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Caminos de la memoria

Cerro del Águila. La primera de las hermandades filiales de la capital puso ayer rumbo a El Rocío con el recuerdo a los mayores del barrio que sembraron la semilla mariana

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
15 may 2018 / 15:45 h - Actualizado: 16 may 2018 / 08:18 h.
  • Las carretas y el Simpecado de El Cerro ya hacen el camino de El Rocío. Una jornada que dejó momentos de gran emoción en el barrio. / Jesús Barrera
    Las carretas y el Simpecado de El Cerro ya hacen el camino de El Rocío. Una jornada que dejó momentos de gran emoción en el barrio. / Jesús Barrera

Ya lo dice una sevillana que canta el pueblo sabio: «...el nombre de este barrio pone los vellos de punta». Y así lo fue en el segundo martes festivo del vecindario (el otro tiene lugar en Semana Santa). La salida de la hermandad del Rocío del Cerro del Águila inundó de sentimientos la memoria de este barrio obrero que tiene muy presente a sus mayores. Aquellos que comenzaron la tradición de caminos y carretas allá por los años ochenta. Los mismos que hoy ven partir a los suyos con la satisfacción de haber cumplido con el relevo generacional. Los que están y los que se mantienen vivos en el recuerdo de sus familias. Los que, como apuntó el párroco, Alberto Tena, en la homilía de la misa de romeros, son «ejemplo de nobleza y entrega». Los que, sentados o apoyados en la verja del antiguo matadero, compartían sonrisas y gestos de cariño con los escolares que, un año más, dieron una lección de fe en esta mañana del mes de mayo. A ellos, que «son el pilar fundamental de las familias y de nuestras tradiciones» les dedicó El Cerro el arranque de su camino, el primero que inaugura la senda romera en la capital.

Lógico que el hermano mayor, Jesús Canela, tenga que tragarse las lágrimas mientras abraza el escudo corporativo que remata la vara dorada: «Es un momento dulce el que cada año nos regalan estos niños del colegio Ortiz de Zúñiga, con sus flautas y xilófonos, sus voces y bailes. Nos han vuelto a dar una lección», se sinceraba mientras que la directora del centro, con el cordón de hermana al cuello, «llenaba las mochillas» de estos peregrinos, más de 300, con dos peticiones muy especiales: «Para que recen por las necesidades de la comunidad educativa y para que tengan muy presentes a nuestros mayores, representados hoy en los abuelos de algunos alumnos que nos acompañan» dentro del patio escolar, donde Caminante y Artillero –este último de estreno en la yunta– se adentraron a las órdenes de un carretero, «casi del barrio», aunque su apellido le tenga anclado a Marismillas. «Llevo 12 años aquí. Es una hermandad fenómena. De buena gente. Familiar, como de pueblo, como lo es el barrio entero», asegura convencido José Villegas.

Una definición del Cerro a la que el párroco añadió con acierto: «Aquí se vive el espíritu mariano con dos acentos: Dolores, la titular de la parroquia; y Rocío como otro elemento evangelizador». Por ello, «la alegría del 75 aniversario del templo también va este año con sus romeros». Algunos a título adoptivo y llegados de otros puntos de la ciudad cuando, según dicen, aterrizaron en El Cerro hace ya unos años. «A través de unos amigos conocí la hermandad y sentí la llamada de su Simpecado», revela Iván Bozas, actual fiscal y que, como María Ledesma, secretaria de la junta cerreña, son del barrio de la Macarena. «Es lo mismo ir con la Macarena o El Cerro, la Virgen es la misma. Lo importante es hacer un camino fructífero y que todo salga bien». María lo dice con conocimiento de causa. Ella y toda la junta de gobierno llevan tres años de servicio. Este será su último camino con cargo, pues el próximo mes de septiembre se celebrarán elecciones en la hermandad.

Pasado el antiguo matadero, la comitiva oficial –con estandarte de la vecina hermandad de los Dolores, representación del hermano mayor de Padre Pío y el pregonero de las Glorias 2018, Juanma Labrador– da paso a la oficiosa. La que impone el protocolo de la devoción y la fe. También la veteranía de los años y los caminos vividos. Es el caso, por ejemplo, de Ángeles. Le cuesta contar su historia, aunque le insistan algunos hermanos. «Lo que dé tu mano derecha que no lo sepa tu mano izquierda. Esto lo mueve todo la fe y el amor que le tenemos a la Virgen del Rocío. Siempre digo que esto es como un supermercado, cada uno coge lo que quiere, yo me quedo con todo lo que tiene de verdad, que no es poco». Junto a ella, va su marido, Sema, que con humildad explica la distinción que le ha dado recientemente su hermandad del Cerro: «Bueno, la verdad es que muy agradecido. He hecho todo lo que hubiera hecho cualquier otro hermano».

Ángeles cuenta emocionada que su sitio «está siempre en la vara de promesa», detrás del Simpecado, donde, por este año, va la miniatura de la Virgen de los Dolores. Ha intercambiado su puesto con la Virgen del Pilar «en homenaje a los militares» por la faja militar que anuda la vara del Simpecado en la carreta, donada durante los cultos por Juan Hernández Gutiérrez, jefe de la Segunda Subinspección General del Ejército y Comandante Militar de Sevilla. Tras la carreta va una hilera de carros, entre los que se encuentra la jardinera de Juan Carito. «Somos una reunión de familiares y amigos. Mis hijos han venido desde que estaban en el vientre. Este año no ha podido venir el mayor por tema de estudios», detalla María José, la esposa de Juan mientras que las pequeñas del carro cantan sin parar: «Ven con el Cerro al Rocío/ y verás como te quita el sentío/ cantes y trajes de fiestas/ fachadas engalanadas...». Es la memoria mariana, la de los abuelos, los padres y nietos, de un barrio, El Cerro, que al llegar mayo sueña con volver de nuevo a la marisma.


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