jueves, 23 noviembre 2017
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Una perla de la calle Feria

La Virgen de Los Javieres es como una perla. Brilla sin molestar y enamora sin remedio. Tiene esa belleza cautivadora pero no estridente, una belleza templada

21 abr 2017 / 13:32 h - Actualizado: 23 abr 2017 / 16:28 h.
  • Una perla de la calle Feria

Yo no sé cuánto la quieres tú. Yo la adoro. Como adoro las manos de San Juan que este año le han dado compañía y caricias por la ciudad cuando Ella más lo necesitaba. Al terciopelo de su piel le faltaba ese cepillo de coral que le sacara brillo a una escena ya iluminada por el amor más grande. Gracia y Amparo sigue igual de guapa, de conmovedoramente guapa, pero ahora se ha subido Sevilla a su paso de palio a decirle que la quiere. Lo ha hecho a través de Juan, que tanta lágrima vio, y tan cerca, a la hora de la cruz y de las Almas. Ella parece sonreír. Siempre le gustaron los piropos, incluso en la hora del duelo.

La Virgen de Los Javieres es como una perla. Brilla sin molestar y enamora sin remedio. Tiene esa belleza cautivadora pero no estridente. Es una guapura templada, pacífica, tierna como la noche del Martes Santo a la hora del regreso al templo antiguo. Gracia y Amparo no hace ruido. Lo que hace es sacudirte, tocar a la puerta de tus entrañas. Pero no espera y pasa sin aguardar tu respuesta. Ella se cuela.

No es de hablar mucho. Ella es más de llorar y esperar que te rindas, y además sabe que vas a hacerlo, que no soportarás verla así y caerás rendido. Al final lo que Gracia y Amparo requiere son tus besos en sus manos, tus oraciones en su pecho, tu arrepentimiento delante de esos ojos. Quiere que ames a su Hijo con toda el alma. Quiere que la quieras. Quiere que la comprendas y aceptes su humanidad en ese preciso momento. Gracia y Amparo quiere que tú seas Juan, que te subas al calvario con Ella, y que recorras los miedos tocando su mano, cerca siempre del repeluco del dolor más grande. Quiere que no la olvides, quiere que vayas a verla. Quiere que te bebas la sal de sus lágrimas. Ella quiere que perdones y sigas caminando. Que camines con el perdón de su Hijo, ahora muerto. Quiere que no olvides la cruz de madera y pecados que atraviesan los clavos con la carne de su vientre metida en medio. Quiere quererte. Quiere que la quieras.

Y por eso es una perla que no brilla con fuerza si no te acercas. La Virgen de los Javieres no buscó jamás convencerte a gritos. Ella te espera paciente. Pero si ve que no llegas, es capaz de agarrarte por la fe –la que mueve montañas– y no te escapas de ninguna manera. Piénsalo antes de acercarte demasiado.

Este año Sevilla le ha puesto a Juan a su vera, pero íbamos todos los sevillanos besando a María. Ocurrió por la calle Feria que alguien me preguntó: «Oiga esta Virgen es una joya, ¿verdad? Al menos a mí me parece una preciosidad». Y yo le dije: «Caballero, a mí me parece una perla. Y tenga cuidado si se acerca a ver su brillo. Es posible que se quede usted en la calle Feria... pero para siempre».


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