09:13 h.
  • Propuestas para la Noche 2017, a 25 años de la Expo’92

Querer es poder. La Noche en Blanco sevillana tiene el encomiable espíritu colaborativo que se identifica más con las admiradas ciudades de Escandinavia donde se inició esta experiencia hace más de 20 años bajo el nombre de Noche de la Cultura. Y también atesora el éxito de convocatoria que se asocia más con las grandes capitales europeas como Berlín y París que después hicieron suya la idea desde sus respectivas alcaldías bajo el lema de Noche en Blanco. Desde que en Madrid se suprimió en 2011 porque su modelo de evento era el de la grandeur de Ruiz Gallardón, campeón nacional en endeudar a su ciudad, aún más se afianza la de Sevilla como ecuación adecuada y perdurable: organizada desde la sociedad civil, con vocación altruista y con voluntad integradora.

Mejor le iría a Sevilla si a lo largo de todo el año, y en todos los ámbitos (institucionales, empresariales, universitarios,...), se normalizara la actitud colaboradora y el interés por formar parte de iniciativas cuya potencia se focaliza en el protagonismo de la ciudad y no en las vanidades de personajes ávidos de salir en la foto. Igual que lo están haciendo otros eventos profesionales a la par que lúdicos como, entre otros, el Startup Weekend Sevilla, o el Sevilla Developers Conference, o el WordCamp Sevilla, o Photoquivir, o la Semana del Diseño, que aportan valor tangible e intangible mediante otros formatos de confraternización y de transferencia de conocimiento. Quienes aún consideran que en Sevilla solo hay un estilo de articular la sociabilidad no se han enterado de lo que está sucediendo a su vera.

Una de las objeciones que se le hacen al auge de la Noche en Blanco es considerar que perpetúa un criterio muy pernicioso: el gratis total. La Cultura, y sus profesionales en todas las modalidades estéticas y técnicas, padecen de continuo la escasa estima que nuestra sociedad le tiene a pagar por la cultura, ya sea un objeto (libro, disco,...) o una actividad (concierto, exposición,...). Tan pésimamente se ha educado en ese sentido, durante el franquismo y durante la democracia, con un similar patrón de paternalismo mal entendido, que está muy extendida la consideración de que la cultura es gratis sí o sí. Ya la pagará Papá Estado, Mamá Autonomía, el Hijo Ayuntamiento o el Abuelo Diputación. O incluso la Prima Europa. Es un error atribuir en Sevilla a la Noche en Blanco que sea correa de transmisión del menosprecio en la valoración y cotización profesional los 364 días restantes. A mi juicio, la perspectiva correcta es la siguiente: nadie tiene dudas de que cualquier día ha de pagarse en un bar o restaurante por consumir su oferta gastronómica. Y, una vez al año, miles de personas comen gratis en eventos como el Día del Arroz en Isla Mayor. Esa es la proporcionalidad que debe alcanzarse en la oferta cultural entre lo que se transacciona 12 meses y lo que se comparte 1 noche.

Precisamente esa vertiente de profesionalidad, de vivir la cultura no solo con pasión sino también como base del sustento personal, es uno de los ejes temáticos que sugiero para la edición 2017. Gracias a la Noche en Blanco, miles y miles de sevillanos se han adentrado en iglesias y casas palacio restauradas por la labor de arquitectos, arqueólogos, historiadores, etc.; han conocido espacios de creación y formación cultural en los que ponen sus esperanzas escritores, bailarines, actores, pintores, fotógrafos, cineastas, etc.; han entrado con sus hijos en librerías o en salas de concierto, donde han de bandearse editores, libreros, músicos, técnicos, etc. Después de esa era de los descubrimientos ya toca un día de puertas abiertas con el fin de divulgar, compartir y empatizar mejor que la inmensa cantidad de ciudadanos implicados profesionalmente en la cultura no puede vivir solo de amor al arte. Eso no vale de carta de pago en los ultramarinos.

Y, en esa misma línea, propongo otro eje para conformar la Noche en Blanco de Sevilla en 2017, año en el que se cumple el vigésimo quinto aniversario de la Expo’92. Que sirva para replantear el erróneo (e insostenible económicamente) modelo de recuperación y reutilización para fines culturales de espacios históricos, que solo son pensados como contenedores donde exhibir cultura (casi a todas horas sin público) o donde colocar sedes administrativas. La prioridad ha de ser facilitar que en todos (Artillería, San Luis, Turina,...) haya incubadoras para la creación y desarrollo de empresas culturales que entiendan el mundo como su ámbito natural de captación de ingresos. Esa es la madre de todas las prioridades.

En toda esa movida de una Noche especialmente simbólica, propongo un tercer eje: contar con la participación, presencial o digital, de la gran cantidad de jóvenes sevillanos que están prosperando en el extranjero como profesionales de la cultura. En ballets, en orquestas, en productoras audiovisuales, etc. Algo inimaginable hace 25 años. No nos olvidemos de ellos. No solo lograron perder el miedo a comerse el mundo y ser el mundo, sino que superaron la incomprensión y la frustración de sentir que en su tierra natal estaban y están taponados.


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