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El Rocío 2018

«Merece la pena» pasar por Villamanrique hacia El Rocío

Paso de hermandades. Lebrija volvió a cruzar por el pueblo de la Primera y Más Antigua tras ocho años por La Señuela. Con un mulo, la carreta subió los porches

17 may 2018 / 23:18 h - Actualizado: 18 may 2018 / 08:52 h.
  • Los peregrinos de la Macarena sujetan la carreta de su Simpecado en los porches manriqueños ante la expectación de cientos de rocieros. / Fotos: Manuel Gómez
    Los peregrinos de la Macarena sujetan la carreta de su Simpecado en los porches manriqueños ante la expectación de cientos de rocieros. / Fotos: Manuel Gómez
  • Un hombre sujeta la rueda de su carreta en los porches.
    Un hombre sujeta la rueda de su carreta en los porches.
  • Lebrija volvió a pasar por Villamanrique ocho años después.
    Lebrija volvió a pasar por Villamanrique ocho años después.
  • La Macarena desde el Ayuntamiento de Villamanrique.
    La Macarena desde el Ayuntamiento de Villamanrique.
  • Los peregrinos de Carmona sujetan la carreta de su Simpecado.
    Los peregrinos de Carmona sujetan la carreta de su Simpecado.

Para Villamanrique de la Condesa no hay hermandades grandes ni pequeñas, todas son iguales, a todas las une ese amor a la Virgen que los manriqueños llevan en su ADN y comparten con cualquiera que pasa por su puerta. Por esto todas las hermandades que recorren los caminos de Sevilla para llegar hasta El Rocío pasan por la Plaza de España y se detienen ante los porches de la parroquia de Santa María Magdalena y muchas suben con sus carretas, tiradas por bueyes o mulos, los siete escalones para enfrentar su Simpecado al de la Primera y Más Antigua.

Lebrija retomó ayer este paso después de ocho años. Y el reencuentro fue tan excepcional que ambas hermandades se conquistaron. La junta de gobierno manriqueña salió al centro de la plaza para recibir a la filial número 49, como hace cuando las hermandades cumplen 25, 50... años. Y Lebrija respondió emocionada. Los presidentes y hermanos mayores caminaron juntos, los alcaldes de cada municipio, los tamborileros y los párrocos. El de Villamanrique, Juan Jesús Romero, lebrijano de nacimiento, no pudo disimular la emoción que le producía ver pasar ante su parroquia a su pueblo: «Son mis dos pueblos, en el que nací y en el que he aprendido a querer a la Virgen del Rocío», comentaba. En sus seis años como párroco de este pueblo del Aljarafe no había visto nunca la hermandad de Lebrija, así que ayer no se lo pensó. Tras guiar el rezo del Ángelus –pese a que ya era más de las 13 horas– ante el Simpecado lebrijano, se lanzó con los vivas. Vivas que dedicó a los dos pueblos, a las dos hermandades, a sus romeros, a sus peregrinos, además de a la Virgen del Rocío y el Pastorcito Divino.

Pese a la falta de práctica y a que el Simpecado de Lebrija va en una carreta tirada por un solo mulo, Peregrino, su carretero, Salvador, no lo dudó. Con la ayuda de los hombres de su hermandad y de los manriqueños, subió a toda velocidad los siete escalones, «puerta del cielo», y llevó su Simpecado hasta el interior del templo. Tras la Salve, «poco a poco, escalón a escalón», fueron retornando al adoquinado de la plaza, haciendo contrapeso para evitar que el animal sufriera.

Emocionado, el hermano mayor de Lebrija, José Tejero, explicó que en los últimos años han recorrido el camino de La Señuela, que es más corto y les lleva en menos kilómetros al Rocío. Este año quisieron retomar este paso por Villamanrique y «después de este recibimiento, de lo que hemos vivido aquí, seguiremos haciéndolo los próximos años. Esto merece la pena», concluyó, acompañado por el hermano mayor de El Cuervo, su ahijada, que ya es hermandad canónica, pero aún no filial, José de la Cruz. Juntas suman unos 300 peregrinos.

