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Un tercio de las mujeres que acude a la reproducción asistida supera los 40 años

Médicos, psicólogos y pacientes coinciden en que es un proceso duro en el que la perseverancia es clave y ante las temidas preguntas abogan por la sinceridad.

el 14 may 2014 / 23:30 h.

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15740454Año tras año, las estadísticas revelan cómo las mujeres de los países occidentales retrasan la edad de la maternidad –en Sevilla la media es de 31,46 años– con consecuencias en las dificultades para concebir (es uno de los factores a tener en cuenta en la progresiva reducción del número de hijos, situado en 1,46) y la necesidad de recurrir a técnicas de reproducción asistida, aunque no es el único motivo, pues en clínicas especializadas como las del grupo IVI han aumentado un 80% las mujeres solas o parejas lesbianas que acuden para intentar ser madres. Un colectivo que retrasa la decisión unos cuatro años más que las mujeres con pareja masculina. Con todo, en general, una de cada tres pacientes de las clínicas de reproducción asistida supera los 40 años, aunque la edad más habitual de ésta se sitúa entre los 37 y los 38 años. Son algunos de los datos expuestos ayer por el director de la clínica IVIde Sevilla, Manuel Fernández, durante la presentación de un estudio sobre los nuevos modelos de hogares con motivo de la celebración hoy del Día Internacional de las Familias. La conclusión es clara:«Hay muchos modelos de familia pero, al final, lo que importa es que existen una o varias personas con un proyecto vital donde, frente a quienes ven una postura egoísta, el sentimiento que existe es lo más opuesto al egoísmo». Fernández habla desde la experiencia que da dirigir una clínica que solo en Sevilla realiza 2.000 tratamientos al año (unos 500 de inseminación artificial y 1.500 de fecundación in vitro –el 60% con óvulos propios y el resto procedentes de donantes siempre anónimos–) de los cuales alrededor de 700 corresponden ya a mujeres sin pareja masculina (una opción que actualmente aún existe en la sanidad pública pero que el Gobierno prevé limitar solo a mujeres con problemas de infertilidad). El porcentaje de éxito al primer tratamiento ronda el 50% mientras que entre el segundo y tercero sube al 90% (cada inseminación artificial cuesta unos mil euros y la fecundación in vitro entre 5.000 y 6.000 al margen del tratamiento farmacológico). «Es muy probable conseguir embarazo pero no es seguro conseguirlo a la primera. Hay que plantearse esto como una carrera de fondo», reconoció Fernández, quien apuntó a una vía que en países como Estados Unidos empieza a ser mayoritaria pero para la que en España aún no existe conciencia:la congelación de sus propios óvulos por parte de mujeres que hoy por hoy no se plantean ser madres pero se pueden asegurar así una vía para serlo en el futuro. IVI realiza unas 50 extracciones al año para su conservación (cuesta 2.600 euros con cinco años de mantenimiento). Y es que el director de IVIalertó de que el retraso de la edad para ser madre es un problema en todo el mundo occidental que va a más y del que la sociedad no ha tomado conciencia. La edad más fertil de la mujer se sitúa entre los 20 y los 30 años y desciende bruscamente a partir de los 35 pero «el hecho de que cada vez la gente se cuide más, con la alimentación y el ejercicio, hace que no se tenga conciencia de que una mujer de 40 años puede estar perfectamente sana pero su reloj biológico no se ha adaptado». Prejuicios. Hasta aquí los datos médicos. Pero el acto de ayer sirvió también para exponer un estudio desarrollado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Sevilla sobre las familias monoparentales formadas por madres solas sometidas a reproducción asistida o adoptantes así como las homosexuales. Las psicólogas María del Mar Tirado y Marta Díez también dejaron claro que frente a los «prejuicios» y «tabúes» sociales que aún persisten pese a los avances, el desarrollo de los hijos de estos modelos familiares es normal, cuentan con una red de apoyo y socialización amplia, los niños diferencian claramente los roles de genero y cuentan con normas claras y vidas estructuradas. La clave, según ambas, es transmitir «seguridad» y hablar con ellos desde el principio (adaptando el mensaje a cada edad). Tirado señaló que en el caso de la reproducción asistida contar el origen es uno de los principales miedos mientras que «con la adopción es más clara y está socialmente aceptada. Para Díez, «muchas veces es la mente de los adultos la que hace todo más enrevesado porque los niños lo aceptan con naturalidad si se les da información», según Díez, que también aludió a las familias reconstituidas (parejas con hijos de anteriores uniones).

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