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Resurrección de la Alameda

La antigua Alameda de Hércules respondía al proyecto de una ciudad populosa que necesitaba un espacio emblemático de expansión y de relaciones; salvando los siglos de diferencia, fue concebida, ni más ni menos, de la misma forma que el Central Park neoyorkino: fue la síntesis de aquella Sevilla a la que llegaban constantemente gentes de todas partes.

el 15 sep 2009 / 20:09 h.

La antigua Alameda de Hércules respondía al proyecto de una ciudad populosa que necesitaba un espacio emblemático de expansión y de relaciones; salvando los siglos de diferencia, fue concebida, ni más ni menos, de la misma forma que el Central Park neoyorkino: fue la síntesis de aquella Sevilla a la que llegaban constantemente gentes de todas partes. Por eso ese cometido cambió cuando llegó la decadencia. En ese instante, tal como también le sucedía a la ciudad, se abatió sobre ella la desgracia y comenzó a arrastrar los harapos del viejo manto imperial.

Luego no tuvo a su lado nombres de prestigio que doraran su imagen contracultural y la convirtieran en meca. No tuvo la Alameda los Pyeres de Mardiargues, Jean Genet o Vázquez Montalbán del barrio chino barcelonés. Ahora tampoco tiene las facultades de la Universidad Pompeu Fabra ni museos. Ni siquiera cuando la mala vida en su sentido más estricto desapareció de la Alameda de Hércules dejaron de soplarle vientos contrarios; incluso cuando las obras estaban a punto de terminarse, se ha visto con frecuencia en papel de periódico por disputas, altercados y polémicas.

Dentro de poco nadie recordará que fue reinaugurada con meses de retraso y que la obra costó más de lo previsto; sin embargo, la mala fama que el enclave adquirió durante un período de su historia -corto si se mira con visión de historiador- perdura e, incluso, borra los largos años de esplendor en el último período de los Austria, el hecho de que fuera la madre de otras alamedas en ciudades americanas como México o Quito. La desaparición de ese estigma dependerá de lo que sea de aquí en adelante, de que de nuevo responda -o no- a parámetros de modernidad. Pero, ¿podrá adquirirlos un espacio tan extenso, tan abierto, tan céntrico si no lo es al mismo tiempo Sevilla?

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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