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La Azotea

El río universal

21 abr 2017 / 23:20 h - Actualizado: 21 abr 2017 / 23:20 h.

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Quizás sea el río Guadalquivir quien más celebre los veinticinco años de aquella magna exposición universal que a Sevilla le dio la vuelta. Fue él quien decidió que su ciudad se mirase en sus aguas desprendiéndose de la somnolencia que el tapón de Chapina provocaba en su curso, entre aquellos eucaliptos a los que les cantaron los Pata Negra. La isla de la Cartuja aparecía libre entre sus dos brazos; el cauce histórico convertido en dársena y el vivo, separando a Sevilla del Aljarafe. Y como si fuese una Alemania sin Pink Floyd ni guerra fría, la ciudad, representada en el pico simbólico que portaba su entonces alcalde, Manuel del Valle, derribó los muros decorados con grafitis a lo hispalense de la antigua calle Torneo seis meses después que el de Berlín, para que la ciudad se asomase a su río como verdadero artífice de todo lo que le esperaba a los ojos del mundo. Atrás quedaba el ser patrimonio de las vías férreas para pasar a ser de sus puentes; el de la Barqueta, que une lo más antiguo de la ciudad con lo más moderno o el del Alamillo, capricho de Santiago Calatrava. Después llegaron reyes, princesas, las lágrimas de Lady Di en plena crisis matrimonial, García Márquez, las colas, Curro, el incendio del Pabellón de los Descubrimientos o la música de la plaza Sony. Grandes infraestructuras y muchos son los recuerdos que quedaron, pero nada como la recuperación de su río, por cuya vera llevamos veinticinco años los sevillanos paseando, pedaleando o corriendo, rememorando constantemente en el reflejo de sus aguas aquella Expo 92 que a Sevilla la bautizó de Universal.


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