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Agroalimentación

Trincheras en defensa del cangrejo rojo

La incertidumbre asola Isla Mayor desde que el Supremo decidió vetar uno de sus pilares económicos, ése que impidió que se convirtiera en un pueblo fantasma. Ahora, se arma con la ley y el ingenio para salvar una industria que emplea a unas 500 familias

02 abr 2016 / 21:28 h - Actualizado: 03 abr 2016 / 13:46 h.
  • Entrevista a Juan Molero, alcalde de Isla Mayor, en El Correo Noticias.
  • Trincheras en defensa del cangrejo rojo
    Uno de los empleados de la empresa Emfacar sostiene dos de los tres tipos de cangrejos que se comercializan. En un día de campaña esta planta puede procesar hasta 15.000 kilos. / Reportaje gráfico: Pepo Herrera
  • Trincheras en defensa del cangrejo rojo
    Juan Antonio Galera aprendió el oficio de pescador de su tío.
  • Trincheras en defensa del cangrejo rojo
    Las nasas o redes recogen hasta 200 kilos al día en campaña.
  • Trincheras en defensa del cangrejo rojo
    Trabajadores criban el cangrejo vivo del muerto.

Paco Galera lleva 35 años pescando cangrejo. Junto a él, sus hijos, Francisco José y Tamara, él con las redes y ella pelando colitas, su sobrino Juan Antonio, también cangrejero, y su mujer, María Luisa Rapela, que le ayuda a tejer las nasas –nombre que reciben sus redes–, conforman una de las 250 familias que viven de la pesca del Procambarus clarkii –más conocido como cangrejo rojo– en Isla Mayor. Un crustáceo que es uno de los pilares económicos del municipio, además del arroz, y que ahora se tambalea con la sentencia del Tribunal Supremo que prohíbe su extracción, tenencia, transporte y comercialización.

El sustento de vida de la familia Galera es el cangrejo rojo, pero solo de julio a octubre, dado que el crustáceo se reproduce en el entorno acuático del cultivo del arroz. Los meses restantes la anguila, las campañas de la fresa o de los frutales de hueso y el paro complementan su renta. Pero sin cangrejo el pueblo se sumiría en el «caos», sostiene Galera, quien no sabría en qué reciclarse si prohíben la pesca.

Juan Antonio, el sobrino de Galera, aprendió el oficio hace cinco años. Su padre enseñó a su tío a tejer nasas y éste fue uno de los responsables de transmitirle el conocimiento a él, que después de trabajar en la construcción en otra región, volvió a su tierra para encontrar un sustento de vida. En las marismas aprendió el arte de la pesca del cangrejo. Pero ahora la amenaza a esta actividad hace que por su cabeza ronde la idea de «emigrar de nuevo» porque tiene un hijo al que alimentar.

Con 57 años la idea de jubilarse no es más que una utopía en la mente de Paco Galera. Pese a llevar 35 años pescando en las marismas, solo las grietas de sus manos lo avalan. La pesca del cangrejo no está regulada y la única licencia que contempla su actividad es la que autoriza la pesca deportiva.

Carecer de un marco regulatorio ha sido una puerta entreabierta para que la demanda de Ecologistas en Acción que reclamaba la inclusión del cangrejo rojo, entre otras especies, en el Catálogo Español de Especies Invasoras saliera adelante, aseguran las partes afectadas. Una normativa que pescadores y arroceros reclaman desde hace 24 años y que a día de hoy solo es un borrador listo para sacar la orden, según aseguraron en una reunión con los afectados los consejeros de Agricultura y Medio Ambiente, Carmen Ortiz y José Fiscal. Mientras tanto, la prioridad es evitar que la sentencia se publique en el Boletín Oficial del Estado (BOE). Evitar la «catástrofe», como dicen en el pueblo.

Paco, Francisco José, Tamara o Juan Antonio son solo algunas de las 1.700 personas que viven del cangrejo durante la campaña. Pescadores, peladoras –aunque ya también hay algún que otro hombre en el oficio–, cocedores, envasadores o camaristas son algunos de los puestos relacionados con el crustáceo que ha tomado forma de industria en este municipio del lejano Aljarafe. Una actividad que en España mueven las empresas Alfocan, Emfacar, Pescacial, Seafood y South Ocean (antes Arroyo y Terriza), todas ellas afincadas en Isla Mayor, y que desde el pasado 16 de marzo no pegan ojo pensando en las consecuencias que tendría el fin de esta actividad.

