martes, 18 junio 2019
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La audacia de la Paz imperfecta

05 may 2019 / 10:40 h - Actualizado: 05 may 2019 / 10:45 h.
  • La audacia de la Paz imperfecta

Hace unas semanas tuve la oportunidad de visitar Bogotá. Hacía años que no volvía a una ciudad entrañable y en la que viví varios años. Siempre me impresionó la planicie sobre la que se asienta a más de 2.500 metros de altitud, con esa inmensa cordillera que la enaltece, y en donde los colombianos suben a rezar al Cristo de Monserrate a la colina que la corona.

Bogotá es el espacio del encuentro y de la paz. Visité, guiado por un buen amigo, el museo de San Agustín, antiguo convento, en donde hoy hay una manifestación de fraternidad y de esperanza. Compartimos una reflexión profunda sobre el proceso de paz que Colombia había decido comenzar hacía unos años. A esta visita se unió un tercer acompañante. Los tres españoles, enamorados de este país lleno de belleza, al mismo tiempo que amigos de muchos colombianos, porque se da la circunstancia que los tres hemos vivido en este paraíso. La temperatura cálida de Bogotá hace que te sientas cómodo en un paisaje verde, que es el color de la esperanza.

Estar en América Latina es un don, porque uno se siente que está próximo a un espacio de hermandad y de fraternidad. Culturalmente es una mezcla que vive apasionadamente una historia común; realidad que, lejos de generar distancia, fomenta el encuentro entre personas que sabemos que no nos podemos ignorar.

Viví cerca de cinco años en Colombia, y esto me hizo comprender que el destino de los latinoamericanos, junto a la realidad de los españoles, no puede concluir en la tristeza que generaría para todos el darnos la espalda, al contrario, mirándonos a los ojos y dándonos las manos seremos capaces de poder construir una sociedad marcada por el progreso. Tenemos tantas posibilidades juntos que no nos haría ningún bien el distanciarnos de lo que somos. Esto significa construir la fraternidad.

América Latina es un continente que lleva tiempo intentando cruzar el umbral de los conflictos para situarse en el camino del progreso. Cada país que conforma este inmenso territorio puede ser un espacio para lograr un futuro más digno para sus habitantes, y esto puede hacerse con las manos entrelazadas entre todos los que hablamos la misma lengua, y gozamos de una historia que ha sumado más aciertos que desaciertos; aunque hay personas empeñadas, siempre las habrá, en generar tensión y conflicto con respecto a lo que este continente viene siendo desde hace más de quinientos años.

Es admirable el camino iniciado por Colombia. El P. Francisco de Roux S.J. lo narrara en su libro "La audacia de la paz imperfecta". A partir de este momento voy a citar literalmente una serie de textos de este libro, por entender que reflejan con claridad lo que hay que tener en cuenta para tejer la paz, la concordia y la fraternidad por encima de las ideologías políticas, y de los intereses que éstas pueden abarcar para tener sometidas a las personas y hacer del conflicto un negocio que, además de generar muerte, impulsa la extorsión, el control, el miedo y, sobre todo, la destrucción de un futuro. Se apodera la violencia y aparecen grupos interesados en que esto nunca termine, es su modo de vivir. Sobre este suelo nacen los mitos y las leyendas de héroes que no son tales sino que son individuos que buscan su gloria, convirtiéndose en dioses que han perdido la perspectiva de lo que significa construir desde la fraternidad.

Es mucho lo que tenemos que aprender de Colombia y de los colombianos. Debería ser un referente para todas las personas que formamos la amplia realidad de una historia entrelazada por una lengua que, lejos de apartarnos, es una herramienta para construir un espacio de encuentro y fraternidad, mirando al futuro y apostando por democracias solidas y creíbles.

