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'Al Potaus le ha venido bien la crisis al frenar al urbanismo a base de talonario'

Desde su cargo como secretaria general de Planificación y Desarrollo Territorial de la Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio ha sido una de las máximas responsables del Potaus, el Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Sevilla, que dibuja el futuro de la Gran Sevilla. Foto: Antonio Acedo.

el 15 sep 2009 / 20:14 h.

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O. Granado / A. Morente

-Da la impresión de que al final el acuerdo con los alcaldes no ha sido tan complicado.

-Al principio costó, pero la verdad que muchísimo menos de lo que yo esperaba. Vino muy bien ese cuerpo a cuerpo que se dio en julio, en el que todos los alcaldes abrieron sus corazones para decir qué era fundamental para ellos y yo les intenté hacer ver que si todo eso se volcaba en un territorio era insostenible. A pesar de algunas declaraciones, el grado de consenso ha sido magnífico incluso con ayuntamientos del PP, independientes o de IU. También los agentes económicos y sociales se han volcado para que éste sea el primer plan concertado en la historia de la planificación territorial en Andalucía.

-Pese al rechazo inicial de la Junta no ha habido problemas en aceptar las alegaciones.

-Absolutamente, porque realmente se ha primado la ilusión, las ganas y los criterios territoriales de reequilibrio. Al principio fue difícil el entendimiento, pero al final me precio de llevarme bien con todos los alcaldes de la conurbación urbana.

-¿El contexto de crisis ha venido bien al propiciar la desaparición de proyectos polémicos?

-Efectivamente, pero me gustaría resaltar otra vez la responsabilidad ejercida por todos los ayuntamientos, de cualquier signo: han sido tremendamente honestos para reconocer si había una fantasmada y no crear falsas expectativas. El hecho de que estemos en una situación económica de crisis le ha venido bien al Potaus al no haber ruido alrededor, porque se ha frenado el urbanismo a golpe de talonario como se ha producido en otras épocas. Ha habido una serenidad que ha facilitado el diálogo.

-¿No han tenido entonces tanta presión del ladrillo?

-Sobre todo los alcaldes. Hemos podido decidir entre todos con absoluta libertad, no presionados o agobiados porque alguien estaba detrás nuestra. Los proyectos por los que hemos apostado, después de tres intentonas y 20 años, son para sacar cuanto antes una oferta en esta situación económica, para hacer ver que ahí hay oportunidades, porque no se van a limitar los crecimientos de los ayuntamientos.

-¿Qué han primado para aceptar sólo uno de los tres proyectos de campo de golf que había, el de la ampliación del de Aznalcázar?

-Los campos de golf son objeto de una regulación específica y, como equipamiento deportivo, no tienen ningún inconveniente para situarse cuando quieran en cualquier sitio. Los inconvenientes surgen cuando se trata de crear una población nueva con la excusa de un campo de golf, y no queremos ocupar todo el territorio con urbanizaciones así. Queremos proyectos turísticos importantes, pero hasta ahora siempre han sido proyectos inmobiliarios que tenían como complemento un campo de golf.

-Al satanizar el modelo de urbanizaciones, ¿se apuesta por que crezca más el pueblo en sí?

-Absolutamente, porque es el modelo de ordenación del territorio de Andalucía: ciudad compacta, mediterránea, diversa. Excepcionalmente irán determinados crecimientos cuando se pongan en carga sobre todo suelos productivos, que sí van a generar un incremento de población en un determinado ámbito. En esos casos hemos tratado de situar las áreas residenciales lo más próximo posible para evitar desplazamientos, pero esa es la excepcionalidad.

-¿Hay ahora demasiadas urbanizaciones?

-Eso es un término absolutamente relativo. Sí nos hemos obsesionado todos por recualificar los servicios necesarios para esas urbanizaciones, porque es verdad que el crecimiento ha sido desordenado, que ha colmatado las infraestructuras, que ha ido antes la urbanización que todo lo que necesita. Ahora tratamos de hacer lo contrario, que vayan por lo menos en paralelo, de hecho muchas áreas de oportunidad van condicionadas a que tienen que garantizar la movilidad.

-Algunos ayuntamientos critican que eso corta sus posibilidades de expansión.

-Esto no es restringir o cercenar los posibles crecimientos que tenga un municipio, sino que en caso de que tenga que crecer lo haga ordenadamente, y ordenadamente significa los condicionantes que hemos puesto. Aunque un suelo esté protegido como espacio agrario de interés, en el Potaus se dice que si usted lo necesita y justificamente dice por qué tiene que crecer encima va a poder crecer siempre que sea en contigüidad, no porque venga un iluminado y diga que quiere hacer algo se le va a levantar la protección, eso no, pero tampoco va a ser un impedimento para su crecimiento normal, racional y ordenado, no lo va a ser nunca. Ese plus de racionalidad es lo que el Potaus pone encima de la mesa respecto de la etapa anterior.

-¿Se ha acabado la época del promotor con el maletín?

-Mayoritariamente eso creemos. No tenemos nada en contra de nadie que venga con muchísimo dinero y con ganas de invertir, pero en lo que ya está planificado. Y cuando esto se acabe, sea cuando sea, seguirán ustedes creciendo por donde tengan que crecer. Pero lo que ya no va a valer es yo construyo, saco el dinero y me voy: no, las dotaciones oiga, primero garantice usted las comunicaciones, el suministro? Además, ahora mismo el factor competitividad lo tenemos que poner encima de la mesa en este momento de crisis: ahí están las áreas de oportunidad, desarróllenlas ustedes.

-¿Competitividad significa que compitan entre sí las distintas áreas de oportunidad?

-No, al contrario, se intenta que las áreas no se hagan la competencia, hay que especializarlas. Algunas de las que se han permitido es porque lo que aportan no estaba en la zona, tienen una cualificación, sobre todo en la primera corona, que es la más cargada. Además, se encarga algún plan de ordenación intermunicipal porque no queremos repetir experiencias de alguien que se hace una zona productiva y fastidia al de al lado.

-¿Es una cláusula anti puñalada trapera entre ayuntamientos?

-Efectivamente, sobre todo anti crecimiento desordenado. Les obliga a que no se fastidien mínimamente entre ellos.

-Pese a que se ha apuntado que la prioridad es la segunda corona metropolitana, ¿la apuesta por la primera no es demasiado fuerte?

-Tratamos precisamente que sea en la segunda corona donde esté la apuesta más fuerte, lo que ocurre es que nosotros no hemos generado iniciativas distintas. La segunda corona ha salido súper fortalecida respecto a la primera, porque la primera llevaba un desarrollo de por sí que no necesita más apoyo, aquí hemos buscado especialización, otro tipo de cosas, mientras que para el reequilibrio hemos ido a la segunda corona. Lo que ocurre es que las apuestas y posibilidades que había eran infinitamente más numerosas en la primera corona que en la segunda, pero en porcentaje ha salido más beneficiada la segunda: de cada cinco presentadas han salido tres, y en la primera una de cada diez. Si hubiese habido más proyectos habrían salido más.

-¿En la segunda corona cabrían entonces más proyectos?

-En la segunda y con el tiempo también cabrán en gran parte de la primera, lo único que decimos es que ahora vamos a acompasar los tiempos a las infraestructuras. Tenemos ya para cubrir una serie de años, los necesarios para hacer las infraestructuras, y cuando estén hechas veremos qué nos falta, qué nos sobra, qué más podemos poner? Iremos haciendo revisiones.

Puede leer la entrevista completa en la edición impresa de El Correo de Andalucía.

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