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De Pescue

Una ola de tristeza recorre Sevilla. La familia Robles, generosa en su mecenazgo y patrocinio de los tiesos capitalinos y de comarcas vecinas, ha decidido poner fin a tan emérita labor, dejando a su libre destino...

el 15 sep 2009 / 19:36 h.

Una ola de tristeza recorre Sevilla. La familia Robles, generosa en su mecenazgo y patrocinio de los tiesos capitalinos y de comarcas vecinas, ha decidido poner fin a tan emérita labor, dejando a su libre destino a aquellos menesterosos que, con los hallares propios a buen recaudo, recalaban en la cita anual del prohombre de Villalba del Alcor. Se acabó el frí: el que quiera lucir sus corbatas de nudo gordo, caballitos, toritos, banderitas y hacerse una foto que lo pague. Es su más que oportuna contribución al estímulo que requiere el capital humano sevillano en estos tiempos en que su fe de conversos reclama intervención de los poderes públicos. Pues Robles no, quiere que mejoremos, en la más pura doctrina Friedman, y seamos capaces por nosotros mismos de ponernos tibios; confía en la regeneración del homo capitalista y en la mano invisible, que no es lo mismo que el mangazo, en el hombre que, sin ayudas, subvenciones, ni gañotes, tiene un sitio de honor en la Sevilla del siglo XXI. Robles ha puesto a tambalear la aristocracia de papel sevillana, sí, porque un sevillano influyente de carné no paga nunca, crítica sí, da ideas, destruye, conspira contra gobiernos locales o de hermandades, para ser pregonero, Hermano mayor o salir de Baltasar, pero abrir la cartera jamás, eso es descomponerse.

La dignidad de la aristocracia pescue está en su capacidad de ir de convite a la Maestranza, Ópera, pregones, en AVE o Metro, o lo que sea, pero no con el vulgo, que tomó ya antaño hasta su santuario de la Caseta Municipal. El evento Robles se cae porque la familia ha decidido que no regala su esfuerzo a la falta de estética; no es como la Feria del Toro, que cae, pero al revés, porque otra "familia", la de la costilla en el bolsillo, lo que quiere es que le paguen los demás sus fiestas. ¿Otro año? Empresarialmente nunca se lo recomendaría: los tiesos, mudos -no por promesa sino por supervivencia-, nunca vuelven de paisano al negocio, ayunan para la Garbanzá y San Juan.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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