Emfacar es una de esas plantas que lleva años procesando el crustáceo. Aunque no es temporada de cangrejo en la isla, los viernes de noviembre a junio compran cangrejo portugués y extremeño para transformarlo y poder seguir abasteciendo a sus clientes, entre ellos Mercadona, que estos días llaman preguntando qué va a pasar.

La sentencia es un varapalo para esta industria que no solo ha sorteado la crisis, sino que ha seguido invirtiendo en sus instalaciones. Precisamente hace dos años, Emfacar desembolsó 2 millones de euros en una nueva planta y en la actualidad iba a invertir otros 30.000 euros para ampliar la línea de cocción del cangrejo, «que ahora está paralizada», explica la responsable de Calidad y miembro de la dirección de la empresa, Mercedes Egea.

Cuando el cangrejo rojo duerme el invierno en la isla, la alternativa de empresas como Emfacar es la comercialización del precocinado, pero su actividad es incomparable a la del crustáceo. «La cantidad de puestos de trabajo que ofrece el cangrejo jamás se conseguirá con una línea de precocinados, que está totalmente automatizada», explica Egea. Por eso es contundente al asegurar que el «desconocimiento» del volumen de negocio que genera el cangrejo y el empleo que crea es el responsable de que la sentencia haya salido adelante.

La ignorancia hacia el sector del cangrejo a la hora de anular la disposición específica del Real Decreto 630/2013, que permitía hasta ahora esta actividad, es el argumento más pesado que tiene Isla Mayor para intentar anular la sentencia. Aunque el entendimiento entre las administraciones autonómica y central es clave para que el atrincheramiento contra los detractores del cangrejo americano sea efectivo, por el momento el sector presentará un incidente de nulidad por no estar personado en el proceso judicial y no contemplar los beneficios sociales que reporta la actividad en el medio. Si esta vía no funciona, no dudarán en presentar un recurso de amparo a la sentencia. ¿Y Europa? Si Bruselas tuviera elaborado su catálogo de especies invasoras, más afín al impacto socioeconómico, su decisión prevalecería sobre la nacional, explica el abogado de la Asociación de la Pesca y Acuicultura del Entorno de Doñana y del Bajo Guadalquivir (Pebagua), Antonio Uceda.

Las consecuencias socioeconómicas de la prohibición son comparables a las medioambientales. «La especie no desaparecerá por que se deje de pescar», subraya Uceda y critica que ninguno de los demandantes dé una alternativa al control de la superpoblación del cangrejo americano en la que desembocaría el veto a su pesca.

Y es que si por algo destaca el cangrejo es por su rápida reproducción. Por ello, impedir la pesca provocaría una superpoblación con efectos «incalculables» para el otro pilar económico del municipio: el arroz. «La habilidad del crustáceo para taladrar dañaría los canales de agua del cultivo y otras infraestructuras de los arroceros», explica el agricultor Félix Sanz.

Las más de 40.000 hectáreas de arrozales que hay en las marismas del Guadalquivir se plagan del cangrejo rojo cuando el cultivo está en su esplendor. Sin embargo, animal y cultivo conviven, por el momento, sin mayor perjuicio. Es más, aunque no está demostrado científicamente, la experiencia de Sanz pone de manifiesto que el cangrejo «se alimenta de una planta que se come el abono del arroz, por lo que el grano tiene más sustento». Países como Kenia o, por poner un ejemplo más cercano, la región del Delta del Ebro han intentado controlar la especie con químicos, pero sin éxito, explica el adjunto a la dirección de Alfocan, Nicolas Roux. No obstante, pescadores, industria, arroceros o ayuntamiento no contemplan este método de control, dado que las consecuencias para el medio serían devastadoras. No solo arrasaría con el cangrejo, también con especies como los albures, la anguila, las cochinillas que atacan a otras plagas que afectan al cultivo del arroz e incluso gaviotas, garzas o cigüeñas, todos habitantes de Doñana, que han encontrado en el cangrejo rojo un alimento fundamental, tanto, que ya forma parte de su cadena trófica.

