La Ruta 99, el reto turístico contra la despoblación para gozar del silencio

07 mar 2022 / 04:45 h - Actualizado: 07 mar 2022 / 04:45 h.
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En pleno corazón de la Sierra de Espadán, los vecinos de los municipios castellonenses de Higueras, Pavías y Torralba del Pinar son testigos directos de la nueva experiencia de la Ruta 99, viendo cómo cientos de visitantes acuden ya a sellar su credencial ante un paisaje «que no lo encuentras en muchos sitios» y donde todavía es posible «escuchar el silencio».

La Ruta 99 es un ambicioso proyecto de la Generalitat nacido con el objetivo de promocionar turísticamente y dar visibilidad a los 24 municipios de la Comunitat Valenciana con menos de 100 habitantes que se encuentran en riesgo de despoblación. Los participantes obtienen un pasaporte o credencial que, a imagen del Camino de Santiago, sellan en cada municipio y con el que pueden conseguir una mochila como recompensa.

DESCUBRIENDO PUEBLOS AISLADOS

De los 24 municipios, 17 son de la provincia de Castellón y de ellos hay «una cuadrilla» (Matet, Pavías, Higueras, Villamalur y Torralba del Pinar) que están «aislados» y encajados en pleno Parque Natural de la Sierra de Espadán. Tres de ellos, Higueras, Pavías y Torralba del Pinar, comparten mayor cercanía y un complicado acceso.

Así lo explica a EFE la alcaldesa de Pavías, Mari Carmen Vives, que está al frente del consistorio desde hace dieciséis años y al que decidió trasladarse a vivir después de nacer en Barcelona y vivir allí veinticuatro años, para volver al pueblo de su madre a desarrollar su proyecto de vida.

Vives asegura que las credenciales que la Generalitat entregó en el pueblo se agotaron enseguida. «Hemos tenido que hacer más fotocopias» y «aunque hay algunos visitantes que lo sellan y se van, muchos se interesan por nuestras visitas guiadas, reservan en el bar para comer o hacen planes para volver al pueblo», donde se pueden alojar en su casa rural, comer un delicioso conejo en el bar o visitar su iglesia, las trincheras de la Guerra Civil o los cubos de vino recuperados por el consistorio.

UNA NUEVA VIDA PARA EL BAR DEL PUEBLO

También en el bar de Higueras son especialistas en preparar el conejo y es además punto de reunión de vecinos y visitantes. Amelia Gil regenta el bar y asegura que han sellado ya más de 200 credenciales de la Ruta 99, un hecho que ayuda a que «el bar esté a tope los fines de semana», y que contribuye a sacar adelante un negocio en el que, bromea, pagan la luz «igual de cara que en un bar de Madrid».

Mercedes Giménez, alcaldesa de Higueras, indica que el pueblo ya atraía los fines de semana a grupos de «senderistas, caminantes, ciclistas y motoristas», pero la llegada de visitantes se ha disparado con la Ruta 99, una iniciativa que no duda en calificar como «un exitazo».

En el pueblo «somos una familia», proclama orgullosa Giménez; entre todos se cuidan y controlan, y hacen gala de una «tranquilidad» y un entorno natural «difícil de encontrar en otro sitio». «En invierno, me salgo a la plaza y escucho el silencio», dice para admitir: «He aprendido a reconocer el sonido del erizo en celo, la zorra, los búhos...».

VUELTA A LAS RAÍCES

Maribel Pablo ha vuelto a Higueras, el pueblo de su madre y donde pasó todas las vacaciones de su infancia, tras jubilarse como enfermera en Barcelona. «Aquí no hay prisas ni estrecheces», asegura mientras enseña un botiquín de la Guerra Civil que se exhibe en el Museo Etnológico del municipio con cariño: «Es deformación profesional», bromea.

También la tranquilidad y el arraigo ha traído al pueblo a Angelines Vicente, que nació en Francia y trabajó y vivió en Roma, Ginebra y en Estados Unidos, pero ahora, ya jubilada como profesora, reivindica un modo y una calidad de vida que «no se tiene en las ciudades, donde es todo fachada».

«Una cosa es abrir una ventana y ver un edificio, y otra muy distinta es abrirla y ver esto», asegura Angelines con la vista puesta en el manto verde que rodea al municipio.

Por su parte, Elena Secanella y Juan Jesús Rodríguez dejan Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) en cuanto les deja el médico para pasar largas temporadas en Higueras. También tienen arraigo familiar en el pueblo y aprecian la tranquilidad que disfrutan ellos y han disfrutado siempre sus hijos, quienes desde pequeños, cuando llegaban y abrían la puerta del coche, «salían corriendo, libres», mientras que en la urbanización en la que residen «no han salido nunca».

NATURALEZA, PERO TAMBIÉN FIBRA ÓPTICA Y MEJORES CARRETERAS

El alcalde de Torralba del Pinar, Fernando Barrachina, asegura que la Ruta 99 ha traído a más visitantes y muchos «se interesan y hablan con el bar para reservar una mesa y hacer una excursión en los alrededores», en los que, presume, tienen «una microrreserva de flora y fauna, con rapaces como águila perdicera, búhos o lechuzas».

«Cualquier iniciativa es buena para mejorar la vida de la gente y traer algo de dinero a los pueblos», señala Barrachina, quien se congratula de que les vayan a instalar la fibra óptica en las próximas semanas, algo con lo que ya cuentan Pavías e Higueras y que ya ha facilitado que mucha gente se haya mudado al pueblo para teletrabajar de manera permanente o intermitente.

No solo la cercanía y la naturaleza unen a estos pueblos, sino su reivindicación en cuanto a infraestructuras y servicios. Los tres alcaldes ponen encima de la mesa la necesidad de tener servicio médico dos días a la semana, como ya tenían, porque un solo día es «insuficiente», para una población que está envejecida, pues solo Pavías cuenta con niños.

Los alcaldes reivindican el futuro de sus pueblos, pero «para que funcionen» han de «tener servicios». «Puedes tener ganas de venir a vivir al pueblo, pero si te pasa algo o estás sin coche, estás aislado», añade Vives.


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