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“Hacemos productos interactivos más baratos para poder llegar a las pymes”

Entrevista con Adrián Ortiz Rivera, director gerente de Famori.

el 24 nov 2013 / 08:30 h.

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Adrián Ortiz Rivera está al frente de Famori, proyecto en el que le acompañan otros tres socios. Adrián Ortiz Rivera está al frente de Famori, proyecto en el que le acompañan otros tres socios.

A Adrián Ortiz (Sevilla, 1983) no le faltan ganas. Tras acabar la carrera de Administración de Empresas decidió apostar por un negocio, Famori, que hace las delicias de pequeños y mayores creando interactividad para que tengan experiencias inolvidables. Ignacio Gallego, Alberto Sandino y Juan Miguel Calahorro le acompañan en esta aventura.

–Si lo imagina, nosotros lo creamos. Es un eslogan bastante sugerente... –Refleja exactamente lo que hacemos. A alguien se le ocurre una idea y la realizamos. Una empresa importante de sanitarios hace duchas para gente con alto poder adquisitivo con una alcachofa de dos por un metro. Con eso se gasta mucha agua, así que nos pidieron una solución para que solo saliera donde estuviese la persona. También construimos una botella de Bezoya de varios metros de altura en Callao y nos preguntaron si era posible que cada vez que una persona pusiera determinado hastag en Twitter se fuese rellenando. Lo hicimos.

–¿Cuándo hablamos de ingeniería interactiva a qué nos estamos refiriendo? –Es crear impacto en el usuario a través de la tecnología y eso se consigue a través de elementos interactivos. Antes no podíamos hacer nada con una pantalla; ahora, muchas cosas. Somos un laboratorio de ingeniería que se basa en lo interactivo porque siempre buscamos que haya interacción con nuestros productos. Que alguien se mueva y pase algo.

–¿Para qué sectores resultan más atractivas sus propuestas? –Empezamos con eventos y nos fue muy bien. Lógicamente nos adaptamos a los tiempos que corren. Nacimos hace diez años y nos fue estupendamente. Ahora el mercado más fuerte es la restauración porque casi todo lo que vendemos son barras interactivas para bares y restaurantes y soportes para este tipo de negocios. –A priori, los productos y servicios que ofrece están dirigidos a clientes muy concretos, aquellos que son capaces de asumir una inversión importante en este tipo de marketing. ¿No resulta muy restrictivo para su negocio? –Sin duda, por eso cambiamos con los tiempos. Nuestro producto más barato hasta hace un año era de unos 7.000 euros, no estaba al alcance de todos. Ahora por unos 500 euros una empresa puede tener tecnología de última generación en su establecimiento. –Cuénteme proyectos concretos que haya diseñado. ¿De cuál está más orgulloso? –Estoy orgulloso de todos porque cada uno suma. Nos hemos plantado en Japón 48 horas después de una llamada o fuimos a hacer productos para una empresa de Irán que nos aportó una experiencia maravillosa. Incluso hemos estado seis meses en Brasil desarrollando productos. A la gente le sorprende que hagamos estas cosas, pero tenemos la mente abierta y flexibilidad máxima. La semana pasada, para la inauguración de un centro comercial en Huelva, pusimos una pantalla interactiva, donde se veía la silueta de la persona que pasaba en color blanco y alrededor solo un punto rosa, lo que llamaba mucho la atención. También hemos hecho hologramas a tamaño natural. –¿Para quiénes ha trabajado? ¿Su cliente está más en Andalucía, España o en otros países? –Ahora mismo en el mundo. Hemos vendido en cerca de 20 países y en España sobre todo en Madrid y Barcelona porque es donde están las empresas más grandes, como Nestlé, Samsung, Philip Morris, Nintendo, Sony, Alcampo o Carrefour, entre otras. Ahora estamos yendo al pequeño comercio y en eso sí nos estamos centrando en Andalucía que es lo más cercano. Si quieres un producto de 500 euros no lo puedes tener en Madrid porque no es rentable. –¿En qué está trabajando ahora? Estamos empezando a vender una aplicación para smartphones para bares, para acceder a la carta y hacer el pedido desde el móvil si el camarero está desbordado. Incluso se puede pagar. –¿Por dónde pasa su crecimiento futuro? –Por el sector de la restauración. Estamos convencidos de que, si bien ha sufrido la crisis, no tanto como otros sectores. Esta es la tierra del ocio y el turismo y esos negocios no van a decaer. Por ejemplo, se pueden desarrollar cartas digitales en varios idiomas para sitios como la Costa del Sol y la inversión es mínima. Todo ello sin abandonar los grandes proyectos. Los clientes de 150.000 euros los seguimos teniendo, pero las pymes son mayoría en Andalucía. –¿Quién es Adrián Ortiz y cómo se embarca en esta aventura? –Acabé el Colegio Alemán y no sabía si quería estudiar Administración de Empresas o Informática. Al final hice lo primero y me gustó tanto que la hice en un año menos de lo que marcaba el plan de estudios. La gente leía novelas y yo libros de economía. En cuarto y quinto de carrera trabajé por cuenta ajena, este último año en una de las grandes auditoras, y vi que no era lo mío. Le pedí 3.000 euros a mi familia y con eso me fui a varias ferias internacionales. Finalmente encontré un producto que me encantó y me traje la distribución. Hice socios, los alemanes disolvieron la empresa y decidimos comprar. Hacíamos suelos interactivos y a partir de entonces superficies de proyección interactiva. Así hemos crecido e incorporado productos. A día de hoy somos cuatro socios. –¿Qué se impone más: la crisis o la necesidad de las empresas de diferenciarse e innovar? –Lo segundo. No somos una empresa barata ni queremos serlo. La crisis está, pero las empresas que han caído son las que han competido en precio. A las que les va bien son a las que han apostado. –¿Cuáles son sus números? –Seis trabajadores, medio socios, medio fijos. Depende del momento, contratamos a más personal, para afrontar proyectos concretos. El efecto acordeón lo tenemos muy asumido. Queremos llegar a una facturación de un millón de euros el año que viene.

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