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La peligrosa ‘playa’ del río

Los baños en el Guadalquivir están prohibidos, pero en ocho días han muerto dos personas ahogadas

el 05 jun 2011 / 19:21 h.

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Un grupo de jóvenes en bañador se preparan para darse un chapuzón desde un pequeño embarcadero en el paseo de la O

Domingo, cinco de la tarde. Con el termómetro por encima de los 30 grados, una decena de chavales en bañador se adueña del pantalán abierto en el paseo de la O, a la espalda del hotel Abba . No hay cadenas ni carteles que les prohiba el paso. Han llegado allí con sus bicis, estacionadas sobre las tablas del pequeño embarcadero. Descamisados, entre cigarrito y cigarrito, los jóvenes aprovechan para darse un chapuzón en el río y aliviar las altas temperaturas de un domingo preveraniego.

A pocos metros de allí, la estampa se repite. Al otro lado del puente del Cristo de la Expiración, tres rumanos adultos, instalados desde hace meses en el cada día más poblado asentamiento de Puerto Triana, también chapucean en las verdosas aguas del Guadalquivir. Lo hacen vestidos, haciendo caso omiso del cartel de "prohibido bañarse" que han de sortear para saltar la valla del pantalán del centro deportivo de remo y piragüismo ubicado junto al antiguo Pabellón de la Navegación de la Expo , una zona caliente para los amantes de la pesca. "El 99% de los que se vienene a bañar aquí son rumanos. Las mujeres, cargadas con botes, vienen a lavar la ropa y a bañarse", dice José María, un sevillano cincuentón al que la crisis ha empujado a hacer vida y a dormir en el interior de su coche, aparcado a la orilla del río. "Menos mal que es un ranchera y que no soy muy grande".

A lo largo de los dos últimos meses, José María ha sido testigo de cómo en varias ocasiones la Policía ha acudido a la zona para amonestar a los jóvenes que utilizan este pantalán privado como plataforma para sus baños. Pero no sólo la chavalería confunde el Guadalquivir con Matalascañas. "El sábado, a las siete de la mañana, dos hombres y una mujer que venían de la discoteca de ahí enfrente se quitaron la ropa y se lanzaron al agua", cuenta sentado desde el asiento del copiloto de su coche.

Con todo, lo más raro que ha visto este sin techo desde que el Guadalquivir se ha convertido en su casa son las prácticas casi acrobáticas de un grupo de chavales que acuden junto a la torre Schindler pertrechados de una rampa que emplean para lanzarse con la bicicleta al río. Una cuerda larga atada bajo el asiento, que sostiene otro joven afuera, sirve para recuperar la bici del fondo de las aguas. Desde que los termómetros han iniciado su carrera por acercarse a los cuarenta, el río se ha convertido en una playa peligrosa para atrevidos jóvenes y grupos de inmigrantes.

En sólo ocho días, el Guadalquivir se ha cobrado la vida de dos personas : un marroquí de 26 años y un hombre de unos 55 años, cuyo cadáver apareció flotando este sábado cerca del puente de la Barqueta. Según fuentes policiales, hay testigos que le vieron nadando justo al lado del Centro de Alto Rendimiento de la isla de la Cartuja antes de que se ahogara.

Aunque bañarse en el río está prohibido, por razones de seguridad y salubridad, lo cierto es que no hay ninguna autoridad que ejerza una vigilancia específica sobre estas prácticas ilegales. A veces son los propios barcos turísticos que recorren la dársena los que advierten a la Policía, ya que hay zonas especialmente peligrosas para el baño, sobre todo cuando los arrojados bañistas se dedican a saltar desde algún puente. Fuentes del Cecop señalan que las competencias sobre la lámina de agua no corresponden al Ayuntamiento sino a la Autoridad Portuaria . "No es un problema de competencias, porque no se puede poner vallas en el río ni a un policía cada 10 metros; es un problema de negligencia individual".

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