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Real Orquesta Sinfónica de Sevilla

La música no entiende de fronteras

En la segunda comparecencia de Marc Soustrot en el Teatro Lope de Vega, la Orquesta Sinfónica de Sevilla brilló en su interpretación de Mozart y Schubert, sobresaliendo el fagotista Álvaro Canales Albert, ganador del IV Concurso Nacional AFOES 2021

04 mar 2022 / 08:17 h - Actualizado: 04 mar 2022 / 09:44 h.
"Real Orquesta Sinfónica de Sevilla"
  • El director Marc Soustrot junto al fagotista Álvaro Canales Albert en el Lope de Vega / J. J.
    El director Marc Soustrot junto al fagotista Álvaro Canales Albert en el Lope de Vega / J. J.
  • El director gerente de la ROSS, Pedro Vázquez / J. J.
    El director gerente de la ROSS, Pedro Vázquez / J. J.

Segundo concierto del ciclo ‘Noches del Lope’, segunda comparecencia de Marc Soustrot al frente de la misma, y nueva oportunidad para disfrutar de la Orquesta Sinfónica de Sevilla lejos de su hábitat natural, el Teatro de la Maestranza. Esta vez con un atractivo programa-homenaje a dos genios inmortales cuyo legado trasciende lo puramente musical: Wolfgang Amadeus Mozart y Franz Peter Schubert. Ni que decir tiene que cualquier pieza de sus repertorios sería digna de figurar en un concierto de altura, si bien, el principal acierto de los organizadores es haber optado por dos obras que fueron compuestas antes de que sus creadores cumpliesen los veinte años. En el caso de Mozart, el «Concierto para fagot y orquesta, en Si bemol mayor, Kv 191», que vio la luz en 1774, cuando el alemán contaba 18 años; y en el de Schubert, la «Sinfonía nº5, en Si bemol mayor, D. 485», escrita en 1816, con el austriaco sumando 19. Ambas son la confirmación de que el virtuosismo no entiende de edad, máxime cuando sus portadores venían dando muestras de talento desde la más tierna infancia.

Arrancó la composición mozartiana con un primer movimiento rotundo en el que Álvaro Canales Albert, ganador del IV Concurso Nacional AFOES 2021, organizado por la Asociación de Fagotistas y Oboístas de España, demostró un excelente dominio del instrumento. No en vano, ya desde la introducción, el alicantino exhibió una particular destreza a la hora de realizar adornos, manteniendo a su vez una línea melódica continua muy de agradecer en este tipo de partituras. Esto, sumado a la reiteración de la melodía principal —propia de los compositores de los siglos XVII y XVIII—, sirvió para enganchar a un público ávido de disfrutar desde el primer instante. Seguidamente, Soustrot se internó en el siguiente movimiento de manera serena pero fluida, algo a lo que contribuyó la conexión entre el fagotista y el resto de la orquesta —buenas intenciones y mejor empaste—. En todo momento, Canales supo controlar la respiración, revelando un fraseo primoroso y elegante. En cuanto al Rondó, la orquesta supo conferirle el aire ligero y dinámico que precisaba, envolviendo al público en una suerte de compás brillante y pleno de vida.

La segunda parte del programa, dedicada al compositor vienés Franz Schubert, arrancó con un allegro en consonancia con lo que se esperaba: esto es amplitud, profundidad y buena administración de los matices. Dado el protagonismo de la cuerda, la magia brotó en forma de acentos, y ello pese a la característica falta de grandilocuencia del estilo clasicista. Con un menuetto con guiños a Mozart y un allegro vivace en la línea de Haydn, Soustrot adentró al respetable en el paisaje húngaro merced al inconfundible cromatismo schubertiano, el cual fue deslizando con una variada paleta de colores en la que no faltaron los saltos, los tributos y los aterrizajes plácidos, para concluir con las sorpresas armónicas insertas en el finale.

En suma, ‘Noches del Lope II’ nos permitió reencontrarnos con la mejor cara de la Orquesta Sinfónica de Sevilla en una noche fría en lo meteorológico pero luminosa en lo artístico, y en la que la nota emotiva tuvo lugar al inicio en forma de alegato por la paz —la música no entiende de fronteras—, y al final con los prolongados aplausos.


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