lunes, 24 septiembre 2018
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Volver a empezar

El Sevilla se pone en manos de Caparrós para intentar reconstruir íntegramente
la parcela deportiva, el gran lunar de una temporada marcada por la irregularidad

27 may 2018 / 22:42 h - Actualizado: 28 may 2018 / 20:36 h.
  • Volver a empezar

Cuando no se puede cambiar de página es mejor cambiar de libro. Sirva la metáfora para explicar la situación tan delicada que afronta el Sevilla FC. Que la salida de Monchi iba a provocar un daño casi irreparable se intuía, lo que nadie imaginaba es el tsunami que ha llegado a Nervión tras la marcha del ahora director deportivo de la Roma. Confiar en Óscar Arias fue, a priori, dar continuidad al proyecto, pero con la boca pequeña, pues la realidad es que intentaron fichar a Antonio Cordón y no pudieron. Quedarte con la segunda opción permite que ocurra lo que hemos visto este año: a la primera de cambio, ¡zas! El ex director deportivo fue el eslabón más débil de una cadena de la que tiraba el presidente José Castro. Después de echar a dos entrenadores y habiendo señalado a Arias, sabía que ya sólo quedaba él. Desesperado, acudió a Joaquín Caparrós. Sabía que un mito del sevillismo taparía muchas bocas y, lo más importante, cumpliría el objetivo a pesar del marronazo que le estaba endosando. Hasta ahí todo bien, salvó el año como pudo.

Castro se rodeó de los pocos hombres de fútbol que aún le quedan cerca para buscar soluciones. La primera, en la frente: Cordón volvió a negarse. Se activó un plan B tanteando a directores deportivos de equipos modestos, el último Ramón Planes (Getafe). Y más de lo mismo. Éste pidió discreción, pues su jefe no sabía ni sospechaba lo que estaba ocurriendo. El bueno de Pepe, al que cada día le obsesionan más las redes sociales, en su afán por quedar bien, filtró la noticia. Falló a Planes en su primera petición y éste ya no se fiaba. Algo parecido ocurrió con Vitolo, pero no aprende.

Castro volvía al punto de partida. Nervioso y sin opciones, sabía que no podía protagonizar un tercer ridículo. Y volvió a llamar a Caparrós. «Fue nuestra primera opción», dijo el presidente. ¡Toma ya! Algo parecido a lo de haber estado durante 24 horas en tres competiciones, o cuando se enfadó en la Feria al ser cuestionado por el malestar del sevillismo. Castro se instala por momentos en una realidad paralela y cree que el personal le sigue. Se equivoca. La grada del Sánchez-Pizjuán es sabia y hay cosas que no cuelan. Que Caparrós haya tenido que aparecer de nuevo al rescate al menos tranquiliza. Se ha rodeado de gente que sabe de qué va esto, como Marchena o Gallardo, formados y con hambre. Se trata, sencillamente, de volver al principio. Y recuerden: ni todo lo que escriba un tuitero es el sentir del sevillismo, ni todas las gestiones del presidente merecen una medalla.


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