El reto de los porches

Miles de romeros pasaron ayer ante estos porches. En total 22 hermandades filiales, de las que 21 son sevillanas. Pero entre las más numerosas y que más gente congrega en la plaza destacan Coria, La Puebla del Río, la Macarena, Gines o Dos Hermanas. Entre las primeras de la mañana, Olivares, Aznalcázar o San Juan de Aznalfarache, «no está la tradición de subir los porches», explicaba el presidente de la Primera y Más Antigua, Roque Espinar. Sin embargo, Coria, que llegó con puntualidad británica a la puerta de Santa María Magdalena, sí. Y hacerlo ayer era todo un reto. Francisco Álvarez, carretero de la Virgen en Coria desde hace 18 años, tenía que lograr que Ramito, un buey «muy mayor», subiera los escalones. «Lo bueno es que su compañero, Canastero, es joven y ha tirado de él». Y así, con el empuje de todo su pueblo, que sostiene la carreta mientras están en los porches, lo logró. Las palmas, los besos y las felicitaciones fueron para este joven boyero, que, acompañado de su padre, logró superar el reto. Con lágrimas en los ojos confesaba que «este año era especial. El año pasado vinimos los dos solos porque en nuestra familia llorábamos de tristeza. Pero este año venimos todos juntos y ahora lloro de alegría», mientras su pueblo cantaba a la Virgen: «Villamanrique es Villa de la Condesa, donde Coria te canta y reza», porque aquí: «Mi voz se hace campana, mi voz se hace repique, que ya está Coria otro año cantando en Villamanrique».

Pasar por este pueblo «no es sólo un paso más en el camino», al menos así lo reconocía el hermano mayor de Gelves, Manuel Vázquez, que, tras cuatro años en el cargo, se despide en octubre. «Es algo especial», y quizás se deba que que la Primera y Más Antigua es «maestra», como cantaban los romeros de Mairena del Aljarafe o porque «la cuna es Villamanrique de todo buen rociero», como coreaban los peregrinos de Espartinas después de que Juan José Garruta, su carretero, lograra subir con sus bueyes, Cubanito y Mayorte, los siete escalones «que del cielo te separan».

Pero cada uno tiene su forma, su estilo, su identidad, su idiosincrasia, por esto Pepe, el de Los Romeros de la Puebla, cuando su hermandad se despedía de la plaza, tras haber derrochado devoción rociera, resumía: «Esto es Villamanrique y esto es La Puebla». Y es que además de Los Romeros, las nuevas generaciones ya van tomando el relevo y el joven José María, ganador de la segunda edición de La Voz Kids, dio una lección de autenticidad, «la Virgen no quiere al que viene por la copa o por la juerga». Rociero desde la cuna, rociero en una pueblo muy rociero, José María se ha tomado esta semana de vacaciones para poder acudir con su hermandad al Rocío y ya retomará el trabajo a la vuelta: «Mi productora sabe que esto es ineludible para mí. Esta semana no hay conciertos ni grabaciones».

Tras el receso del almuerzo, para el que se llenaron los bares de la plaza y del entorno por el que pasan las carretas y las casas en las que se reúnen las familias, a las 16.30 horas volvieron a sonar los cohetes y el repique de campanas, los manriqueños volvieron a reunir en la plaza para aguardar la llegada de la hermandades. Y con la Macarena volvió a llenarse: «Barrio de la Macarena que te hiciste rociero para llevar a tu gente andando por los senderos», con un Simpecado que es a la vez «rociero y macareno», al que subieron a una niña de meses para acercarla a la Virgen, con Paqui y Hasina como testigos, que venían por primera vez a Villamanrique y rápidamente se dejaron empapar de este ambiente, pese al bullicio y al miedo que le daban los bueyes.

Acompañado por la Marcha Real interpretada con gaita y tamboril, la carreta de Carmona subió a los porches. Una senda que siguieron el resto de hermandades de la tarde hasta que Córdoba cerró, ya con su carreta iluminada, una intensa jornada para los manriqueños, preludio del camino que hoy los llevará por la Raya Real hasta la Virgen del Rocío.


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