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«El mejor pabellón de la Expo 92 fue sin duda la ciudad de Sevilla»

Denis Rafter, director y actor irlandés, fue el comisario encargado de gestionar la presencia de Irlanda en la Expo 92. Esta semana presenta en Itálica la obra ‘Edipo Rey’ con Teatro del Noctámbulo, en cartel hasta el 19 de agosto

16 ago 2017 / 22:08 h - Actualizado: 17 ago 2017 / 08:47 h.
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Una de las anécdotas más especiales de Rafter tiene lugar en el comienzo de su periplo por España. A principios de los 60, era delegado de las aerolíneas irlandesas Aer Lingus en España y Portugal. Por aquel entonces, en Barajas, había un fotógrafo que sacaba fotos desde el pie del avión a los pasajeros. «Tengo una bajando la escalera con una gabardina. Tenía 22 años. Poca gente tiene foto de la primera vez que pisó el país donde luego vivió tanto».

Vinculado siempre a España como actor y director de teatro, Denis Rafter recibió el encargo de comisariar el pabellón de Irlanda en la Expo 92. De este país se recuerda su fuerte apuesta por el teatro, sus números musicales y el día en que convirtieron Sevilla en Liliput haciendo entrar a Gulliver por el Guadalquivir. «Yo me enfoqué en la cultura irlandesa porque lo vi una oportunidad ideal para aprender y compartir mi propia tradición. Lo importante era contar una historia de lo que hemos hecho como país y como pueblo». La cultura, columna vertebral de la organización de este pabellón, abarcaba motivos tan plurales que incluían «desde James Joyce hasta María Pagés bailando música irlandesa».

A pesar de la bella y enriquecedora experiencia, Rafter analiza con ojo crítico la gestión del legado de la Expo: «Uno de los errores de la ciudad fue la enorme subida de precios. Tanto en los hoteles, los restaurantes o, como en mi caso, la reserva de espacios escénicos», observa como problemática, pero no exclusivamente. «Creo que no han tenido bien planeado qué hacer después con el recinto de la Expo. Durante muchos años estuvo bastante parado con algunas pocas oficinas. Sé que ahora hay más, pero, por ejemplo, en el pabellón de Europa entraba la autoridad de aduanas creo recordar y rompían toda la exposición que había dentro para que no se pudiera vender, ya que muchos objetos de los que había dentro llegaron al país sin pagar impuestos. Eso fue como cortarse su propia nariz».

«Irlanda, por ejemplo, no hubiera podido haber mantenido ese pabellón desde fuera durante 25 años, y nadie lo compró, así que tuvimos que desechar todo, como pasó con el pabellón de Japón. El plan estaba también muy orientado a lo audiovisual, lo que, hasta cierto punto, está bien, pero, lo que no había era un pensamiento para el mantemiento de negocios y población activa viviendo ahí».

A pesar de todo, Rafter dice que no le cuesta reconocer que «fue una experiencia muy positiva, porque, además, el mejor pabellón de la Expo fue sin duda la ciudad de Sevilla».

Después de la Expo, se sumergió de lleno en la dramaturgia, a la que se sigue dedicando por completo hoy en diferentes facetas. En su larga trayectoria teatral tanto académica como sobre las tablas, cuando se le pregunta qué obras vería representativas en un pabellón de España para una Expo, tiene una idea bastante clara. «Yo creo que tendríamos que empezar con La Celestina. Luego, pondría a Cervantes, y después sus entremeses, que tienen mucha comedia. Por supuesto, también La vida es sueño, y me gustaría ver a Valle-Inclán, Lorca –no dirigido por un andaluz, sino visto por mí o alguien de fuera–, Historia de una escalera de Buero Vallejo y alguna pieza contemporánea, lo cual es difícil, porque hay muchas que son pura narrativa. El teatro hoy no tiene buena dramaturgia, sino mucho diálogo, y eso lo hace muy diferente».

Con respecto al teatro español, Rafter teme el poder de la taquilla sobre la calidad de las obras. En España se hace un buen trabajo, los actores han crecido mucho porque tienen cada vez más libertad, pero sí que tiene todavía el veneno de la mediocridad que tiene más reconocimiento que la calidad, así que hay que tener cuidado con eso porque no todo es válido».

Con su cuidada versión de Edipo Rey, el director quiere llevar la enseñanza clásica al público moderno: «No lo digo porque soy el director, pero la gente verá una obra en un teatro romano de verdad, que es una joya. También hablamos de una gran tragedia griega de Sófocles y una compañía propia extremeña, Teatro del Noctámbulo. No he dicho nada del director para que la gente vea que puedo distanciarme de eso, pero aseguro que les va a impresionar que una obra de hace 2.400 tenga algo decir al mundo de hoy sin contemporaneizar: un hombre que por su debilidad es capaz de matar a su padre y que, de una manera muy orgullosa, dicta sentencia antes de conocer al culpable, acaba condenándose a sí mismo y reconociendo su responsabilidad. Hoy en día, todo el mundo pretende echarle la culpa a otro, eso no ha cambiado. Edipo acepta su culpabilidad y por eso es un gran héroe griego».

Así, con el espíritu de la Expo 92 de universalidad y multiculturalismo, el director irlandés insiste en que, en el fondo, no somos tan distintos: «Los pueblos tienen mucho en común si tocas el alma y el sentido. Al final, ¿qué es una obra clásica? Pues la que toca el alma a un irlandés, a un japonés, a un andaluz, a un inglés... Sí, ese es nuestro punto de unión».


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