miércoles, 22 noviembre 2017

El proyecto se tambalea

Sin la figura esencial de Monchi, el Sevilla afronta un momento delicado con Berizzo en el foco de las críticas

23 oct 2017 / 05:16 h - Actualizado: 23 oct 2017 / 21:14 h.
  • Eduardo Berizzo, durante el entrenamiento previo al choque de la Champions en Moscú. / Efe
    Eduardo Berizzo, durante el entrenamiento previo al choque de la Champions en Moscú. / Efe

El Sevilla se ha desmoronado en octubre de forma alarmante, con tres partidos –Athletic, Spartak de Moscú y Valencia– que han zarandeado el proyecto 2016-17 hasta el punto de pasar rápidamente de ser segundo en la Liga y líder de la Champions League a encender la alarma en Bilbao (1-0) y directamente decretar el estado de emergencia tras las goleadas en Rusia (5-1) y Mestalla (4-0). Así es la vida de los grandes y el Sevilla lo vuelve a ser desde hace más de una década. Tras las huidas de Monchi y Sampaoli, todas las miradas se centraron en verano en José Castro, presidente, y Óscar Arias, sustituto del de San Fernando en la dirección deportiva. Y, por supuesto, en Eduardo Berizzo en cuanto fue confirmado como recambio del actual seleccionador de Argentina. El listón lo dejó Sampaoli altísimo y Monchi directamente en otra galaxia, luego la expectación era justificada.

Dos meses después de iniciarse la temporada, nos encontramos a un Sevilla sin rumbo. No hay dramas clasificatorios –aunque hoy puede ponerse noveno en la Liga y ha perdido su posición de privilegio en la Champions– porque durante septiembre acumuló puntos con más pena que gloria ante rivales propicios, sin olvidar el tremendo susto que le dio el Basaksehir en el play off de la Liga de Campeones. Ni mucho menos era un Sevilla penoso durante el mes pasado –fue superior a la mayoría de sus rivales ligueros–, pero nunca era dueño emocional de los partidos, no los controlaba y basaba gran parte del éxito en las intervenciones de su portero y/o los fallos de los rivales de cara al gol, especialmente en Getafe. Berizzo mostraba a un Sevilla más resguardado en defensa y que encajaba muy pocos goles, algo que siempre se traduce en puntos. Y, además, una exagerada política de rotaciones –por su obsesión en llegar con fuerzas al último tercio del curso– que no es bien vista por muchos de los pesos pesados del vestuario, conscientes de que no es esta una temporada cualquiera, con un Mundial a la vista.

La esperanza era que, a partir del buen balance de puntos conseguidos, el juego deseado por Berizzo y su innegociable 1-4-3-3 con sorprendentes marcajes individuales en muchas ocasiones empezara a desarrollarse. Ha pasado lo contrario. El Sevilla se queda a medias: ni ataca bien ¡sólo ocho goles a favor en la Liga! ni sabe replegarse a tiempo y con orden ante las esperadísimas contras que le preparan los rivales –nueve goles en cuatro días entre Spartak y Valencia, quienes recordaron al Sevilla de Emery que apalizó al Celta de Berizzo en la semifinal copera de 2016 con contragolpes a la carta–.

Es la primera gran crisis que tiene que afrontar José Castro como presidente. El utrerano llegó al cargo en diciembre de 2013, con un Sevilla ya alzando el vuelo tras varios años de crisis con Del Nido y un conato de desastre cuando el Sevilla de Unai Emery era colista de la Liga en la quinta jornada. Es cierto que dos años después, pero ya con dos Ligas Europa más en el bolsillo, se repitió el farolillo rojo en la jornada 5. El denominador común de la loable capacidad del Sevilla para aguantar este tipo de vendavales era Monchi, cuya labor no sólo se limitaba a fichar y vender, sino a articular la gestión deportiva y a tratar de primera mano todos los problemas que se le presentaran al equipo a lo largo de una temporada.

Monchi ya no está y las dudas se centran en cómo gestionará Óscar Arias una situación como la actual. Si Monchi logró que Unai cambiara de GPS para conducir al Sevilla –aquel debate de los mediocentros y la posición de Rakitic– e incluso orientó a Sampaoli tras sus primeros partidos a tumba abierta, ahora le toca a Arias convencer a Berizzo de que quizás sería conveniente cambiar, probar otro sistema –¿recuperar el 3-5-2 del curso pasado con una plantilla parecida?–, fijar una columna vertebral casi inmune a las rotaciones o intensificar la preparación de jugadas a balón parado, tanto en ataque como en defensa.

Pero también los focos apuntan a la planta noble. Al propio Óscar Arias, por las lagunas en la confección de la plantilla –con especial énfasis en la delantera y en el esperadísimo problema con las lesiones en la zaga, dos focos de problemas en este octubre negro– y en José Castro, como responsable último del proyecto. Es momento para tomar decisiones, pues no parece tratarse de un simple bache de resultados, sino de algo más profundo. La concepción de base de un equipo que necesita pararse a pensar qué camino es el más adecuado para conseguir unos objetivos ya de por sí difíciles y por los que luchan cada vez más competidores Y que todos, sobre todos los futbolistas, crean en esa idea y estén unidos hacia un objetivo común.


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