Es precisamente este punto en el que se sustenta el Entorno Natural de Doñana para defender los beneficios del cangrejo americano para el entorno. De hecho, el vicedirector de la Estación Biológica de Doñana, José Juan Chans, aseguró a los afectados que este crustáceo es a las aves lo que el conejo al lince. Es decir, el cangrejo rojo está «completamente naturalizado», recuerda la industria. Hasta los propios ecologistas reconocen la complejidad de su eliminación.

El Procambarus clarkii es hoy un isleño más. Arroz de cola o de cangrejo caldoso, cola al ajillo o frita, revuelto de cola, cangrejo a la plancha o croquetas elaboradas con este crustáceo engrosan las cartas de los restaurantes isleños, siendo además uno de los productos más famosos de su gastronomía. Tanto, que el 95 por ciento de las mesas de Estero, uno de los establecimientos más afamados del municipio, pide platos con el cangrejo como ingrediente, asegura su gerente, Alberto Santoyo.

En el caso de El Tejao, regentado por Joaquina Castro y Pascual Ribera, la cabecera de su carta –que estrenaron hace apenas un mes– es un plato de cangrejo a la plancha. Castro asegura que el pueblo está «aletargado» con la noticia y que el fin de la industria del cangrejo rojo pone en riesgo la consolidación de la hostelería isleña a raíz de la película La Isla Mínima.

Precisamente en una de las paredes de El Tejao hay un cartel que reza «salvemos el arroz, salvemos Doñana», un mensaje que llevaron por bandera los arroceros en 2006 en sus protestas por la falta de agua para el cultivo. Lema que pasará a protagonizar el cangrejo rojo si la vía legal no frena la prohibición de su industria.

EN CIFRAS

250 euros. Gana un pescador a la semana en campaña. El kilo de cangrejo, según su tamaño, oscila entre los 0,50 y 0,70 euros. En condiciones extraordinarias ha alcanzado los 2 euros.

20 millones. Es el volumen de negocio que genera la industria del cangrejo. Solo la actividad de la pesca genera 2 millones.

85% exportación. El mercado extranjero es el cliente más potente de la industria. Se exporta en torno al 85 por ciento de la producción. Entre los países a los que se vende están Francia, Italia, Bélgica o EEUU. España es el segundo país exportador tras China y el tercer productor después de EEUU y China.

1.700 personas. Trabajan en campaña en la pesca e industria. En total, 200.000 jornales que se traducen en el sustento de 550 familias al año.

MANIFIESTO PARA SALVAR LA VIDA DEL SECTOR

En la confluencia de calles, en las barras de los bares y restaurantes y en las casas de Isla Mayor el tema de conversación estos días no es otro que el cangrejo rojo. «¿Qué va a pasar ahora?» es la pregunta más formulada. La respuesta: incertidumbre. Los cerca de 6.000 vecinos no escatiman esfuerzos para plantarle cara al Alto Tribunal. Además de estar copando minutos en los informativos, llenar de tinta los periódicos y conseguir que la lucha de un pueblo «unido» suene en las ondas radiofónicas, ahora se han dispuesto a recabar todos los apoyos necesarios con un manifiesto de respaldo al sector del cangrejo rojo que, además de estar en todos los establecimientos y empresas del municipio, se puede descargar en la página web del Ayuntamiento (www.islamayor.es).

Gana un pescador a la semana en campaña. El kilo de cangrejo, según su tamaño, oscila entre los 0,50 y 0,70 euros. En condiciones extraordinarias ha alcanzado los 2 euros.

Es el volumen de negocio que genera la industria del cangrejo. Solo la actividad de la pesca genera 2 millones.

El mercado extranjero es el cliente más potente de la industria. Se exporta en torno al 85 por ciento de la producción. Entre los países a los que se vende están Francia, Italia, Bélgica o EEUU. España es el segundo país exportador tras China y el tercer productor después de EEUU y China.

Trabajan en campaña en la pesca e industria. En total, 200.000 jornales que se traducen en el sustento de 550 familias al año.


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