martes, 11 diciembre 2018
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La hora de la política

04 dic 2018 / 06:47 h - Actualizado: 03 dic 2018 / 16:49 h.

Hoy, 4 de diciembre, un día tan señalaíto en Andalucía, no se habla de otra cosa que de la irrupción de la derecha más feroz en este país por esa puerta franca que ha sido siempre nuestra tierra. Pero hemos de recordar algo elemental con respecto a la llegada de Vox al Parlamento en el que jamás entró Blas Infante: lo ha hecho con el voto de 400.000 andaluces que le han dado para una docena de diputados absolutamente legítimos. Aunque no lo parezca, la Democracia es así. Y en Europa ya lo saben.

Y es ahora, con este cuarteado Parlamento andaluz, tan representativo de la deriva ideológica de una ciudadanía tan perdida, cuando llega la verdadera hora de la Política, después de la parranda de la crisis y sus estragos. Es ahora cuando el PSOE de Susana Díaz tiene que hacer un ejercicio de autocrítica desde esa oposición a que los votantes lo han condenado después de demasiados años dando palos de ciego. Los socialistas que consiguieron aferrarse al poder gracias a IU cuando Javier Arenas rozó la mayoría absoluta con los mejores resultados de la historia del PP son también los socialistas a los que ahora no les salen las cuentas a pesar de que el PP ha conseguido la mitad de diputados que aquella vez, es decir, los peores de su historia, pero con opciones reales de gobierno.

Y esa gran paradoja total ocurre por tres razones paradójicas parciales: porque a cerca de la mitad de los andaluces -y todos sabemos de qué mitad- les faltó el domingo la mínima motivación para ir a votar; porque del PP se han desgajado muchos votantes que han ido a parar al pragmatismo de esa otra derecha más liberal, más simpática, más laica y más guapa que se llama Ciudadanos; y porque, ante la ausencia de una pedagogía responsable sobre la importancia de la Política en la vida social e individual por parte de esa gaseosa izquierda que a la hora de la verdad prefiere practicar el despotismo ilustrado, surge un aprendizaje autodidacta que termina por despertar a la instintiva bestia que cualquier persona normal -de las normales de toda la vida- lleva dentro, cuando un partido al que ni siquiera le gusta la política empieza a contar las rudas verdades del barquero como una innovación formal frente a ese mensaje abigarrado de los políticos acomodados a los que nadie entiende.

Llegados a este momento, las izquierdas (reales o aparentes) de Andalucía pueden hablar todo lo que quieran del intento de frenar a las derechas, pero la única realidad es que la gente, harta y desorientada, ha votado en libertad. Y eso es lo que hay. Por eso la pelota no está ya en el tejado de Susana, sino en el de Juan Marín. Será Ciudadanos quien deba demostrar ahora su altura política con tres opciones esperables pero no igual de respetables: o integrar un gobierno de perdedores (como les ha gustado decir a las derechas hasta ahora) con PP y Vox dejando a Juanma Moreno la presidencia; o hacer valer su espectacular subida para reivindicar la presidencia para sí mismo con PP y Vox de muletas; o pactar un gobierno minoritario, débil y digno renunciando a la cómoda muleta de Vox porque hasta el domingo no comulgaban con su discurso. Solo faltan unas semanas para verlo.

Mientras tanto, la única tarea que les queda a las izquierdas es hacer examen de conciencia sobre por qué no concienciaron a la ciudadanía sobre la importancia de que la Política es algo tan serio que no puede ser dejado solo en manos de políticos. Lo mismo fue porque se dedicaron a pensar más en sí mismos que en la política y en los ciudadanos. Lo mismo fue porque se les olvidó que la Democracia se parece a los periódicos: ambos tienen que volver a hacerse cada amanecer.


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