Escribe el P. Francisco de Roux " He pasado la mayor parte de mi vida entre el pueblo, como vecino de estratos bajos; conozco la inteligencia, la alegría y la fe de la inmensa población campesina, indígena y negra y de los pobladores de barrios populares; sé, igualmente, que son tratados como gente inferior, porque a mí me han tratado igual cuando paso como uno de ellos. Gracias a haber vivido y visitado otros países mucho más igualitarios, veo lo estúpidos que hemos sido con la espantosa exclusión que nos privó de haber sembrado la capacidad de innovación en un pueblo de gran inventiva y coraje. Me generan admiración los empresarios que toman riesgos y luchan por hacer industria y comercio en realidades adversas, teniendo, además, gran respeto por la gente. Me conmueven los campesinos que no se dejaron desplazar y siguen produciendo comida en un país que los ha olvidado y agredido. Me duelen los que se metieron en la coca porque no les dimos otra opción y quedaron atrapados en un mundo perverso y sangriento. Sé que les llega el mensaje cuando les digo que están destruyendo a los jóvenes de Colombia y del mundo a cambio de unos pesos para sobrevivir, y que eso equivale a prostituir a sus hijas para poder comer. Admiro mucho a la Guardia Indígena de los nasas, desde que cambiaron los rifles del Quintín Lame por los bastones y retomaron la seguridad de las tradiciones de su raza.....Me sentí honrado como colombiano al ver a más de mil policías acompañando el éxodo de la guerrilla hacia las veredas donde hicieron dejación de armas, y el ver a un ejército que luchó por defender las instituciones y que hoy cuida particularmente la vida de los que vienen de la guerra, y se compromete a la transformación del país......Cuando pienso en este proceso insistente y arduo, en medio de un conflicto cruel que produjo ocho millones de víctimas, vienen a mi memoria centenares de hombres y mujeres, por lo menos tres mil o cuatro mil, que fueron asesinados desde todos los lados porque trabajaban por la paz. Son personas que nunca tomaron un fusil ni llamaron a la guerra. Que pusieron seriamente los derechos humanos en el corazón de la paz. Por eso los mataron....La Habana se centró en el ser humano, y se concretaron iniciativas que se habían venido contemplando y necesitaban el empujón para hacerse realidad....se ultimó la justicia que pone primero a las personas para restaurarse y restaurar"

Este corto texto impresiona, si tienen la oportunidad de leer el libro, por favor no dejen de hacerlo. Es el libro de la esperanza.

Los tres amigos, que tuvimos la oportunidad de encontrarnos en Bogotá, llegamos a la conclusión de que es preciso trabajar por la implantación de los parámetros políticos del Bien Común, porque éste busca la dignificación de las personas. Si alcanzamos este objetivo habremos logrado realizar un camino de trabajo conjunto. Se trata de aplicar lo que se recoge en el libro del P. Francisco de Roux "Si la paz ha de llevarnos a tomarnos en serio como seres humanos en Colombia, el Estado, las empresas financieras, las sociedades anónimas y las grandes empresas familiares tienen que pensar en dar al pueblo acceso al capital productivo, como camino a la reconciliación y la seguridad. Esto es indispensable para la economía, si queremos terminar la precariedad y la inseguridad de los barrios y del campo, los cuales se sumergen en negocios criminales buscando obtener los ingresos necesarios para vivir. Si los colombianos que han mostrado en los negocios informales de los excluidos, creatividad y eficiencia, tuvieran el capital formal legal, el desarrollo macroeconómico de aceleraría, porque este es un pueblo que ahorra e invierte en producción e inmediatamente incrementa demanda agregada.....No se trata del apoyo a unos proyectos puntuales que dan reputación a las empresas y votos a los políticos, sino de una política sistemática y global de desarrollo, basado en mayor igualdad en el acceso al capital y a la formación de empresas"

El texto sigue interrogándonos y haciendo que nosotros, como españoles, nos hagamos una llamada de atención por todo lo que hemos obviado de un país hermano como es Colombia y porque, fruto de una ignorancia buscada, nuestra política exterior con América Latina no ha tratado de establecer con verdad y conciencia la realización de un proyecto conjunto; desgraciadamente nos perdemos en los principios ideológicos del Gobierno de turno y dejamos de mirar al futuro como una realidad socio cultural y socio económica que tiene que intentar plasmar todo lo que de positivo se relata en el este libro.

Un recordatorio, la emigración de América Latina seguirá existiendo, bien a Estados Unidos bien a Europa, prioritariamente a España, porque las personas que lo han perdido todo en la vida, no tienen miedo a enfrentarse a quienes intentan ponerles fronteras y muros.

La emigración solamente se puede solucionar si establecemos los cauces necesarios para que los países, sometidos a tragedias como la que ha vivido Colombia durante tantos años, puedan cumplir su meta, y ésta depende de la voluntad de las personas. La meta hay que diseñarla y trabajarla en equipo, entre los políticos, el tejido empresarial y el Tercer Sector.

Para finalizar, recordar a nuestros gobernantes y a los que tienen la responsabilidad de constituir un gobierno, que esto también vale para nosotros. La tensión entre los responsables políticos, el tejido empresarial y el Tercer Sector puede ser el principio de una crisis social y económica de consecuencias impensables.


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